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El 8 de octubre, Rusia votó en contra del proyecto francés de resolución sobre la situación en Siria presentado en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El texto elaborado evidentemente con apoyo de Washington y presentado inmediatamente después de la renuncia de Estados Unidos a cumplir los acuerdos ruso-estadounidenses sobre el arreglo sirio tergiversó burdamente la situación real y tenía carácter politizado, desequilibrado y unilateral. El proyecto puso toda la responsabilidad por escalar la tensión en Siria en las autoridades de este país. Además, se hizo un intento abierto de prohibir los vuelos de la aviación sobre Alepo garantizando cobertura a los terroristas del Frente al Nusra y los grupos que se adhirieron a éste, pese a los compromisos de los países miembros de la ONU de luchar contra la amenaza terrorista con todos los medios a su alcance. El proyecto de resolución francés ignoró por completo el hecho que la crisis humanitaria en Alepo fue provocada de manera artificial cuando, en agosto y septiembre, los militantes se negaron a permitir el paso de los convoyes humanitarios y amenazaban con abrir fuego contra ellos. Al mismo tiempo, el proyecto se hizo de la vista gorda ante las tareas de reanudar cuanto antes el proceso político en Siria que sabotean los propios opositores respaldados por Occidente.

En la etapa de discusión del proyecto, la delegación rusa propuso enmiendas constructivas dirigidas a hacerlo más objetivo. Insistíamos en estipular claramente y sin ambigüedad la tesis clave en la situación actual sobre la necesidad de separar a las fuerzas que se adscriben a la oposición moderada de los terroristas. Centramos la atención en la tarea de desbloquear por parte de los militantes la carretera Castello que es una vía importante de suministro de la parte oriental de Alepo. Defendíamos los mecanismos aprobados por el Grupo Internacional de Apoyo a Siria para garantizar el cumplimiento del régimen de alto el fuego, insistíamos en confirmar incondicionalmente los acuerdos básicos sobre el arreglo de la crisis siria estipulados en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Para evitar que se produzca una disensión en el Consejo de Seguridad de la ONU, propusimos una versión conciliatoria de la resolución.

Mientras, los coautores del proyecto francés, alentados por los críticos acérrimos de Damasco, fueron incapaces de mostrar sabiduría política. A las negociaciones orientadas a conseguir un resultado positivo real prefirieron un ultimátum, una sonada campaña publicitaria que usa problemas humanitarios para alcanzar objetivos políticos coyunturales que están fuera de los intereses reales del pueblo sirio y otros pueblos de la región. Es demostrativo que nuestro rechazo a tal enfoque lo compartieron varios miembros del Consejo de Seguridad.

El intento fallido de abusar de la reputación del Consejo de Seguridad confirmó la obsesión de los autores del proyecto de resolución francés con la idea de cambiar el poder en Siria de modo inconstitucional mediante el uso del terrorismo internacional que recibe un fuerte apoyo de otros países.

Se sabe que Rusia no estuvo involucraba en el conflicto sirio durante 4 años, cuando los Gobiernos occidentales ayudaban a los grupos extremistas, y que sólo entró en Siria cuando surgió una amenaza real de que los terroristas ocupasen Damasco. Sería inadmisible permitir que Siria corriera el destino de Irak o Libia desde la injerencia en los que comenzó la desestabilización de Oriente Próximo que dio origen al Estado Islámico y a nuevas reencarnaciones de Al-Qaeda, como Al-Nusra. Está mal que nuestros socios no saquen lecciones de la historia.

Lamentando profundamente el daño causado a los esfuerzos para resolver el conflicto sirio por los que están interesados en escalar la confrontación, Rusia confirma su fidelidad a la búsqueda de una solución política del conflicto sirio a largo plazo. Estamos dispuestos a realizar esfuerzos constructivos conjuntos para cumplir de buena fe los acuerdos ya conseguidos y acordar pasos adicionales que permitan a los propios sirios determinar el futuro de su país a través del diálogo de todos los grupos políticos, étnicos y confesionales sin injerencia externa.