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Han transcurrido 29 años desde que el Consejo de Seguridad estableciera la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) por medio de la resolución 690 (1991), a fin de aplicar el Plan de Arreglo elaborado por las Naciones Unidas y la Organización de la Unidad Africana y aceptado por ambas partes, el Frente POLISARIO y Marruecos, en agosto de 1988, y aprobado por el Consejo de Seguridad en sus resoluciones 658 (1990) y 690 (1991).

Como es de su conocimiento, el objetivo esencial del Plan de Arreglo de las Naciones Unidas y la Organización de la Unidad Africana consiste en lograr “una solución justa y definitiva de la cuestión del Sáhara Occidental de conformidad con la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General mediante la cesación del fuego y la celebración de un referéndum para que el pueblo del Sáhara Occidental, en ejercicio de su derecho a la libre determinación, pudiera elegir, sin restricciones militares o administrativas, sobre la independencia y la integración con Marruecos” (S/21360, párr. 1). De conformidad con el Plan de Arreglo, el Grupo de Observadores nombrado por las Naciones Unidas para supervisar la aplicación del plan de paz “funcionará de conformidad con los principios generales aplicables a las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas” (ibid., párr. 20).

Sin embargo, hasta ahora las Naciones Unidas no han logrado cumplir el mandato para el que se creó la MINURSO y, por lo tanto, no han podido completar con éxito la descolonización del Sáhara Occidental, la última colonia de África. Lo que es aún peor, tanto las Naciones Unidas como la MINURSO han mantenido durante todo este tiempo un silencio ensordecedor ante las continuas acciones anexionistas de Marruecos, cuyo objetivo es imponer por la fuerza un hecho consumado en el Sáhara Occidental ocupado y socavar el estatuto jurídico del Territorio como Territorio no Autónomo, pendiente de descolonización.

Además, las Naciones Unidas han optado por hacer la vista gorda mientras Marruecos persiste en sus acciones encaminadas a socavar el carácter exclusivamente internacional de la MINURSO y a menoscabar la capacidad operacional de la Misión para cumplir su mandato. Marruecos sigue imponiendo la obligación de que los vehículos de la MINURSO tengan matrícula marroquí e insiste en estampar sellos marroquíes en los pasaportes del personal de la MINURSO cuando este entra en el Sáhara Occidental y cuando sale de él. Marruecos también se niega a permitir el acceso de la MINURSO a cualquier interlocutor local en el Sáhara Occidental ocupado, lo que dificulta a la Misión el cumplimiento de su mandato, como se destaca en numerosos informes del Secretario General de las Naciones Unidas.

Cuando el Frente POLISARIO decidió aceptar el alto el fuego en 1991, estaba y sigue estando empeñado en la plena aplicación del Plan de Arreglo de las Naciones Unidas y la Organización de la Unidad Africana, para el que se estableció exclusivamente la MINURSO. A juicio del Frente POLISARIO, el alto el fuego en marcha es parte esencial de una solución global integrada, a saber, el Plan de Arreglo, que fue aceptado oficialmente por ambas partes, el Frente POLISARIO y Marruecos, y aprobado por el Consejo de Seguridad en sus resoluciones pertinentes. Por lo tanto, el alto el fuego nunca puede considerarse como un arreglo aparte del Plan de Arreglo o un fin en sí mismo, sino solo como un medio para crear las condiciones necesarias para la aplicación del plan de paz, cuyo objetivo final es la celebración del referéndum sobre la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental de conformidad con los términos del Plan de Arreglo.

El hecho de que la Secretaría de las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad no hayan actuado con firmeza para poner fin a los intentos deliberados de Marruecos de sabotear el mandato de la MINURSO e imponer y “normalizar” por la fuerza su ocupación ilegal de partes de nuestro país ha socavado gravemente la credibilidad de las Naciones Unidas y ha provocado que el pueblo saharaui siga perdiendo confianza en el proceso de paz de las Naciones Unidas, que ya de por sí es frágil. En este contexto, tras la aprobación de la resolución 2494 (2019) del Consejo de Seguridad el 30 de octubre de 2019, el Frente POLISARIO anunció que no le quedaba otra opción que reconsiderar su participación en el proceso de paz de las Naciones Unidas, que se ha desviado drásticamente de su curso acordado. En nuestra carta de fecha 28 de diciembre de 2019 (S/2020/66, anexo), esbozamos una serie de medidas urgentes que tanto la Secretaría como el Consejo de Seguridad, actuando en el ámbito de sus respectivas responsabilidades, deberían adoptar para restablecer la confianza del pueblo saharaui en el proceso de paz de las Naciones Unidas.

En nuestra carta también subrayamos la necesidad de garantizar la independencia e imparcialidad de la MINURSO, lo que implica que la Misión debe tratar a ambas partes en pie de igualdad. Es totalmente inaceptable que, debido a la política de chantaje de Marruecos, el Representante Especial del Secretario General y Jefe de la MINURSO y otros altos funcionarios de la Misión no puedan reunirse con el Frente POLISARIO en los territorios liberados del Sáhara Occidental, pese a la existencia de pruebas documentadas de que ex Representantes Especiales se habían reunido con el Frente POLISARIO en esas zonas. Lamentamos que ni la Secretaría ni el Consejo de Seguridad hayan tomado ninguna medida al respecto.

En conclusión, después de 29 años desde la entrada en vigor del Plan de Arreglo de las Naciones Unidas y la Organización de la Unidad Africana y del alto el fuego, el pueblo saharaui está decidido a adoptar las medidas necesarias para defender sus derechos legítimos y asegurarse de que la MINURSO cumpla su mandato y sus funciones de conformidad con los principios generales aplicables a las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Por lo tanto, lo que esperamos de las Naciones Unidas es que se adopten medidas concretas y serias para la aplicación plena y rigurosa del plan de paz permitiendo a nuestro pueblo ejercer su derecho inalienable a la libre determinación y a la independencia, llevando así a buen término la descolonización de la última colonia de África.

Le agradecería que tuviera a bien señalar la presente carta a la atención de los miembros del Consejo de Seguridad.