Durante los últimos años, muchos servicios de seguridad del mundo entero han comprado el ADE 651, un aparato que permite detectar la presencia de explosivos dentro de un vehiculo. La firma ATSC lo fabrica en el Reino Unido y diversas empresas lo comercializan a través del mundo, principalmente la compañía inglesa Cumberland Industries (en Europa) y la libanesa Prosec (en el Medio Oriente).

Dado el clima antiterrorista que prevalece desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, alrededor de 20 países (incluyendo China) han equipado sus fuerzas de seguridad con el ADE 651 en aras de luchar contra el transporte de explosivos y de prevenir los atentados con coches-bomba. Pero los principales compradores han sido las empresas privadas de seguridad y las fuerzas iraquíes de seguridad.

El éxito del ADE 651 dio lugar a la aparición de un competidor, el GT 200 de la firma Global Technical, otra empresa británica, que se ha implantado en los mercados que ya existían e incluso ha logrado abrir otros, específicamente en México y Tailandia.
El 17 de febrero de 2010, el director de ATSC, Jim McCormick, fue arrestado en el Reino Unido. Y resulta que el ADE 651 no sirve para nada, al igual que el GT 200. Cada uno de estos dispositivos costaba unos 17 000 euros y su costo de fabricación rebasaba apenas los 170 euros. Sólo el gobierno iraquí había comprado 1 500 dispositivos de ese tipo, con una sobrefacturación de 41 000 euros por cada unidad.

La confianza de los servicios de seguridad en esos trastos ha dado lugar a graves imprudencias, desembocando en numerosos dramas. Sólo en Irak, esta estafa se traduce en varios cientos de muertes. El gobierno de Nuri al-Maliki ha decidido emprender una acción legal contra ATSC.