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Este año se conmemora el aniversario 225 del natalicio de Simón Bolívar, cuya trascendencia histórica rebasa cuatro siglos, se proyecta hacia el futuro y junto al pensamiento y la obra de otros grandes de América, sirve de acicate para impulsar los ideales de unidad regional y de amplia justicia social para los pueblos americanos al sur del Río Grande.

Los padres de Simón Bolívar, Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, y doña María de la Concepción Palacios y Blanco, fallecieron en fecha temprana y el niño quedó huérfano a los nueve años, aunque sus biógrafos coinciden en afirmar que recibió excelente educación de sus tutores, especialmente de Simón Rodríguez.

Bolívar accedió a las principales fuentes del saber ilustrado de finales del siglo XVIII, y alimentó su acervo con el pensamiento de notables filósofos, viajó por Europa y conoció a importantes protagonistas de la historia y las ciencias contemporáneas, como Napoleón Bonaparte y Alejandro de Humboldt.

Imbuido de las ideas liberales, signo definitorio que trazaría su ejecutoria futura, expresada en 1805 cuando juró en Roma la decisión de no descansar hasta obtener la liberación de su país de la dominación española.

La voluntad férrea como principal arma sirvió al Libertador para asimilar conocimientos de guerra que no tuvo en su formación temprana, en tanto, su preclara inteligencia le posibilitó elaborar y fundamentar razones de la lucha independentista que insufló a las grandes masas del continente para bregar por la vida y el futuro fundacional de las patrias latinoamericanas.

Su gran sueño, formar una confederación con las antiguas colonias españolas, fue muy adelantado para la época en que le correspondió batallar, pero a la vez devino constante acicate para sus acciones temerarias tras la liberación de Venezuela.

Cruza los Andes y vence en la batalla de Boyacá (1819), que posibilitó la liberación del entonces Virreinato de Granada, e integra la Gran Colombia (abarcadora de los extensos territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), donde ejerció la presidencia. Sucesivas batallas con la colaboración de otros grandes patriotas americanos, Pichincha, en 1822 y la definitiva Ayacucho, 1824, pusieron punto final al dominio colonial español en el cono sur americano. Posteriores acciones militares también decidieron la integración de Bolivia y Perú, donde igualmente fue Presidente en distintos períodos.

En 1827, debido a rivalidades personales entre los generales de la revolución, explotaron guerras civiles que destrozaron la unión sudamericana por la cual Bolívar había luchado. Triste por las guerras de fracciones, enfermo de tuberculosis, según constatan historiadores, el Libertador murió el 17 de diciembre de 1830, a los 47 años de edad.

La esencia libertaria del pensamiento y el ejemplo revolucionario de Simón Bolívar ha nutrido a importantes patriotas americanos a lo largo de los dos últimos siglos, quienes lo han reconocido en sus obras y discursos.

Entre ellos destacan José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba; Fidel Castro, artífice de la revolución antiimperialista en la Isla, cuyo ejemplo y acción han trascendido con fuerza movilizadora y creativa a naciones hermanas de Latinoamérica y África, y Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, impulsor hoy del socialismo en el siglo XXI.

Habida cuenta la influencia real del pensamiento bolivariano en los avances democráticos que se constatan en naciones latinoamericanas, y las proyecciones de justicia social que se avizoran en otras, es incuestionable que la obra del Libertador no se puede constreñir al tiempo finito que le tocó vivir, porque ella se expande en cuatro siglos y aún apunta hacia el fututo.

Agencia Cubana de Noticias