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Carlos Monsivais
Foto LLILAS Edu Texas

La palabra laico se suele emplear como contrapuesta a clérigo, y la palabra laicismo, contrapuesta a religiosidad. Una sociedad laica y laicista sería, en este sentido, la que organiza y regula desde una perspectiva no clerical o religiosa, no para negar o ir contra ciertos valores, sino para fijar unas bases con valores comunes, que hagan posible la convivencia de todos sin excepción.

La laicidad exige hacer efectiva la aconfesionalidad del gobierno -establecida en la Constitución Política del Estado mexicano-, y su exigencia de realización debe proseguir, con todo y que ha desatado un clima agresivo en el país, desde que algún que otro obispo y los portavoces de organizaciones católicas levantan la voz para hacer valer su primogenitura en la formación de los estados latinoamericanos y la orientación del presente.

Algo equivalente a la resistencia de los episcopados europeos al ingreso de Turquía a la Unión Europea; algo semejante a la reacción inquisitorial a la aceptación del contrario en la fe, sigue ocurriendo en México desde que las cofradías católicas llegaron al poder con Vicente Fox.

La base de la república moderna es el laicismo porque su vigencia es la única garantía de que la sociedad protegida en el interior del lindero del estado nacional garantiza la convivencia de los diferentes. Sólo un estado laico puede ser democrático. Las minorías están allí para probarlo cuando invocan el nacimiento de Estados Unidos en 1776 como república democrática basada en un estado aconfesional, en el que en su momento estuvieron representadas todas las corrientes religiosas que en Europa se enfrentaron, unas a otras, a lo largo de los siglos XVI- XIX en conflictos sin fin.

Ahora, en plena guerra declarada por el entourage pluralista -católico, protestante y judío- al servicio de Bush de cara al resto del mundo bajo las consignas del fundamentalismo-integrismo, todo se vale. Las creencias forman parte de los arsenales bélicos porque ya sabemos que en la guerra declarada por el gobierno Bush al resto del mundo el fin justifica los medios. Asi, pues, mientras los neoliberales judíos habían iniciado su proyecto globalizador al mando de Friedrich von Hayek, no tardaron en sumárseles varios pensadores católicos y protestantes dispuestos todos juntos a formar un sistema económico totalitario más despiadado que el propio fascismo.

De tal manera, hay un pluralismo religioso que sirve a los designios neoimperiales de acuerdo al proyecto neoliberal trazado en Viena en 1938 y formalizado en la ciudad suiza de Mont Pelerin en reuniones formales y periódicas a partir de 1947, y hay otro pluralismo que es expresión de los desplazados de todas partes y que constituye el fermento democrático más avanzado de la sociedad contemporánea. Este es el pluralismo de los heterodoxos mexicanos.

La mejor toma de posición democrática de Carlos Monsivais

El 27 de septiembre último varios dirigentes religiosos y funcionarios de la secretaría de gobernación se dieron cita en un museo de la Ciudad de México para dar un paso más en la institucionalización del 25 de septiembre como Día de la Laicidad. Esta fecha, explicó el abogado Orestes Sánchez, corresponde a la de 1857 en la que se consagró formalmente la separación del Estado y la Iglesia en México. El correspondiente texto constitucional dice: "El Estado y la Iglesia son independientes entre sí. El Congreso no puede dictar leyes estableciendo o prohibiendo religión alguna".

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Carlos Monsivais en un discurso en una universidad de los EEUU
Foto LLILAS Edu Texas

Carlos Monsivais, el escritor mexicano no siempre aceptado en términos políticos, dirigió a ese encuentro un mensaje por no haber podido presentarse personalmente. El texto dice: "En el examen del siglo XX se localizan entre otras, las siguientes características del proceso religioso: los encuentros y los desencuentros, los enfrentamientos múltiples y las reconciliaciones escasas entre los fenómenos religiosos y los procesos secularizadores; el fin del monopolio religioso aún no reconocido suficientemente en las estadísticas; las derrotas parciales y el crecimiento irreversible de la tolerancia; los lazos tiránicos establecidos por los fundamentalistas entre creencia y modo de vida; la fe como acto de solidaridad; la fe como desbordamiento místico; y el auge en la segunda mitad del siglo del analfabetismo religioso", son los tópicos del México contemporáneo

Monsivais, destacado intelectual de origen protestante, no tuvo dificultad para entender que las ramificaciones de la tolerancia hacia otros ámbitos de la vida pública, si no son manipuladas por el poder son contenedores de la vocación democrática y de una vida plena. Pero esa vocación no se da sin escollos en México. El laicismo es una asignatura incompleta, lo que confiere a México y a sus dirigentes políticos una baja calificación en la construcción de su propalada democracia.

El PAN al complementar al liberalismo del PRI tampoco generó democracia

Las cofradías católicas que llegaron al poder con Vicente Fox son portadoras de un catolicismo ramplón, despintado y light, de ese que suena a prescripción médica de plazuela. Un catolicismo cómplice de la barbarie económica y financiera, encargado de implantar el rostro humano a la barbarie neoliberal que la administración del PRI y del PAN se han encargado, sucesivamente, de poner de rodillas ante el poder de las transnacionales.

Ese catolicismo es fuertemente simplista, muy lejano de la derivación del aristotelismo ramplón que animaba las inquietudes intelectuales de los panistas fundadores, activos hasta la década de los sesentas. El neocatolicismo es un pensamiento silvestre, corto de miras y de conceptos, arraigado en los neoliberales españoles que han sido capaces en la editorial Rialp de proclamar el matrimonio por interés, al estilo calvinista, del nuevo becerro de oro financiero con el catolicismo conservador.

Esa concepción neocatólica se puede ponderar en todo su escaso valor en dos pensadores del neopanismo: Guillermo Velasco Arzac y el brillante economista Luis Felipe Coello, quien a lo largo de su vida fue portador del pensamiento crítico del sector empresarial nacido en Puebla, promotor de organismos de polémica con el gobierno, pero que como teólogo fue muy deficiente.

Velasco Arzac se encargó de indicar en un discurso pronunciado ante la directora del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (la organización corporativa de las familias mexicanas forjada por los gobiernos liberales del PRI y que ahora está bajo la dirección de una panista destacada), Ana teresa Aranda Orozco.

Además de ser líder moral cofradías foxistas, Velasco Arzac es especialista en asuntos estratégicos del sector privado y arquitecto de la alianza del sindicato magisterial con el foxismo. Fue él quien recomendó en un discurso pronunciado ante Ana Teresa el 6 de noviembre de 2003 que "El ciudadano, la familia y las organizaciones sociales tienen el derecho de exigir a los propietarios, directores, productores, comentaristas y conductores de medios de comunicación, que respeten la libertad, la dignidad, misión y valores de la familia".

Como puede verse en ese texto, no hay discrepancia sociopolítica de fondo entre ese militante católico con el liberalismo rebasado en las urnas en 2000. Muy por el contrario, la praxis política demuestra que la vaguedad del catolicismo puesto en boga por el PAN en el poder s’lo instituye el vaso comunicantes del catolicismo y el liberalismo. Ideologías ambas antidemocráticas y en consecuencia complementarias. Esto destaca en el silencio cómplice de los liberales ante la ferocidad sectaria de los pronunciamientos católicos.

Por su parte, las recomendaciones de Luis Felipe Coello a los empresarios presentes y futuros de México, que el más respetado de ellos, Eugenio Garza Sada, del Grupo Monterrey sostuvo como propias, dice entre muchas perlas parecidas: "Reconocer el mérito en los demás por la parte que hayan tomado en el éxito de la empresa y señalarlo de manera espontánea, pronta y pública". Pero esa solicitud de transparencia en nada se refiere a las operaciones fraudulentas del Vaticano para el lavado de dinero.

También decía el destacado y honesto economista, tantos años al servicio del líder moral del empresariado de Monterrey: "Nunca hacer burla de nadie ni de nada. Evitar las bromas hirientes o de doble sentido. Tener en cuenta que la herida que asesta un sarcasmo nunca cicatriza". Pero de que ese rencor se transforme en motor de la lucha de clases, nada. Ni pensarlo.

Monsivais interpreta la desilusión de los mexicanos, que es la desilusión, también, de las familias sobre las que influye el DIF de Ana Teresa. Por ello expresó en la parte culminante del discurso que citamos arriba un análisis de un momento de euforia panista: "El 26 de enero de 1999 el líder del PAN Felipe Calderón Hinojosa resume lo que significó para su partido la visita del Juan Pablo II: ’Confío en que los reclamos emitidos por el Papa de manera pública y privada, sean atendidos por el gobierno, particularmente para lograr el cese a la hostilidad en contra de los creyentes católicos en Chiapas’. Monsivais comenta respecto de esta declaración: "Tales exigencias no se hallan en ninguno de los pronunciamientos de Karol Wojtyla, ni hay noticias entonces ni ahora de la persecución de los católicos en Chiapas.

La exhortación del senador panista Juan Antonio García Villa es previsible tras la necedad de su líder: "Debe impartirse educación religiosa en las escuelas oficiales, pues en la actualidad sólo los hijos de padres millonarios tienen el privilegio de recibir este tipo de enseñanza en colegios privados". Es decir, el cobro panista del despliegue masivo de la fe es la rendición del estado laico. Los liberales del PRI no dijeron una palabra.