En más de una oportunidad el canciller José García Belaunde ha propuesto que el próximo gobierno mantenga a la Comisión que ve el contencioso planteado por Perú a Chile en La Haya. Un problema de Estado sin duda es nuestro reclamo al país del sur por la inexistencia de frontera marítima. Eso, bajo ningún punto de vista, fleta o barniza, empaqueta o blinda que el país confirme a fardo cerrado a un grupo de personas de muy discutible homogeneidad o consecuencia. Digamos de entrada que el 98% ha dicho, por escrito y oralmente que era indispensable que Perú adhiriera a la Convención del Mar para plantear lo que se hizo sin este acuerdo internacional a Chile, en la CIJ.

Ha hecho muy bien el candidato Ollanta Humala al expresar su reparo, abierto y contundente, a esta solicitud, campaña paralela de sectores sumamente interesados más en personas que en posiciones, para no tocar la conformación de ese equipo. No están todos los que son y no son todos los que están.

Abandonando un extraño marasmo y silencio de la generalidad de postulantes presidenciales, Humala habla y trae al menú cotidiano lo que debiera ser pensamiento matutino, diurno y nocturno, de los 28 millones de habitantes: ¡nuestra difícil vecindad con Chile! tal cual la describiera en libro célebre el desaparecido maestro y jurista, hace cuatro años, Alfonso Benavides Correa.

Si el único gran tema de la Cancillería y el Perú, en unidad lógica y nacional, será el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el contencioso con Chile ¿cómo es que, bobamente, los candidatos declinan expresar sus pareceres sobre el asunto? De algunos de los postulantes no se puede esperar nada, pero con manifiesta energía, Humala sí ha tocado el álgido tema.

Como se recuerda, el 16-1-2008 Perú planteó la demanda en La Haya:

I. Materia de la Controversia

1.- La controversia entre el Perú y Chile está referida a la delimitación del límite entre las zonas marítimas de los dos Estados en el Océano Pacífico, que comienza en un punto en la costa denominado “Concordia” conforme al Tratado del 3 de junio de 1929. La controversia entre el Perú y Chile también comprende el reconocimiento a favor del Perú de una vasta zona marítima que se sitúa dentro de las 200 millas marinas adyacentes a la costa peruana, y que por tanto pertenece al Perú, pero que Chile considera como parte del alta mar.

II. Los Hechos

2. Las zonas marítimas entre el Perú y Chile nunca han sido delimitadas ni por acuerdo ni de alguna otra forma. El Perú, consiguientemente, sostiene que la delimitación deberá ser determinada por la Corte conforme al derecho internacional.

3. Sin embargo, Chile sostiene que ambos Estados han acordado una delimitación marítima que comienza en la costa y continúa a lo largo de un paralelo de latitud. Aún más, Chile ha rehusado reconocer los derechos soberanos del Perú sobre un área marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas desde sus costas (y que se encuentra fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental de Chile).

4. Desde los años ochenta, el Perú ha intentado consistentemente negociar las diversas cuestiones incluidas en esta controversia, pero ha encontrado la constante negativa chilena a entrar en negociaciones (ver por ejemplo el Anexo 1). Mediante Nota de su Ministro de Relaciones Exteriores del 10 de septiembre del 2004 (Anexo 2) Chile cerró firmemente la puerta a cualquier negociación.”

Y fue innecesaria la adhesión del Perú a la Convención del Mar como berreaban casi todos de los que hoy conforman la citada Comisión. Si eso fue así, quiere decir que eso no era imprescindible, tal como lo demuestra que Perú planteara la controversia a Chile con prescindencia de la Convemar. ¿Qué hacen allí, entonces, quienes decían que era medida sine que non meterse a la Convemar? No hay mucha coherencia por decir lo menos.

El gobierno entreguista ya hace lo suyo regalando la posibilidad que nuestros puertos queden a merced de las grandes potencias y sus mascarones de proa con membretes comerciales, el Callao es un mal ejemplo que ha anunciado no el Poder Judicial, sino el ministro de Transportes, Enrique Cornejo. Y San Dionisio Romero y su alianza antaña con el armador chileno Ricardo Claro no pierde oportunidad para incursionar en el asunto de marras.

Los regalones que desearían globalizar el Mar de Grau sin científica aproximación y al mejor postor, incurren en un grueso error de óptica geopolítica al olvidar que ese mar es uno de los más ricos del mundo no solo en alimentos sino en minería y petróleo y ese patrimonio debía servir, en primer, segundo y tercer lugar ¡al pueblo del Perú! Y con negociación digna, de pie y con conocimiento y aprobación pública, el capital foráneo debía coadyuvar al progreso de la Patria.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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