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¡Yo también soy ambulante!

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¿Con delincuentes prontuariados que figuran en planillas de empresas de amigotes, pretenden algunos alcaldes poner orden en las calles de sus distritos? ¿Sólo decir que fue un lamentable accidente el crimen del que fue víctima Cristian Venancio en San Isidro, basta? Mi solidaridad absoluta con los ambulantes del Perú porque yo también soy ambulante. Ellos venden por calles y plazas artículos concretos. Yo ofrezco intangibles pero camino igual que ellos, toco puertas, transpiro con el calor y me mezclo con el hombre de a pie como cualquier otro, en la forja esforzada diaria de hacer del Perú madre y no madrastra de sus hijos.

Escuché ayer, precisamente en San Isidro, a dos viejas asquerosas (y el término es el más benigno que me viene a la mente) que declaraban que este distrito era uno “decente” y que había que “limpiarlo” de ambulantes. A continuación una de ellas manifestó: “a ese Antauro hay que darle vuelta”. ¿Qué es decente y qué hay que limpiar según algunas momias en el Perú? ¿No será al revés? ¿Que hay que exterminar a todos los que han hecho de este país una chacra en que minorías gobiernan con sus códigos, con sus armas y con sus empréstitos, contratos-leyes, con sus TLCs, y con todas sus concesiones y privatizaciones?

Si habemos ambulantes es porque no hay industrias que absorban la mano de obra que pulula sin trabajo por todo el país. Si existe esta clase de capa urbana es porque las empresas vienen cerrando en nombre de una globalización que privilegia el lucro y la calidad total que se refiere a grupos selectos que hablan en inglés y que son grandes conocedores de Nueva York, Londres y Roma, pero que jamás han ido, siquiera por casualidad al Cusco. ¡Ni hablemos de Andahuaylas!

Gracias a los ambulantes, no sólo aquí en Perú, la riqueza aún circula premuniendo a sus gestores de algún pan y de esperanza para los suyos. Por la existencia de los ambulantes es que hasta hoy no cuelgan de los postes de Lima y del resto del país, a todos aquellos que tienen algo de riqueza, a veces conseguida de mala manera, lo que aquí tampoco se castiga. A veces el ambulante trasciende y se convierte en pequeño y mediano empresario pero es un fenómeno real aunque por ahora de baja incidencia.

Me pregunto, ¿por causa de qué no se rinde homenaje a Cristian Venancio que cayó muerto por un abusivo y se llama a su deceso un lamentable accidente? ¿Quién va a revivir a Cristian? Cuando los que no tienen apellido “notable”, color de piel blanca (aunque sea por casualidad), vivienda en barrio residencial y carecen, por completo, de algún acceso a los medios, coto de caza de pandillas muy bien pagadas, su vida no vale un cobre. Si muere, no pasa nada. Es estadística y será un cholo menos. Un país que reniega, en nombre de la modernidad, de la gente que lo hizo grande desde las culturas preíncas hasta el imperio, está como estamos. ¡Una vergüenza absoluta!

Para aquellos que caminan por las calles, que tocan puertas e ingresan también a oficinas ofreciendo sus productos tangibles e intangibles, que hacen del sufrimiento cotidiano, piedra y espoleo de sus mejores voluntades por un Perú que los rechaza oficialmente, mi homenaje en estas horas de dolor transido de indignación.

¡También soy ambulante!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas Autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista peruano, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país y Latinoamérica. Escribió en el 2007 el libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
Es posible conectar con él al teléfono (+51) 9-9918-0913.

 

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