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En muchas partes hay una sorpresa evidente acompañada de intentos de improvisar explicaciones para lo que ocurre. Para nosotros, se trata de la confirmación de los análisis económicos y políticos que venimos realizando en los últimos 40 años, cuando empezamos a trabajar con el concepto de crisis económica y en particular el concepto de las ondas largas de Kondratiev dentro del marco teórico que se ha llamado de teoría de la dependencia.

En primer lugar, establecimos unas relaciones estrechas entre las tendencias socio-económicas estructurales embutidas en lo que llamamos entonces (1967) el nuevo carácter de la dependencia, y el plano político. Mostrábamos en este momento que los golpes de Estado militares (de corte fascista creciente) deberían generalizarse en la región, como de hecho ocurrió hasta la mitad de la década del 70.

Pero señalábamos, en nuestro libro sobre Socialismo o Fascismo, la principal contradicción de este fascismo dependiente: él se apoyaba en una clase media y una pequeña burguesía con aspiraciones nacionalistas pero estaba bajo la hegemonía del capital internacional y del poder hegemónico mundial que no permitiría la expansión de las aspiraciones nacionalitas de los militares que asumieron la dirección del proceso, estimulados por la CIA, inspirada en los análisis de Johnson and Johnson de que ellos representaban la elite privilegiada capaz de dirigir el proceso de desarrollo en la región.

El fracaso de este fascismo dependiente se hizo evidente en los años ochenta cuando las trasnacionales iniciaron una marcha hacia atrás en sus propósitos militaristas apoyando una amplio proceso de apertura liberal de los regímenes de terror estatal que desarticularon las fuerzas populares de la región, las cuales estaban, en esta época, bajo el liderazgo de corrientes populistas, de ideología nacional democrática.

Yo llamaba la atención sobre la situación de estas fuerzas populares y su lenta reorganización dentro de una perspectiva socialista que no debería representar un rompimiento con el marco nacional-democrático sino su radicalización hacia una concepción más avanzada de democracia.

En 1990, cuando este proceso de liquidación del fascismo dependiente estaba cumplido, y se veía acompañado de una visión light de la democracia, que la identificaba con el libre comercio y el anti-estatismo neoliberal publicamos el libro Democracia y Socialismo en el Capitalismo Dependiente en el cual mostrábamos las graves limitaciones de las democracias implantadas en la región. En nuestro libro de 2000 sobre La Teoría de la Dependencia mostrábamos el rol de teóricos como Fernando Henrique Cardoso en limitar la cuestión democrática al plano político, permitiendo la unión entre este concepto de democracia y el autoritarismo neoliberal.

Era pues de esperar, como lo mostramos en nuestro libro más reciente sobre Del Terror a la Esperanza: Auge y Declinación del Neoliberalismo, que esta ofensiva neoliberal que se combinó con el intento de una apertura neoliberal controlada desde arriba estaba en pleno fracaso y debería ser sustituida por una ola de avance de las fuerzas populares ya recuperadas, a pesar de ser ideológicamente muy débiles.

Mostramos también en varios artículos, desde los años noventa, que la ola recesiva larga iniciada en 1967-73 en el capitalismo mundial había llegado al final y que se iniciaba en 1994 una nueva ola de crecimiento económico apoyado en las innovaciones radicales alimentadas por la revolución científico técnica que tanto estudiamos en los años 70 y 80.

En artículos recientes, he mostrado ya la realidad de estos cambios económicos en cifras de las agencias internacionales de investigación. Es interesante ver cómo los estudios de opinión políticos se dedican, cada vez más, a estos análisis y explican las características especiales que esta ola democrática, nacionalista y socialista está asumiendo en la región.

Aquí en Lima, podemos sentir este ambiente. De un lado, la candidatura de Humala Ollanta se mantiene muy fuerte a pesar de los ataques más violentos que recibe de varias corrientes dominantes en el país.

Ya habíamos llamado la atención en los años setenta sobre el rompimiento entre la derecha militar y el imperialismo estadounidense como consecuencia del apoyo de Estados Unidos a la invasión de las islas Malvinas por Inglaterra, lo que se aliaba a la clara opción estadounidense de abandonar las dictaduras militares que había implantado en América Latina. Por más señas, algo similar ocurrió en el Oriente Medio, donde Estados Unidos formó y apoyó la derecha fundamentalista islámica en contra de la invasión soviética del Afganistán y de los gobiernos comandados por el socialismo pan árabe, para después verla volcarse en contra de su hegemonía y dominio imperial de la región. Por coincidencia, en este momento se divulga en Perú, una investigación de Conecta Asociados sobre las preferencias políticas de la población de 14 ciudades. Otra vez las cifras confirman nuestros análisis históricos y teóricos. La encuesta revela que solamente el 7% de los entrevistados se definen como antidemocráticos. Pero un 20% de los defensores de la democracia la apoyan incondicionalmente. El 73% de los entrevistados valoran la democracia pero respaldarían soluciones autoritarias si fuesen favorables al desarrollo y seguridad.

El presidente del Perú dirige, sin embargo, una economía que crece cerca del 4% al año, pero no logra ser apoyado por más del 7% de la población, como lo revelan otras encuestas. Como se ve, se quiere un desarrollo socialmente justo, soberano y sostenible ecológicamente, como lo plantea Naciones Unidas y los movimientos de centro izquierda.

Las cifras nos ayudan a pensar correctamente lo que está sucediendo. Busquemos pues analizarlas objetivamente para entender lo que no era tan imprevisible y sus desdoblamientos que parecen difíciles cuando vemos la falta de preparación de gran parte de los liderazgos de centro y de izquierda en la región.