La Croix, diario católico francés, propiedad de la Congregación de los Asuncionistas, dedicó su primera plana del 4 de octubre de 2005 a los movimientos huelguistas organizados la víspera en toda Francia y que movilizaron a un millón de personas. Sin embargo, el diario opta por el titular «Prueba social, test político», argumentando que la precariedad francesa será la primera prueba para Dominique Gallouzeau de Villepin, en un contexto «de preocupación» y «de coyuntura económica sin margen para maniobrar».

Asumiendo el punto de vista y el discurso económico de la clase dirigente, La Croix no se interesa por la situación de los franceses que viven en el umbral de pobreza ni por la de los que temen a la depauperación, sino por la del Primer Ministro que debe ejercer su autoridad en un clima de protesta generalizada.

Además, al asociar huelga con test político, La Croix da a entender que las elecciones no son más que un medio para establecer una mayoría en el seno de la clase dirigente, mientras que la huelga es la única intervención popular capaz de modificar el funcionamiento de un juego cerrado.