por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

18-11-2011

Antes, cuando buscaba desesperado blindaje antibalas por sus hechos de manifiesta corrupción, Omar Chehade lanzó un mensaje subliminal a Ollanta Humala, recordándole haber sido su abogado; ergo, su confesor de pecados veniales y capitales y depositario de documentos privados entre cliente y defensor.

Ahora ha extendido un símil flechazo a Nadine Heredia, de quien también ha sido su abogado en el tema de presuntos ingresos venezolanos, cuyas investigaciones fiscales sólo él las conoce en demasía.

A ambos les subraya "no haberlos defraudado", en el pasado hasta hoy, sin asegurarles que tampoco los defraudará en el inmediato futuro o en el remoto.

Convendría que el interfecto Chehade aclare el sentido que le otorga a ese verbo transitivo, pues su elasticidad semántica incluye revelar secretos profesionales a destiempo pero posiblemente letales o difundir con "anónimos" documentos reveladores de algún entuerto. Incluso mucho más lejos puede ir quien pretende defraudar.

¿Los defraudará de semejante modo una vez desaforado por el pleno del Congreso, inhabilitado por diez años para desempeñar cualquier cargo público, incluido el actual, aunque expectaticio, de vicepresidente, con los votos de la bancada humalista como ha sucedido en la Comisión de Ética para recomendar los 120 días de suspensión sin goce de haber?

¡Pronto conoceremos por haz y envés al vero Chehade en el tortuoso campo de la feraz política de turno, que recusaba al General PNP Arteta en que devendría!

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