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San Jorge vence al dragón en esta escultura realizada con fragmentos de los misiles nucleares ‎soviéticos SS-20 y de los misiles atómicos estadounidenses Pershing.‎

Hace 5 años, cuando publicamos un artículo titulado «¿Regresan los misiles a Comiso?» [1], todo el espectro político ignoró aquella ‎hipótesis y algún que otro supuesto experto la descartó calificándola de «alarmista». ‎

Hoy resulta, desgraciadamente, que aquella alarma tenía razones de ser. ‎

Hace algunos días, el 6 de noviembre, la empresa [estadounidense] Lockheed Martin –la misma ‎que fabrica los aviones de combate F-35– firmó con las fuerzas armadas de Estados Unidos un ‎primer contrato de 340 millones de dólares para la producción de misiles de alcance intermedio, ‎incluso capaces de portar ojivas nucleares, con vista a su posterior despliegue en Europa. ‎

Esa categoría de misiles (se trata de misiles lanzados desde tierra y con alcance de entre 500 y ‎‎5 500 kilómetros) había sido prohibida por el Tratado INF, firmado en 1987 por ‎los presidentes Reagan y Gorbatchov, lo cual determinó el desmantelamiento de los misiles balísticos ‎nucleares Pershing 2 que Estados Unidos había desplegado en Alemania occidental, de ‎los misiles nucleares del tipo crucero Tomahawk, igualmente desplegados por Estados Unidos ‎en Bélgica y en los Países Bajos, y de los misiles balísticos SS-20 que la URSS había desplegado, ‎en respuesta, en su propio territorio. ‎

Pero en 2014, la administración Obama acusaba a Rusia –sin presentar pruebas– de haber ‎realizado ensayos con un misil crucero de la categoría prohibida en el Tratado INF. ‎Posteriormente, en 2015, la administración Obama anunciaba: «ante la violación del Tratado INF ‎por parte de Rusia, Estados Unidos está considerando el despliegue en Europa de misiles lanzados ‎desde tierra». ‎

La administración Obama pasó después el relevo a la administración Trump, que –en 2019– sacó ‎a Estados Unidos del Tratado INF, acusando a Rusia [nuevamente sin aportar pruebas] de ‎haberlo «violado deliberadamente».‎

Después de la realización de ensayos con varios misiles, el Pentágono encargó a Lockheed Martin ‎la concepción de un misil crucero derivado del Tomahawk y de un misil balístico derivado del ‎‎SM-6 de Raytheon. Según el contrato, ambos misiles deben estar operativos en 2023 –o sea, en 2 años– con vista a su despliegue en Europa. ‎

Es particularmente importante tener en mente el aspecto geográfico de la cuestión: un misil ‎balístico nuclear estadounidense de alcance intermedio lanzado desde Europa puede alcanzar ‎Moscú en cuestión de minutos, mientras que un misil similar lanzado desde Rusia puede alcanzar las ‎capitales europeas, pero no Washington. ‎

Si invertimos la situación, es como si Rusia desplegara misiles nucleares de alcance intermedio ‎en México. ‎

También hay que tener en mente que el misil balístico SM-6 –según precisa Raytheon– funciona ‎como «3 misiles en uno» ya que puede ser utilizado como misil antiaéreo, como misil ‎antimisiles y también como misil de ataque. Eso implica que el misil nuclear derivado del «SM-‎‎6» podrá ser utilizado desde los navíos e instalaciones terrestres del llamado «escudo ‎antimisiles» de Estados Unidos en Europa, cuyas rampas de lanzamiento –precisa Lockheed ‎Martin– pueden utilizar «misiles para todas las misiones». ‎

En una declaración emitida el 26 de octubre de 2020, el presidente [ruso Vladimir] Putin reafirma ‎la validez del Tratado INF y califica de «grave error» que Estados Unidos se retire de ‎ese tratado. Putin ratificó además el compromiso de Rusia a no desplegar misiles análogos [a ‎los misiles estadounidenses] mientras Estados Unidos no despliegue los suyos cerca de ‎las fronteras rusas. ‎

Putin propone además a los países de la OTAN «una moratoria recíproca» y «medidas ‎recíprocas de verificación», o sea inspecciones en las instalaciones de misiles de los diferentes ‎actores. ‎

Pero la OTAN ha ignorado esas proposiciones rusas, el secretario general de la OTAN, Jens ‎Stoltenberg, incluso reafirmó –el 10 de noviembre– que «en un mundo tan inseguro, las armas ‎nucleares siguen desempeñando un papel vital en la preservación de la paz». ‎

Europa está en peligro de verse en la primera línea de un enfrentamiento nuclear análogo –o ‎quizás todavía más peligroso– que el que marcó la guerra fría. Pero los gobiernos y ‎los parlamentos europeos no se dan por enterados. Parecen estar demasiado ocupados con el ‎coronavirus, así que nadie habla de los cohetes nucleares. ‎

Sin embargo, la Unión Europea, que cuenta entre sus 27 miembros 21 países miembros de ‎la OTAN, rechazó en 2018 el proyecto de resolución que Rusia presentó en la ONU sobre la ‎‎«Preservación y Respeto del Tratado sobre las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio». ‎Al rechazarlo, la Unión Europea daba luz verde al nuevo proyecto de instalación ‎de misiles nucleares estadounidenses en suelo europeo. ‎

‎¿Cambiará algo que sea Joe Biden quien llegue a la Casa Blanca? ¿O, después de haber visto al ‎demócrata Obama iniciar la nueva confrontación nuclear con Rusia, después de haber visto al ‎republicano Trump agravarla renunciando al Tratado INF, veremos al demócrata Biden ‎‎(ex vicepresidente de Obama) firmar la instalación de los nuevos misiles nucleares de ‎Estados Unidos en Europa?‎

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por Red Voltaire, a partir de la versión al francés de Marie-Age Patrizio

[1] «¿Volverán los misiles a Italia?», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia), ‎‎Red Voltaire, 10 de junio de 2015.