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Discurso de Rafael Correa para la cumbre de parlamentos de UNASUR

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Queridas amigas y amigos: Reciban un abrazo fraterno y solidario de las ecuatorianas y de los ecuatorianos. Esta Cumbre de Presidentes de los Parlamentos de las naciones que integran UNASUR se realiza en un momento crucial en el que el espíritu de la integración entre nuestros países es más fuerte que nunca. Esa visión filosófica y política de la integración, que heredamos de las luchas libertarias en Nuestra América, ese sentimiento de hondas y vigorosas raíces, late con fuerza en esta representación de los Parlamentos de las naciones hermanas.

Ahora, cuando nos encontramos celebrando el Bicentenario de nuestros nacimientos a la vida independiente, invoco la memoria de nuestros precursores, de nuestros próceres y combatientes por la soberanía, por la dignidad, de quienes hicieron nacer a nuestras Patrias libres y soberanas, para recordar que nuestra ruta está trazada ya desde hace doscientos años, y que llevarla a su destino es la responsabilidad que la historia ha puesto en nuestras manos. Para ello, precisamente, es que hemos creado la Unión de Naciones de Sudamérica, UNASUR. Ecuador, desde la presidencia pro témpore, puede afirmar con optimismo que nuestra unión va para adelante. Las últimas reuniones se han saldado con grandes éxitos; muestra de ello es el histórico compromiso que sus doce miembros han asumido con la hermana República de Haití. Los Consejos de la UNASUR también avanzan con pasos cada vez más firmes. El Consejo de Defensa, que ha hecho en pocos años lo que a la Unión Europea le tomó varias décadas, y el Consejo de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología e Innovación, son hoy escenarios alentadores que auguran un verdadero proceso de integración basado en la paz, la confianza mutua, la transferencia de tecnología y conocimientos, y la cooperación solidaria entre sus doce países miembros.

La elección de nuestro querido amigo Néstor Kirchner, como Secretario General de la UNASUR –primer Secretario General de la UNASUR- es también un paso más hacia el fortalecimiento del bloque suramericano. Cuando entreguemos la presidencia pro témpore de la UNASUR en agosto del 2010, allá en la hermana República de Guyana, lo haremos con la certeza de que la gestión de este querido hermano argentino fortalecerá aún más la unión de nuestros pueblos. Agradecemos a los parlamentos que ya han ratificado el tratado constitutivo de la UNASUR: Bolivia, Ecuador, Guyana, Perú, Venezuela y Argentina. Sin embargo, todavía faltan por ratificarlo los parlamentos de Brasil, Colombia, Chile, Paraguay, Surinam y Uruguay. Esperamos que puedan hacerlo lo más pronto posible.

Si alguna vez tuvimos dudas de la integración y de la urgencia de crear nuestras propias instituciones regionales, particularmente instituciones financieras, la crisis que vive el planeta desde el 2008 debió despejárnoslas totalmente. Esta crisis representa, sin lugar a dudas, un hito histórico de proporciones mayores, que como región haríamos muy mal en ignorar. Las causas de la crisis son ya bien conocidas, básicamente la caída del mercado de las hipotecas subprime en los Estados Unidos. Pero, muchos siguen pensando que la economía estaba esencialmente sana; que los problemas se circunscriben al sector financiero. Por este motivo se han limitado a ofrecer soluciones de inyección de liquidez al sistema, sin cambiar su estructura fundamental. Se han gastado billones de dólares del dinero de los ciudadanos de varios países para rescatar a los bancos, implementar políticas presupuestarias austeras y volver a dar vida a las burbujas crediticias que de aquí a algunos años se reventarán de nuevo.

Pocas veces la integración ha sido tan importante. Desde UNASUR, podemos y debemos crear una Nueva Arquitectura Financiera Regional, como un paso fundamental para la optimización de la utilización del ahorro regional y para hacer a Sudamérica menos vulnerable a esta clase de crisis, es decir, para hacerla más soberana y mucho más eficiente en el uso de sus recursos. Los ejes para esta nueva arquitectura financiera regional son 3: el Banco del Sur, un Fondo Común de Reservas, y un Sistema de Pagos y monetario común, que puede comenzar con una moneda contable regional, como lo hizo la Unión Europea con el ecu. En cuanto al Banco del Sur y el fondo común de reservas, su justificación es muy simple: al mismo tiempo que los países latinoamericanos buscan financiamiento, la región tiene centenas de miles de millones de dólares en reservas invertidos en el primer mundo, lo cual constituye un verdadero absurdo. Lejos de ser los países del Norte los que financian a los países del Sur, somos en realidad –y escúcheseme bien-, desde el Sur, exportadores netos de financiamiento al Norte.

De acuerdo al World Economic Situation and Prospects 2008, del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, en el 2006, las transferencias financieras netas de América Latina a los países “desarrollados” fueron de 127 mil millones de dólares -eso significa que más es lo que dimos que lo que recibimos en 127 mil millones de dólares-, y son casi 100 mil millones de dólares en el 2007. Adicionalmente al absurdo de estar financiando a los países más ricos, perdemos centenas de millones de dólares por otro inmenso absurdo: al recibir bajísimos rendimientos por nuestras reservas depositadas en el exterior, mientras que nos prestan nuestros mismos dólares –porque los billetes no están marcados, son nuestros mismos dólares que nos prestan- a tasas mucho más altas ¿Quién entiende todo esto? El traer esas reservas, juntarlas y administrarlas adecuadamente para financiar el desarrollo de nuestra propia región, así como utilizarlas para respaldar potenciales crisis financieras y de balanza de pagos a través de un fondo de reserva regional, más que un imperativo económico, constituye un imperativo del sentido común.

Además de lo anterior, se pondría fin a la dictadura de burocracias internacionales que, desde el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etcétera, tanto daño nos han hecho. Las instituciones financieras de Bretton Woods, que además fueron diseñadas para un momento absolutamente distinto de la historia planetaria, siempre han jugado un papel eminentemente político. El FMI financia a los gobiernos favorables a los Estados Unidos, incluso a las dictaduras más cruentas de América Latina, pero niega a menudo los préstamos a los gobiernos que no comparten la agenda política y económica de Washington. Y para los que piensan que éstas son prácticas del pasado, que esto ya está superado, prácticas de esa época de la Guerra Fría, y que el Fondo Monetario ha enmendado, desde aquel entonces, sus prácticas más nefastas, solo basta ver con qué rapidez el Fondo Monetario le prestó al gobierno golpista de Roberto Micheletti. No me refiero ni siquiera al actual gobierno hondureño del presidente Porfirio Lobo, que llegó a la presidencia mediante un proceso electoral ilegítimo, sino al gobierno abiertamente golpista y para nada legítimo de Micheletti, que el Fondo quiso salvar a los poco días de derrocado el legítimo presidente José Manuel Zelaya con 150 millones de dólares de ayuda inmediata.

La vieja arquitectura financiera internacional es además absolutamente excluyente y anti-democrática. En ella los países de América Latina no juegan papel alguno y están esencialmente excluidos del proceso de toma de decisiones. Pocos saben que en el Fondo Monetario Internacional las decisiones se suelen tomar por lo que se llama una super mayoría, lo que significa el 85% de los votos. Y Estados Unidos tiene por sí solo el 16,7% de los votos; es decir, justo lo suficiente para, por sí solo, tener capacidad de veto. Estados Unidos por lo tanto, tiene en el Fondo Monetario, como lo tiene en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un poder de veto sustancial. Ecuador, en contraste, tiene apenas el 0,15% de los votos en el Fondo Monetario. Por otro lado, con el inicio de una moneda contable y un sistema regional de pagos, la región podrá reducir los requerimientos artificiales de dólares en el comercio regional y en los mercados financieros, con lo que la nueva arquitectura financiera regional, nos permitirá tener políticas monetarias y en general de desarrollo mucho más autónomas, sin depender de los caprichos de un supuesto mercado internacional. (Como decía Louis Even, un autor del siglo pasado, “Denme el poder de manejar la moneda en un país y me reiré de sus leyes”. ¿Qué sentido tiene, nuevamente, manejar el comercio intra regional con una moneda extra regional?). Incluso impedirá que paguemos una ilegítima remuneración —el señoreaje— a las potencias emisoras de la moneda utilizada para el intercambio intra regional: Solamente por utilizar una moneda extra regional, transferimos también centenas de millones de dólares al emisor de la moneda, en este caso Estados Unidos. Para entender esto, este es un tema de la Edad Media, cuando el señor feudal sólo por emitir moneda con su sello obtenía riqueza de sus siervos. Para entender de dónde viene esta riqueza, muy fácil: si la silla que produce Ecuador vale diez dólares -la silla que le vende al Perú-, solamente por emitir un billete de diez dólares el emisor de la moneda está captando una silla ecuatoriana. Ese es el ingreso por señoreaje, tan solo por el hecho de emitir la moneda que se utiliza para los intercambios. Eso suma centenas de millones de dólares anuales de transferencia de nuestros países al emisor de dólares: Estados Unidos. ¿Qué sentido tiene negociar intra regionalmente, insisto, con una moneda extra regional?

Han sido absurdos que hemos sostenido durante demasiado tiempo, y han roto cualquier lógica, cualquier racionalidad, cuando los pobres somos los que realmente, al final del día, estamos sosteniendo a los ricos.

De esta forma, la nueva arquitectura financiera regional será un paso trascendental para una verdadera soberanía e independencia de nuestras naciones. Estas no son fantasías. Por el contrario, ya algunas cosas, con diferentes dimensiones y alcances, son realidades. Ya existe en los países del ALBA -la Alianza Bolivariana de Nuestra América- el Sistema Único de Compensaciones Regional por Pagos (el SUCRE), para no depender del dólar en nuestras transacciones y aminorar los costos de nuestros intercambios comerciales. En lugar, si yo negocio con Venezuela, le vendo 100 millones en exportaciones ecuatorianas y compramos 150 millones en importaciones venezolanas; en vez de requerir 250 millones para movilizar estos intercambios, con el SUCRE, el Sistema Único de Compensación Regional, solo se tendrá que transferir el saldo, es decir solo 50 millones tendremos que darle a Venezuela; y por qué no, en el futuro, tendremos que darle una moneda regional propia, nuestra, no una moneda extra regional. El resto, se compensa por mecanismos: los que debían pagar a venezolanos en Ecuador, le pagan a nuestros propios exportadores, en moneda nacional, y se minimiza la necesidad de dólares para el intercambio. En esencia, la iniciativa SUCRE busca minimizar todos los costos de transacción como los costos cambiarios que tanto obstaculizan el comercio regional en América Latina. Pero una de las grandes innovaciones del SUCRE es la creación de una moneda electrónica, desacoplada del dólar, y cuya función básica es la de constituirse en una unidad de cuenta común para la valoración de los pagos internacionales, como ocurrió con el ecu en la Unión Europea.

En el 2008, Brasil y Argentina, los dos países con mayor comercio bilateral en América Latina, también dieron vida a un sistema parecido al SUCRE, mediante la firma del “Convenio del Sistema de Pagos en Moneda Local” (más conocido como Sistema de Pagos o SML). El SML les permite hoy, a Brasil y Argentina, dejar de usar el costoso dólar americano en sus transacciones comerciales bilaterales. Nada impide, ni técnica ni financiera, ni políticamente, nada impide, que no sea la decisión de nuestros gobiernos, de generalizar este sistema a toda la región. Estoy seguro que estas iniciativas innovadoras y hasta emancipadoras, así como técnicamente viables y sensatas, serán pronto una realidad generalizada en nuestra región. Lo único que hace falta es decisión política y coordinación. Me da mucho gusto anunciarles que la semana pasada, nuestra Asamblea Nacional, en Ecuador, ratificó los Tratados Constitutivos tanto del Banco del Sur, como del Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE). Muchas gracias por eso señor Presidente. Ecuador, ténganlo por seguro, le apunta, sin vacilación alguna, a la Nueva Arquitectura Financiera Regional que tanto necesitamos.

Son gigantescos los desafíos que nos quedan por delante, pero es más grande aún nuestra esperanza. Uno de los grandes enigmas del desarrollo es ¿por qué Norteamérica se desarrolló y nuestra América no lo hizo? Mientras que en ambas regiones abundaban importantes recursos naturales -en la época del “descubrimiento”, por parte de europeos, de nuestra región-, en nuestra América ya existían sociedades bastante consolidadas con importantes adelantos tecnológicos, en tanto que América del Norte apenas contaba con unas cuantas tribus nómadas. Se podría argumentar que fue por la clase de colonización que tuvimos. Sin embargo, ya hace 200 años que somos libres ¿Qué nos pasó? ¿Qué nos sigue pasando?

Las respuestas son complejas, y ninguna es definitiva, pero creo que uno de los factores más importantes fue nuestra desunión. Que estemos juntos, que actuemos juntos, es imprescindible para el desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos, para contribuir a resolver las lacras sociales, que nos siguen aquejando: la pobreza, la inequidad, la exclusión. Podemos conformar la cuarta o quinta economía más grande del mundo, con una población de 380 millones de personas, en 17 millones de kilómetros cuadrados; con un tercio de las fuentes de agua dulce del planeta, ubicada en el primer lugar en la producción mundial de alimentos y con reservas de hidrocarburos para los próximos 100 años.

Tenemos que buscar las herramientas adecuadas para el resurgimiento de nuestros pueblos, para, como aspiraba José Gervasio Artigas, depender de nuestras propias fuerzas. Es la historia común, pero también los sueños compartidos, lo que nos guía a reafirmar nuestra determinación de construir una identidad y ciudadanía suramericanas y desarrollar un espacio regional integrado en lo político, económico, social, cultural, ambiental, energético, infraestructura, etcétera, para contribuir al fortalecimiento de la unidad, para encaminar nuestra historia, por fin y para siempre, hacia la constitución de la Patria Grande con la que soñaron nuestros Libertadores. Ya lo dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: “En este nuevo despertar de nuestros pueblos, estamos mucho más cerca que nunca de cumplir los sueños de integración de nuestros próceres más visionarios, de Bolívar, de San Martín, de Artigas, de O’Higgins”. Reafirmo, por mi parte, lo que manifesté al recibir la Presidencia Pro Témpore de UNASUR: Tal vez los europeos tendrán que explicar a sus hijos por qué se unieron; pero nosotros tendremos que explicarle a los nuestros por qué nos demoramos tanto. En esta hora debemos repetir con Martí: “Quiera el cielo que sean pocos los que continúen de espaldas a la Patria”, y soñar despiertos con Bolívar: que estamos llamados a ser “la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

Que la conmemoración del Bicentenario de nuestros procesos libertarios, sea la ocasión más propicia para poner los fundamentos sólidos en el futuro que debemos construir, con el ejemplo de nuestros próceres Tupac Katari y Tupac Amaru alzando la dignidad de nuestros pueblos ancestrales; Juana Azurduy organizando la conciencia; el cura Ildefonso de las Muñecas, luchando en el norte del Lago Titicaca; Antonio Nariño, levantando la voz de libertad; Eugenio de Santa Cruz y Espejo y su hermana Manuela, combatiendo como verdaderos duendes desde “Las Primicias de la Cultura de Quito”; Francisco de Miranda abriendo caminos y sueños de unión e independencia; los mapuches Lautaro y Caupolicán, con Manuel Rodríguez en la guerrilla libertaria; Bernardo O’Higgins, cruzando victorioso las cordilleras con el Ejército de los Andes; Martín Güemes cuidando la Cruz del Sur; José de San Martín, venciendo en la Cuesta de Chacabuco; José Gervasio Artigas, el “Protector de los pueblos libres”, encendiendo llamaradas continentales desde los flancos orientales de la dignidad; Fulgencio Yegros, desde Paraguarí, con Facunda Speratti, soñando con el mundo de los libres; Manuel José Belgrano pintando de azul y blanco la bandera argentina; Antonio José de Sucre inmenso en Ayacucho, en el Pichincha, sellando con sangre la emancipación; Manuelita Sáenz, Rosita Campusano, combatiendo recias, inteligentes y hermosas por la vida; y Bolívar, Simón Bolívar, desde el Chimborazo alucinando lucidamente sobre la libertad, convocando hasta ahora a la unidad de nuestros pueblos.

En nombre de mi patria, les doy la bienvenida y les deseo mucho éxito en su trabajo. Son inmensos los desafíos que tenemos: repensar muchísimas cosas, cómo enfrentar una globalización inhumana y cruel, que no ha querido conformar una sociedad planetaria ni ciudadanos del mundo sino tan solo mercados globales y consumidores globales; y con un gran pecado capital: sin las adecuadas instituciones de gobernabilidad para controlar ese mercado, y ahí tenemos las consecuencias, como la crisis que estamos presenciando y que estamos sufriendo.

¿Cómo enfrentar esa globalización? Tenemos que armonizar las políticas regionales, tener leyes comunes para enfrentar problemas comunes, como el crimen organizado, como el narcotráfico, etcétera; pero, no solo para enfrentar problemas comunes sino para dar beneficios comunes a nuestros ciudadanos: un sistema único de seguridad social, políticas laborales coordinadas, para nunca más caer en la trampa de competir entre nosotros: precarizando nuestra fuerza laboral, reduciendo salarios reales, “flexibilizando”, quitando derechos a nuestros trabajadores. Falta muchísimo por hacer, y el trabajo, señores Presidentes, es inmenso. Tenemos que dar respuestas a las especificidades de nuestra región: reconocer que somos nación de naciones, que existen pueblos ancestrales con su cultura, tradición, justicia, organización política propias. Y tenemos que reconocerlos, tenemos que visibilizarlos en la unidad. Y, por qué no decirlo, repensar, el doctor Arce lo decía, repensar un modelo -balances, contra balances- que ya tiene trescientos años, que permanece prácticamente intacto: el modelo de Montesquieu. ¿Es que ha dado resultados para nuestros pueblos? ¿Es que tomó en cuenta poderes, que ya en esa época se denunciaban? El término “cuarto poder” para denominar a la prensa, es incluso anterior a Montesquieu; pero es claro que existe un poder que no es que transmite opinión pública, crea opinión pública sin adecuados contra balances, sin adecuados contra poderes y con una gran capacidad de desestabilización. ¿Qué respuestas podemos dar a esos problemas reales, concretos, ciertos? Al problema objetivo –no nos engañemos, la verdad os hará libres- que este modelo de balances, contra balances, ha sido obstruccionismo: el Legislativo obstruyendo al Ejecutivo y viceversa. Y nosotros no nos podemos dar el lujo, como en otros países, de perder el tiempo. Ya hemos perdido dos siglos. Hemos perdido demasiado tiempo. O cómo evitar los vicios en que se puede caer en un cuerpo colegiado de esta naturaleza, tan politizado, donde se generan lealtades, fidelidades entre sus miembros; se pierde la perspectiva de un modelo de gestión nacional, de un proyecto nacional, y muchas veces se quiere complacer a todo el mundo, y aquello no es posible, y nos hace retroceder o nos hace inmovilizarnos. Seamos creativos, innovadores. No tengamos miedo de pensar. Les insisto: estamos funcionando con un modelo de organización política que tiene cerca de trescientos años y permanece prácticamente inmutable e intocado. Por qué no, desde nuestra América, presentarle al mundo y a la historia nuevas formas de organización política, mucho más eficientes, que permitan enfrentar adecuadamente nuestros problemas y permitan dar a nuestros pueblos mejor calidad de vida, el Buen Vivir que todos soñamos y todos merecemos.

Iluminados por aquella sentencia de Simón Bolívar sigamos trabajando para consolidar nuestra unión; esa sentencia que hoy nos debe acercar a esta alianza de soñadores, de pueblos, de quijotes y destinos: La unidad de nuestros pueblos –decía Bolívar- no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.” Bienvenidos nuevamente a este pedacito de la patria grande, Ecuador, y siéntanse como en casa. ¡Hasta la victoria siempre!

Rafael Correa Delgado

Rafael Correa Delgado Economista y Académico. Presidente de la República de Ecuador.

 
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