Red Voltaire
Hay que reinventar el colectivo y rehacer el tejido social

Solidaridad, reciprocidad y socialismo

En esta hora de proponer la meta y los objetivos del socialismo en el siglo XXI, creemos necesario insistir como hemos hecho en muchos de nuestros trabajos anteriores sobre la necesidad de conocer y estudiar, de tomar en cuenta la historia, las experiencias de la gente, de las sociedades humanas, desde los inicios de la vida social organizada. La construcción del socialismo en el siglo XXI no alude solamente a la transformación de los procesos económicos de producción, distribución, cambio y consumo que caracterizan el modo de producción de la Formación Social Capitalista, sino principalmente a lograr nuevas formas de organizar las relaciones sociales para que la sociedad pueda lograr y mantener dicho proceso de transformación.

| Caracas (Venezuela)
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Mural(fragmento), Omar Gasparini

Para alcanzar ese objetivo, es imprescindible desarrollar en los colectivos humanos un nivel de conciencia social que legitime dichos cambios y detenga la inercia ideológica basada en el egoísmo, creada durante milenios de encuadramiento clasista de los pueblos y de por lo menos 800 años de desarrollo capitalista.

El comunismo primitivo

Las investigaciones realizadas por el abogado y antropólogo norteamericano Lewis H. Morgan sobre la organización de la sociedad iroquesa [1], publicadas en 1881, estaban originalmente destinadas a formar parte de su monumental obra La Sociedad Primitiva [2]. En éste, su escrito más conocido, Morgan se fundamentó en los principios del Evolucionismo Social para exponer su tesis sobre la importancia del desarrollo y ampliación de la base material o productiva en el proceso histórico de la Humanidad.

La evolución de las formas de producción o de la base material de la Sociedad se inició cuando hombres y mujeres derivaban su alimentación de la apropiación o recolección de alimentos vegetales y animales, forma socioeconómica que habría mantenido a la comunidad humana dependiente de la explotación de determinados nichos ecológicos o ambientes naturales. La segunda forma de alimentación –según Morgan- fue aquella basada en la pesca. Como los peces tenían una distribución ilimitada en cantidad y espacio, constituían un tipo de alimento que podía ser capturado y consumido en cualquier época del año. De esta manera, la subsistencia y la vida misma de los grupos sociales se habrían independizado de las fluctuaciones climáticas y las limitaciones impuestas por determinados ambientes naturales terrestres. De la misma manera, la localización de las comunidades humanas a lo largo de los ríos y las costas de los mares, habría estimulado el proceso de difusión de la especie humana sobre el territorio de los distintos continentes, teoría que se compagina con la reciente propuesta dos distinguidos prehistoriadores estadounidenses, Bradley y Stanford [3], para una nueva explicación del poblamiento de América. En aquella segunda forma de alimentación, la pesca, se observó –según la propuesta de Morgan- el aparecimiento de armas perfeccionadas tales como el arco y la flecha así como también de formas de apropiación de granos y raíces farináceas.

La tercera forma de subsistencia, la cual dentro de la visión evolucionista de Morgan sucedía a las anteriores, es aquella basada en el cultivo generalizado de alimentos farináceos. Fue a partir de ese momento cuando comenzaría a manifestarse una separación cultural entre Asia y Europa, por una parte, y América. En este último caso, el desarrollo cualitativo y cuantitativo de la agricultura estuvo mediado por la ausencia casi generalizada de animales gregarios domesticables, excepto en la región andina central de Suramérica. La existencia de extensos y ricos campos de pesca tanto sobre el litoral atlántico como el pacifico, la existencia de cereales de alto rendimiento como el maíz y los frijoles y de plantas vegetativas como la yuca, la papa y la batata, entre otras, dieron origen a los antiguos sistemas agrarios americanos [4].

En el caso específico de Asia y Europa, los sistemas agrarios se fundamentaron en cultígenos de alto rendimiento como el trigo, la cebada y el millo, asociadas con otras tradiciones y modos de vida relacionados con la domesticación de animales gregarios como el ganado vacuno, el ganado cabrío, el ganado caballar, el porcino, las aves de corral, etc., cuya unión contribuyó a forjar una sólida economía agropecuaria la cual permitió a las antiguas comunidades de recolectores cazadores acceder a la reproducción controlada de los cereales y las proteínas, hecho que dio un grande y temprano impulso al proceso de transformación de la sociedad en aquellos continentes. La domesticación de los animales habría constituido la génesis de diversos modos de vida pastoriles, particularmente en Europa y Asia. El carácter transhumante y móvil de los rebaños de animales gregarios, determinó la formación de sociedades de pastores cuya expansión territorial llegó a alcanzar los valles del río Eufrates, la India y la estepas asiáticas.

Morgan estableció, de la misma manera, una secuencia lógica evolutiva de las prácticas agrarias. Éstas se habrían iniciado con la horticultura o la práctica del cultivo que nosotros denominamos conuco o cultivo itinerante, dando luego paso a la labranza y los huertos, al campo o ager, en latín, lo que implicaba también la existencia de diferentes regímenes de propiedad. El primero consistía solamente en el establecimiento de marcas territoriales, el segundo, territorios cercados o segregados. De la misma manera, estableció Morgan una secuencia técnica progresiva que marchaba desde la labranza de parcelas en tierras aluviales a lo largo de los ríos, a la labranza de espacios cercados y huertas localizadas en los valles y los terrenos en pendiente, utilizando los arados tirados por bueyes.

Dos

El desarrollo de las diversas formas de subsistencia y la serie de invenciones progresivas en el campo de las técnicas materiales para apropiar y transformar materias primas, necesarias para la reproducción del ser social, dieron origen según Morgan a una serie de períodos o estadios étnicos cada uno de los cuales representaba una cultura y un modo de vida diferente:

  1. El Salvajismo, o los orígenes mismos de la Humanidad, donde los grupos humanos eran básicamente recolectores, cazadores, pescadores.
  2. La Barbarie, caracterizada por la invención de la agricultura, la alfarería, sístemas de regadío, la metalurgia, la arquitectura de adobe, el alfabeto fonético, etc.
  3. La Civilización, desde la invención de la escritura, y la aparición del Estado, hasta el presente. El carácter históricamente fatal de la secuencia histórica de estadios o períodos étnicos construida por Morgan, fue cuestionado posteriormente por las investigaciones de diversos científicos como modelo para explicar las secuencias históricas de sociedades particulares [5]aunque la pertinencia de la misma como un modelo general para explicar el desarrollo histórico de la Humanidad, ha sido validada por los resultados de las mismas investigaciones [6].

Como resultado de los trabajos de Morgan y los análisis originales de Marx, y Engels, dichos autores formularon la existencia de un una forma originaria de relaciones sociales denominada Comunismo primitivo. Las discusiones suscitadas sobre dicho tema, elevaron dicho concepto al nivel de una categoría histórica, sujeto de estudio tanto de historiadores y antropólogos como de filósofos y políticos revolucionarios que vieron en dicha categoría la posibilidad de concretar la nueva forma de sociedad que reemplazaría la Formación Social Capitalista. De allí partió también la definición de una línea de investigación académica que ha sido relevada y desarrollada por muchos investigadores/as en todo el mundo hasta el presente, y es aquella relativa a la historia y al funcionamiento de las formas de organización de las sociedades precapitalistas. Ello alude no sólo a aquéllas que existieron antes de los siglos XII y XIII de la era cuando aparecen de manera orgánica los primeros gérmenes del capitalismo, sino también a las que han sobrevivido o sobreviven como partes integrantes de la actual Formación Social Capitalista.

Tres

Tanto Lewis Morgan como Carlos Marx y Federico Engels, al igual que los otros filósofos del Socialismo Utópico del siglo XIX, sintieron una genuina preocupación por explorar filosófica y prácticamente las vías que habrían de permitir a la Humanidad alcanzar la meta de una sociedad justa, emancipada de la opresión que traía aparejada el sistema capitalista profundizada por la democracia burguesa, inspirada tanto en el pensamiento político de la Ilustración, como por las propuestas filosóficas jeffersonianas.

La obra de Carlos Marx, que se desarrolló dentro de la atmósfera de reformas y cambios sociales que bañaba Europa desde finales del siglo XVIII, luchaba por la disolución del régimen de injusticia social instaurado por el capitalismo abogando por el advenimiento de la sociedad socialista, la cual consideraba una forma superior de democracia. Su gran mérito es haber convertido las tesis del socialismo utópico en una filosofía y un método que sirven tanto para la reflexión histórica para la acción revolucionaria. En tal sentido, tanto Morgan como Marx y Engels compartieron, de cierta manera, la concepción materialista de la Historia para explicar los cambios sociales que llevaron a la sociedad desde sus etapas iniciales del desarrollo socioeconómico, y la organización social igualitaria o comunista primitiva basada en la consanguinidad, hasta el surgimiento de la sociedad desigual, dividida en clases, hacia el origen de la propiedad y el Estado y –finalmente- la aparición del capitalismo.

Cuatro

El estudio del Comunismo Primitivo ha constituido uno de los temas centrales de discusión en la Antropología y las Ciencias Sociales en general desde el siglo XIX hasta la actualidad. La razón de su vigencia es la relación directa que tuvo el concepto de sociedad comunista con el debate ideológico de la guerra fría y la necesidad posterior de explorar nuevas vías democráticas hacia el socialismo, esto es, uno que dé respuesta tanto a la solución de las necesidades materiales y de justicia social de los pueblos, como a su necesidad de vivir y convivir en democracia y libertad.

En una de las obras de Lewis Morgan, Houses and House-life of the American Aborigines , el autor dice que el comunismo tuvo sus orígenes en la necesidad que experimentó la unidad familiar del Período del Salvajismo para resolver sus problemas de supervivencia, ya que era todavía una organización social demasiado débil para enfrentar por sí sola la dureza de la vida cotidiana de entonces. Por tales razones, el principio básico de las bandas de la sociedad igualitaria o comunismo primitivo era la capacidad que tenía la gente de tomar decisiones por cuya ejecución todo el colectivo era responsable. Para tales efectos, era necesario consensuar la actitud de cualesquiera grupos humanos de la comunidad que estuviesen llevando a cabo una actividad colectiva. Si llegaba a surgir algún tipo de conflicto con los derechos de otros grupos humanos, éste era negociado por las partes interesadas. Los hombres y las mujeres, definidos como grupos de interés de acuerdo con la división sexual del trabajo, arbitraban o actuaban sus diferencias en público [7].

Otra característica fundamental de la sociedad comunista primitiva, igualitaria, era la ausencia de relaciones de poder entre sus miembros. Por el contrario, existía lo que se ha denominado un locus de autoridad, el cual era de carácter disperso. Un locus alude a una forma de conducta social no institucionalizada, a una forma de consenso sobre el derecho que tienen los individuos más diestros en una actividad determinada, para ejercer la autoridad del grupo, la dirección, cuando sus capacidades son requeridas. Una vez que se resuelve la contingencia, esa persona vuelve a integrar el rango de sus iguales. Algo similar ocurrió entre los caribe caraqueños cuando fue necesario enfrentar la invasión colonialista de Diego de Losada: el guerrero más capaz fue investido con la autoridad para dirigir toda la confederación caribe. Una vez terminada la contingencia, se retiró a su aldea cerca de Paracotos, Edo. Miranda, donde le sorprendió Francisco Infante, quien no creía en el igualitarismo social, y le dio muerte [8].

Los principios que normaban la sociedad comunista primitiva eran la solidaridad, la reciprocidad y la redistribución. La creación de condiciones sociales en las cuales la generosidad y el compartir se convierten en el fundamento de la sociedad planificada, requiere la existencia de una actitud consciente, pensada, dirigida, que sólo se materializa si existen ciertas acumulaciones "significativas" de autoridad entre algunos de los individuos del grupo social, las cuales permiten sancionar de alguna manera la transgresión a las normas de solidaridad que sostienen la cohesión del grupo. La solidaridad no puede, pues, existir sin su opuesto. Ni la generosidad ni el egoísmo colectivo son innatos, por el contrario, son conductas socialmente aprendidas [9]. La solidaridad estimula, regula y norma la generosidad, al mismo tiempo que la autoridad debe reprimir, sancionar y controlar el egoísmo. Generosidad y egoísmo colectivos deben existir en una inseparable conexión con la materialidad de la vida; de otra manera, la existencia misma de la vida cotidiana se vería comprometida.

La reciprocidad es otro elemento fundamental del llamado comunismo primitivo. Cada persona espera que en la contingencia de no ser capaz de producir o aportar lo requerido para el mantenimiento del colectivo, los otros miembros o alguno de ellos aportaran su faltante para que aquél pueda seguir viviendo. Cada quien sabe lo que puede ofrecer y lo que los otros le ofrecerían en un momento de necesidad; está consciente que existe una superestructura de la reciprocidad que va más allá de la estructura familiar consanguínea. Una persona extraña que no pertenezca a ese parentesco consanguíneo también puede adherirse al colectivo si acepta adherirse, formar parte de esa superestructura de reciprocidad.

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Mural(fragmento), Omar Gasparini

Cinco

El comunismo primitivo era una especie de estrategia de supervivencia que caracterizó -particularmente- la vida de aquellas sociedades donde los colectivos humanos no habían llegado a desarrollar un control adecuado de la contingencia natural ambiental. La contradicción entre los grupos humanos y el ambiente natural se resolvió en la medida que aquéllos desarrollaron sus fuerzas productivas, garantizando así la reproducción biológica y social de los grupos humanos [10]. Como consecuencia, la reciprocidad tuvo que ampliar su espacio social y proyectarse hacia la complementariedad económica y social entre diversas comunidades o colectivos sociales que compartían territorios vecinos, de manera que unas pudiesen obtener de las ótras ciertos recursos que en su entorno eran escasos o inexistentes.

Este flujo de intercambios habría sido el origen del desarrollo societario desigual y combinado. Ello se tradujo en una nueva racionalidad productiva expresada en la existencia de circuitos de intercambios intersocietarios que se fueron haciendo cada vez más complejos y extendidos, incluyendo esa vez no sólo alimentos para el consumo inmediato, sino también para satisfacer necesidades religiosas, estéticas u otras relacionadas con la ideología de la cultura de los colectivos humanos [11].

Seis

El interés por investigar y conocer los contenidos sociales del comunismo primitivo, no es una actitud puramente académica. Nace, por el contrario de la necesidad de aprender de las experiencias sociales del pasado, las cuales constituyen una guía para entender y planificar el presente y el futuro sin tropezar de nuevo con las mismas piedras. En la Venezuela actual muchos/as científicos/as sociales, intelectuales en general, políticos/as y administradores/as que apoyamos el proceso de cambio que impulsa la Revolución Bolivariana, tenemos sincero interés por establecer las premisas generales de lo que podría ser nuestro Socialismo, nuestro Modo de Vida Socialista Venezolano en el siglo XXI. Los conocimientos que pudiésemos extraer del comunismo primitivo, como bien sabemos, no pueden ser mecánicamente aplicados a las situaciones contemporáneas. Pero es importante reconocer las premisas éticas básicas que deben animar la construcción un modo de vida socialista, como son los conceptos de solidaridad, reciprocidad, igualitarismo y cooperación. No se trata de una vuelta al pasado, ni el regreso a instituciones y relaciones que estuvieron vigentes antes, sino considerar la pertinencia de esos valores que estructuraron las raíces históricas de la sociedad venezolana para lograr la construcción de ese modo de vivir socialista Hector Díaz Polanco. 1987. Etnia, Nación y Política. [12].

Como hemos expuesto en notas anteriores, el socialismo es un proceso de transformación de sociedades concretas que debe estar fundamentado en sus particularidades sociohistóricas igualmente concretas En tal sentido, para construir un modo de vida socialista venezolano contamos con los excelentes ejemplos de nuestras propias sociedades originarias, cuyas relaciones sociales estuvieron caracterizadas por la cohesión y la solidaridad sociales, el cooperativismo, la propiedad comunal, el igualitarismo y el conservadurismo ecológico.

En la sociedad contemporánea venezolana, el sector mayoritario de los colectivos sociales que la integran tiene necesidad de organizarse para protegerse de la contingencia que representa la pobreza. El sector minoritario de la misma, la clase media y media alta, por su parte, debería tomar conciencia también de la necesidad de organizarse para proteger su existencia de la ausencia de solidaridad y reciprocidad, resultado del enfermizo egoísmo del estilo de vida consumista que impuso el capitalismo a la clase media venezolana. Ello toma gran importancia, sobre todo si tomamos en consideración el progresivo empobrecimiento dichos sectores en esta fase neoliberal del capitalismo, para cuyos integrantes –al igual que ha sucedido en Europa- han colapsado las estructuras que sustentaban la reciprocidad social: familia, Iglesia y Estado.

La pobreza es una manifestación concreta de la lucha de clases, debido a que la clase dominante secuestra -para su propio beneficio- la parte del bienestar que le toca a la clase de trabajadores/as, campesinos/as y profesionales. Por esa razón, decía Mao, si la contradicción entre el imperio y sus colonias se resuelve por el método de la liberación nacional, la contradicción de la lucha de clases se resuelve por el método de la revolución social. Siguiendo ese razonamiento podemos observar que el segmento social mayoritario de la sociedad venezolana, integrado por la clase popular y el sector de la clase media baja, fue sempiternamente excluido del disfrute de una vida digna por los sucesivos gobiernos de la oligarquía venezolana hasta 1998. Dicha exclusión le produjo severas carencias en las áreas de identidad cultural y autoestima, salud, educación, vivienda, agua potable, servicios sanitarios, organización social para el trabajo, etc., determinando así la existencia de colectivos sociales que carecían de toda posibilidad para capitalizar sus capacidades creativas y productivas y sobreponerse, como colectivo, a la pobreza. El segmento minoritario, sobre todo la clase media, fue también neocolonizado por los gobiernos oligarcas, creandoles una falsa conciencia que les hizo creer que eran diferentes al resto de la sociedad pues pertenecían a la gran burguesía transnacional y estaban, por tanto, supuestamente exentos de la amenaza de la pobreza y la exclusión. socialista venezolano es necesario inculcar a la población general el valor del igualitarismo social, elemento fundamental tanto para la mayoría pobre excluida como para la minoría perteneciente a la clase media. Ese igualitarismo social debe pasar por la aceptación de que las diferencias sociales no implican superioridad o inferioridad. Debe ser una "igualdad practicada", incluyendo a la de género y el papel protagónico que deben jugar las madres en la educación de los niños, como diría El Libertador Simón Bolivar en su Discurso frente al Congreso de Angostura [13].

El proceso bolivariano está generando, vía las misiones sociales, una nueva institucionalidad que debe servir de fundamento a la futura sociedad socialista. Esta nueva institucionalidad ha permitido en el corto plazo resolver diversos nodos problemáticos que han venido trabando el desarrollo social de la microeconomía. Gracias al desarrollo experimentado por la macroeconomía venezolana, luego de la descolonización de Petróleos de Venezuela, ha sido posible que el gobierno bolivariano destine una inversión considerable al gasto social, a la capitalización de las actividades productivas de la población que había sido excluida hasta el colapso de la IVa. República.

La mayor parte de aquella población, tanto la de origen venezolano como la mayoría de colombianos/as que engrosaron el contingente de excluidos de la IVa. República, comparten un origen campesino o provienen de comunidades urbanas pobres. Ambas poseen en común una cultura urbana popular donde la reciprocidad y la solidaridad constituyen caracteres fundamentales. Es la pobreza de la vida en las barriadas populares, de la miseria en todas sus facetas, lo que estimula que la solidaridad y la reciprocidad tanto comunitaria como doméstica se conviertan en mecanismos defensivos contra la pobreza y para la sobrevivencia.

La exclusión social ha influido profundamente en la reestructuración de la familia y del género. La movilidad territorial ha sido una especie de mecanismo defensivo generado por los hombres para enfrentar el desempleo. Debido a la baja posibilidad para calificar sus capacidades productivas mediante la adquisición de destrezas laborales bien remuneradas, la vida social de los hombres se caracteriza por uniones sexuales episódicas con diferentes mujeres, pero sin formar familias con descendencia bilateral. Las mujeres, por otra parte, se han transformado en el ancla de un tipo de familia matriarcal donde las diferentes generaciones, abuelas, madres e hijas, asumen la responsabilidad de reproducirla biológica y socialmente. De la misma manera, esa familia matriarcal se organiza como una cooperativa. Los salarios, o parte ellos, devengados por las mujeres de cada familia engrosan un ingreso global que provee para comprar alimentos, pagar los servicios básicos, la educación de los niños/as, etc. La estructura de parentesco tiende a funcionar como una familia extensa. El espacio doméstico de los ranchos consolidados o casas estables se expande y subdivide de manera que cada una de las hijas, sus descendientes y sus eventuales compañeros tengan una habitación propia.

La solidaridad y la reciprocidad son, en general, la base del nuevo tipo de familia matriarcal. La acción de las misiones Barrio Adentro y Mercal, Negra Matea y las Casas de Alimentación, resuelve una parte esencial de la precariedad de la vida como son la salud y la buena alimentación. Las misiones Robinson, Ribas, Sucre y Vuelvan Caracas, resuelven otro aspecto crítico de la pobreza como es la ausencia de capacitación. Los proyectos de desarrollo endógeno, las cooperativas, las microempresas, las empresas de producción social, etc., dan respuesta a la necesidad de capitalizar a las familias para que éstas puedan independizar su economía domestica e incorporarse a la vida productiva general.

La política cultural del Estado venezolano debería promover, si es que ya no lo está haciendo, la consolidación de la ideología de la solidaridad, la reciprocidad y la cooperación, única manera de evitar que la transgresión representada por el egoísmo y la explotación de los otros hombres y mujeres disuelva los logros de las misiones sociales. Sobre todo, esa política cultural debe estar acompañada de una política educativa orientada a la estimulación de la conciencia solidaria, producto de tradiciones culturales centenarias, que trascienda el ámbito doméstico; de esta manera incluyendo a la de género sería posible estimular la participación voluntaria de todos y todas a nivel general en el logro de metas les que atañen como colectivos.

Un elemento que nos parece interesante de señalar en la construcción de la solidaridad social en esta fase transitoria hacia un modo de vida socialista venezolano en el siglo XXI es el referido a pensar en cómo lograr su reproducción y conservación. No porque ceda la precariedad económica, que desaparezca la pobreza en importantes sectores de la población sería permisible que el egoísmo resurja. El que ya nadie necesite ser recíproco para poder sobrevivir no debería servir de excusa para la existencia de unas relaciones sociales signadas por el individualismo, tal como sucede en Europa hoy día. Todo lo anterior implica que el factor sustantivo a transformar es el sistema social capitalista, pues tanto los valores culturales como los comportamientos y éticas sociales guardan una relación de correspondencia con el modo de producción de la formación social.

Si aprendemos de las experiencias anteriores ocurridas en la Revolución Soviética, en la Revolución Alemana de 1918 y más atrás, lo ocurrido en 1870 en la Comuna de París, tendremos que convenir que no es posible ni viable construir el socialismo en un solo país, porque el imperio del capitalismo con toda prontitud ahogará sin compasión los movimientos populares en un baño de sangre y de fuego, como ocurrió en Chile con el gobierno del presidente Allende. La única manera de garantizar la continuidad de nuestra experiencia socialista y contener las arremetidas del imperio, es crear formas de asociación con otros pueblos y países que participen de la noción de solidaridad internacional, democracia social y soberanía nacional, fundamentadas en la ley del desarrollo desigual y combinado, que permita balancear las ventajas comparativas y las carencias que comparten dichos pueblos. Ello es el la meta del proceso de integración Mercosur+Cuba y el Caribe en general, que adelanta el gobierno bolivariano.

Uno de los objetivos importantes a lograr en el frente interno para la construcción del socialismo venezolano en el siglo XXI, es la formación de redes solidarias de producción, circulación, distribución y consumo de bienes, productos, servicios, etc. De esta manera se haría factible la integración transversal de los colectivos vía los proyectos de desarrollo endógeno, de las cooperativas, microempresas y empresas de producción social en un sector económico socialista popular donde los medios de producción estarían en manos de los mismos productores/as, el cual tendría su nicho particularmente en los Consejos Comunales, el barrio, la parroquia y el municipio o municipios. La macroeconomía, donde se integra la gran propiedad social de los medios de producción: PDVSA, CVG, SENIAT, etc., conformaría el polo de acumulación nacional de capitales cuyos aportes, vía la inversión social, consolidaría y expandiría el sector económico socialista popular.

El socialismo venezolano en el siglo XXI debe tener como meta corregir la exclusión social y económica y la injusticia social, de manera que podamos compartir y repartir la riqueza, no la pobreza, rompiendo así el ciclo perverso de la reproducción de la miseria. El proceso está en marcha, pero es necesario que los venezolanos/as comprometidos/as con el éxito del proceso bolivariano avancemos con disciplina y con la conciencia de que estamos creando un modo de vida socialista, no promoviendo un simple cambio de gobierno.

[1] Lewis Morgan. 1961. Houses and House Life of the American Aborigines.

[2] Lewis Morgan. 1965. La Sociedad Primitiva.

[3] Bruce Bradley y Dennis Stanford. 2005. The North Atlantic ice-edge corridor: a possible Paleolithic route to the New World. World Archeology.

[4] Mario Sanoja. 1997. Los Hombres de la Yuca y el Maíz.

[5] Thomas Patterson. 1991. The Inca Empire. The Formation and Disintegration of a Pre-capitalist State.

[6] Mario Sanoja. 1986. Morgan y los Orígenes de la Antropología Moderna. GENS.

[7] Elizabeth Leacock. 1978. Women Status in Egalitarian Society. Current Anthropology.

[8] Mario Sanoja, Iraida Vargas Arenas. 2002. El Agua y el Poder.

[9] Mario Sanoja, Iraida Vargas-Arenas. 1995. Gente de la Canoa. Economía Política de la Antigua Sociedad Apropiadora del Noreste de Venezuela.

[10] Mao Tsé-toung. 1955. Oeuvres Choisies. I.

[11] Iraida Vargas-Arenas. 1990. Arqueología, Ciencia y Sociedad.

[12] Iraida Vargas Arenas. 2005. Visiones del Pasado Indígena y el Proyecto de una Venezuela del Futuro. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales.

[13] Augusto Mijares. 1987. El Libertador.

Mario Sanoja Obediente

Doctor en antropología, profesor titular UCV, investigador nacional nivel IV Conacit, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia.

 
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Doctora en historia y geografía, Universidad Complutense de Madrid, profesora titular UCV, investigadora nacional nivel IV Conacit.

 
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