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Jorge Giordani

Las primeras señales contrastan abiertamente con lo ocurrido a finales de 2001, con los sucesos ocurridos en abril de 2002 y el sabotaje petrolero a caballo del 2002 y el 2003. Agitadas jornadas que dejaron huella en la población venezolana, dura confrontación con la pérdida de vidas humanas y severos costos en lo económico productivo. Una de las partes creyó tomar una vez más la dirección de Venezuela y fracasaron nuevamente.

Políticamente luego pagaron un alto precio por sus desatinos y el intento de destruir todo lo que se encontraba por delante. En su intento desconocieron la voluntad popular que originó la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que ya cumplió sus primeros cinco años, y también se reafirmó la legitimidad de un gobierno que había nacido de su seno. Las aguas volvieron a su nivel a pesar de las turbulencias...

Confrontaciones electorales

Los derechos constitucionales en el campo de lo electoral vivieron jornadas de legitimación. Primero fue la aplicación de la norma relativa a la revocabilidad de los cargos de elección popular. Luego de los resultados de la consulta para revocar el mandato presidencial se generó la convocatoria para el 15 de agosto donde el presidente Hugo Chávez recibió un contundente apoyo que le permitirá culminar su período gubernamental. Los resultados en una proporción de un 59.09% a 40,63% confirmaron lo que venía sintiéndose a nivel popular. [1] Se dio con este resultado la confirmación de lo legítimo del gobierno e igualmente avanzó el proceso normado en el propio texto constitucional en cuanto a los derechos políticos de los ciudadanos.

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Posteriormente, el 31 de octubre se eligieron las nuevas autoridades locales en los municipios y estados del país. La renovación de los liderazgos en alcaldías y gobernaciones, además de la elección de los cuerpos deliberantes a esos niveles constituyó un nuevo paso de consolidación del régimen democrático participativo y protagónico. El pueblo venezolano dio nuevas muestras de su madurez al derrotar a quienes pretendían desconocer la Constitución misma y la propia majestad del poder electoral sujeto a presiones internas e internacionales para que modificara los parámetros bajo los cuales regía su conducta de árbitro. [2]

Estos dos últimos procesos electorales marcan el camino de la institucionalización política del país y que a su vez van conformando un cuadro de legitimación institucional que apoya el clima productivo nacional e internacional. Los intentos desestabilizadores que habían comenzado por parte de la oposición a finales de 2001 habían sido dejados atrás. Muchos sectores que participaron en las jornadas anteriores dejaban para nuevas oportunidades futuras su intención de volver al pasado, la realidad política imponía nuevos ritmos para el conglomerado productivo. Las viejas instituciones y formas de pacto por arriba iban quedando de lado, una dinámica diferente hacía prevalecer el metabolismo de la lógica del capital.

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Crecimiento del PIB

El fenómeno que apenas se observara a finales del 2003 se hizo evidente y permanente a lo largo de todo el año 2004. La economía creció por encima de toda expectativa, su calificación como simple rebote quedaba descartado por lo continuado de su crecimiento. Al cierre del III trimestre del 2004, la economía creció 15,8%, según cifras del Banco Central de Venezuela, y se estima un crecimiento para el año 2004 no menor a 14,7%. Detengámonos un poco a examinar las características de ese salto productivo.

Durante 2000 y 2001 se tuvieron 8 trimestres de crecimiento positivo del PIB con un promedio trimestral moderado de 3,5%. Posteriormente se dieron siete trimestres sucesivos durante los años 2002 y 2003, con un decrecimiento promedio de 10,2%, teniéndose el pico extremo durante la fase aguda del paro petrolero en el primer trimestre del 2003 con un -25%.

Este ciclo que tiene explicaciones de tipo político suficientemente conocidas comenzó a revertirse en el cuarto trimestre del 2003 cuándo el crecimiento trimestral cambió de signo a un 7%. A partir de allí se tienen cinco trimestres sucesivos con crecimientos positivos que tuvieron su pico en el primer trimestre del 2004 cuando el PIB trimestral alcanzó la cima de 32,8%. El submarino había salido a flote por segunda vez desde el inicio del gobierno en febrero de 1999.

El último trimestre del 2003 y los cuatro trimestres del 2004 señalan la entrada de un nuevo ciclo de crecimiento productivo que esperamos se podrá sostener en el mediano plazo, gracias a la reactivación que se viene dando también en el sector privado de la economía. No sólo es el motor de la dinámica petrolera como fuelle fundamental el que promueve el crecimiento, otras ramas como la industria en general y en particular el sector de la construcción comienzan a incorporarse al crecimiento observado.

En cuanto a los diferentes sectores es necesario destacar primero como la actividad petrolera que había tenido un leve crecimiento durante algunos trimestres de los años 2000 y 2001, prácticamente colapsó durante el cuarto trimestre del 2002 y el primero del 2003 a raíz del sabotaje que intentó destruirla.

Es a partir del segundo trimestre de 2003 cuándo se recupera el control de la misma por parte del gobierno y se puede observar cómo la producción y el producto crecen de manera significativa. Durante el segundo trimestre del 2003 el crecimiento del PIB es de 17,6%, durante el cuarto del mismo año alcanza un 25,8% y es en el primer trimestre del 2004 cuándo se nota el mayor salto en el PIB de la actividad petrolera al llegar a un 70% con respecto al mismo trimestre del año anterior. Ya para los primeros trimestres del año 2004 el valor agregado petrolero a precios constantes llegaba a los que se tenían durante 2000 y 2001. Se habían reestablecido niveles previos al marasmo creado por la destrucción producida por el paro y el sabotaje. Volumétricamente se llegaba a los niveles anteriores, en cuanto a los precios lo comentaremos más adelante.

El caso de la manufactura tuvo un comportamiento durante ocho trimestres sucesivos durante 2000 y 2001 con un promedio trimestral de 4,4%, mientras que los siete trimestres sucesivos desde inicios del 2002 fueron de un decrecimiento promedio de 14,3%. Frente a la fosa del primer trimestre del 2003 de -30,7% se opone la cima del primer trimestre del 2004 con 54,5% mostrando algo más que un simple rebote al superar en términos absolutos y a valor constante los valores del PIB en manufactura correspondientes a los años 2000 y 2001. Se retomó de esa manera la senda del crecimiento productivo en un sector tan importante como es la manufactura.

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Un caso más patético lo constituyó el sector de la construcción que durante cinco trimestres desde el tercero del 2000 al tercero del 2001 inclusive había alcanzado un crecimiento promedio trimestral de un 15,9%. En contraste de lo que ocurrió luego durante los ocho trimestres correspondientes a los años 2002 y 2003 cuándo el crecimiento promedio trimestral retrocedió en 8,5% en el primer año y luego en una cifra dramática de 43,7%. Solamente fue para el primer semestre del 2004 cuando la construcción pudo levantar cabeza al tratar de recuperarse en un 34,8%, sin llegar a los valores en términos constantes que se tuvieron durante los años de 2000 y 2001, debe acotarse sin embargo que es uno de los sectores productivos que se reactivan como motor secundario de la economía con mayor rapidez y que recuperan el nivel del empleo disminuyendo la desocupación, esto en parte por el tipo de empleo que genera y su nivel de calificación. En esa dirección se debe estar atento a lo que le ocurra al sector vivienda ahora revitalizado institucionalmente con la creación del Ministerio del Hábitat y la Vivienda.

Comentario aparte merece el sector de comunicaciones que ha mantenido un ritmo creciente a lo largo de todo el período gubernamental desde febrero de 1999. El valor agregado aportado durante los últimos trimestres del año 2004 superan los que se obtuvieron al principio del gobierno mostrando que su crecimiento tiene un notable espacio por recorrer. Aún extensas zonas del país se mantienen sin cobertura suficiente para las necesidades que genera tanto el aparato productivo como las familias, en tal sentido una mayor competitividad y una mejor calidad del servicio telemático siguen manteniéndose como oportunidad real para una expansión significativa.

En la medida que crezca la economía la demanda de este tipo de servicios aumentará correlativamente igualmente al tenor del mejoramiento del consumo familiar y la mayor ocupación y uso del territorio nacional, para no mencionar la contribución a un sector cuya dinámica lo impacta de manera directa como es el turismo.

La actividad no petrolera en su conjunto sigue un patrón similar al que hemos arriba indicado. Ella tuvo un crecimiento promedio trimestral durante ocho trimestres del 2000 y el 2001 con un promedio trimestral de 4,1%. Posteriormente entró en la fase de decrecimiento durante los siete trimestres sucesivos con un promedio negativo de 8,4% para repuntar en el último trimestre del 2003 y continuar su crecimiento a lo largo del 2004.

Los precios petroleros

Al principio del presente gobierno los precios corrientes de los crudos venezolanos se encontraron cercanos a los 10 dólares el barril similares en términos nominales, a los que existían luego del boom petrolero de 1973. A precios constantes del año 1974, los mismos correspondían a unos 4 dólares el barril muy por debajo de los 10 de ese período.

Luego de la modificación de la política de precios y el acompañamiento de la OPEP esa tendencia se modificó sustancialmente para alcanzar ya en el 2001 y el 2002 precios promedios anuales de 20,21 y 21,95 dólares el barril para la cesta venezolana. Durante 2003 ese valor subió en promedio a 25,76 dólares el barril y para lo que va del año 2004 (17 de diciembre) el valor promedio alcanza los 31,57 dólares siendo el valor puntual para la fecha de 31,62 dólares el barril. Cifra que aún no representa un record histórico a nivel de precios corrientes, dado que algunas estimaciones consideran podrían llegar a unos 80 dólares el barril.

Siendo la demanda de petróleo creciente para los años por venir pasando de unos 82 millones de barriles diarios a más de 100 según algunas estimaciones, los precios mundiales cercanos a los 50 dólares el barril parecerían haber llegado para quedarse. En esa difícil predicción de un fenómeno tan complejo como los precios del petróleo, la demanda de economías como la de Norte América, Japón, China, India y otros países del mundo desarrollado en un modelo energético insaciable, e inviable ecológicamente hablando, hace que los precios se mantengan a niveles superiores a los vistos en la primera parte de la década que vivimos. Todo ello no es que sea motivo de tristeza pero si para aplicar la necesaria prudencia en el ahorro de recursos para cuándo de nuevo llegue la “época de las vacas flacas”.

De hecho en este gobierno se vivió la posibilidad de un ahorro que luego resultó providencial al tener más de 6.000 millones acumulados en el Fondo denominado FIEM. Normas de prudencia indican que nos encontramos de nuevo ante esa posibilidad la cuál no debe dejarse pasar desapercibida. Como una señal en esta dirección el cálculo del presupuesto para el año 2005 ha sido realizado a una prudente cifra de 23 dólares el barril, tal de gastar hasta donde llegue literalmente la cobija y no tener que regresar a las posiciones indeseables de recortes presupuestarios de cambiar el viento de los precios petroleros. Tiempos de ahorrar...

Reservas internacionales

El comportamiento de las reservas internacionales de Venezuela refleja en mucho el flujo petrolero e igualmente el proceso de descapitalización que ha tenido el país durante las últimas décadas. Con el aumento de los precios petroleros durante los años 2000 y 2001 fue posible acumular para finales de este último año en el FIEM la cantidad de 6.227 millones de dólares a partir de los 215 millones existentes a finales de 1999, en un ritmo mayor durante el 2000 cuando se llegó a 4.588 millones para luego alcanzar la cifra mencionada en diciembre de 2001.

Luego vino el uso de los recursos de ese Fondo durante los años 2002 y 2003, reduciéndose respectivamente a 2.857 y 709 que es la cifra actual, salvo el aumento de los intereses.

Para diciembre de 2002 las reservas del Banco Central de Venezuela habían llegado a 12.003 millones de dólares en contraste con los valores actuales que alcanzaron los 24.172 millones de dólares (para la fecha del 31 de diciembre 2004). La aplicación del control de cambio en febrero de 2003 permitió cerrar la salida de recursos y estabilizar el nivel de reservas que llegaron a 24.731 millones de dólares como un máximo.

El mantenimiento de ese importante nivel ha permitido operaciones por parte de la empresa petrolera para la cancelación de su deuda externa en una operación realizada durante agosto de 2004 por un monto superior a los 2.500 millones de dólares. Un nivel tan sólido de dichas reservas igualmente ha permitido la conformación de un Fondo especial para el desarrollo social por parte de la Pdvsa a los efectos de invertirlos en obras de infraestructura y de tipo social.

Los recursos petroleros de tal manera han venido siendo en parte utilizados para reforzar el nivel de inversión y así poder compensar el largo ciclo de descapitalización que ha sufrido la economía venezolana en las últimas décadas. La consigna de sembrar el petróleo se hacía una realidad manteniendo al unísono un elevado nivel de reservas equivalentes por demás, a los montos de nuestra deuda externa. Ningún país latinoamericano puede mostrar cifras parecidas a las de Venezuela, dando de esa manera muestras de la fortaleza que puede impulsar su crecimiento y crédito externo.

De mantenerse el flujo petrolero a los niveles actuales el BCV podrá suplir las divisas necesarias para el normal funcionamiento de nuestra economía con montos de ventas que podrían alcanzar los 16 mil millones de dólares anuales, cantidades por demás adecuadas para una recuperación paulatina y creciente de nuestro aparato productivo, correspondiéndole de ese monto un 70% a las importaciones.

Riesgo país

Otro de los indicadores que refleja el mejoramiento y la recuperación del aparato productivo es el denominado riesgo país o riesgo soberano. Para tener una idea de las variaciones del mismo utilizaremos el denominado indicador EMBI Plus expresado en puntos básicos. [3] A principios del año 2003 en momentos cuando se tomaron las medidas de control de cambio su valor alcanzaba un máximo de 1.412 puntos básicos. A partir de ese valor el mismo ha tenido una curva descendente hasta llegar a finales de diciembre de 2004 a 415 puntos básicos siendo comparable con los que se le asignan a países como Brasil 488 y a Colombia con 412.

En otro rango se encuentra México con 194 y muy fuera de escala la Argentina con cifras de 5.473 que le hacen prácticamente imposible a este país tener acceso a los mercados internacionales pues la tasa que tendrían que pagar superaría prácticamente un 60% anual. El valor del EMBI Plus de Venezuela es el más bajo durante el actual período de gobierno y debe llegarse hasta finales del 1997 para encontrar valores similares. Comparado con el valor máximo alcanzado por Venezuela de 2.703 puntos básicos el 3 de septiembre de 1998 su valor actual es 6,5 veces menor, aunque todavía es 2,13 veces mayor al alcanzado el 3 de octubre de 1997.

Las diferentes emisiones realizadas por la República son muestra efectiva de la solidez de sus pagos y la fortaleza en poder honrar a sus compromisos, los cuales no se han dejado de realizar ni aún en las peores circunstancias del sabotaje petrolero cuándo la producción quedó paralizada en la práctica. Al disminuir las tasas de interés que debería pagar la República para tener acceso a recursos externos que permitan honrar sus compromisos, disminuye el costo y en consecuencia se liberan recursos que pueden ser invertidos en la economía, reforzando de esa manera la reactivación en curso.

Fuerza de trabajo

De acuerdo al informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) en cuanto a los indicadores de la fuerza de trabajo para el primer semestre de 2004 el total de ocupados representaba la cifra de 10.035.741 ocupados, un 83,4%, y la población desocupada con un total de 2.000.591 personas.

Según la clasificación de las ramas económicas, nueve en total, que comprenden lo agrícola, los hidrocarburos, la manufactura, electricidad, gas y agua, construcción, comercio, transporte, financiero y los servicios, la rama que mayor fuerza de trabajo aporta sobre la ya ocupada es la de los servicios comunales, sociales y personales con un 31%, como segunda rama el comercio al mayor, por menor, restaurantes y hoteles con un 24,2%.

La tercera rama es la industria manufacturera con un 12%, la cuarta, las actividades agrícolas, pecuarias y la caza con 10,4%. La quinta el transporte, almacenamiento y comunicaciones con un 8,6%. La sexta es la construcción con un aporte del 7,2%. La séptima corresponde a los establecimientos financieros, seguros, bienes inmuebles y servicios prestados a empresas con 4,9%. El resto de las ramas tienen un aporte muy bajo en relación a los anteriores.

Esta ordenación decreciente del tamaño de la fuerza de trabajo resulta diferente a la de los niveles de desocupación, en términos porcentuales, en las diferentes ramas de actividad, donde el primer lugar lo ocupa la construcción con un 29,3%. En segundo lugar la explotación de hidrocarburos, minas y canteras con 24,4% y en tercer lugar los establecimientos financieros, seguros y bienes inmuebles con un 16,9%. Luego siguen cuatro ramas con valores algo similares el comercio, restaurantes y hoteles con una tasa de 15,7%, la industria manufacturera con 15%.

La suma de las ramas de servicios comunales, sociales y personales junto a la fuerza de trabajo dedicada al comercio alcanza un 53,9% del total, si a ello le agregamos lo correspondiente a la parte financiera, un 5% adicional, el gran total de estas tres ramas llega a cerca de 59%. Por otro lado la sumatoria de la fuerza de trabajo agrícola y la industrial 21,2% apenas alcanza la tercera parte de las tres primeras ramas arriba mencionadas.

¿Nos encontramos ante una economía de servicios?. Bastaría compararlo con algunos patrones internacionales para desvirtuar semejante afirmación. Desafortunadamente nuestro aparato productivo continúa anclado a la renta petrolera, la rama de los hidrocarburos apenas emplea un 0,6% del total de la fuerza de trabajo unas 75.000 personas con una alta tecnología y con una relación capital producto expresada en millones de dólares.

No hay proporción entre una industria que todavía no supera los márgenes del subdesarrollo aún cuándo existan islas de excelencia en diferentes sectores y subsectores. El desarrollo aguas abajo ha sido y seguirá siendo una vieja aspiración de un circuito de acumulación que se cierra fuera de nuestras fronteras.

El tamaño del mercado, la insuficiencia de la demanda interna, la necesidad de integrarse a otros países con igual o similar desarrollo sigue estando ligado a posibilidades. Hoy en día las fortalezas que brinda la integración a Mercosaur abre nuevas ventanas para que la integración deje de tener las llamadas asimetrías siempre presenten cuando se trata de otros países de mayor capacidad productiva y tecnológica.

Una rama que adquiere especial significación en el caso venezolano es el de la construcción. La fuerza de trabajo referida a esta rama apenas pasa del millón de personas, y en términos relativos el número de desocupados llega a un 29,3% del total.

La construcción corresponde a la rama donde el porcentaje es mayor y resulta significativo compararlo con la agricultura donde la desocupación sólo llega a un 7,7% del total de la fuerza de trabajo correspondiente a esa rama de actividad. Pero así como la construcción marca el tope del desempleo relativo igualmente es cierto que el sector ha venido mostrando una recuperación en el producto interno bruto durante el año 2004. El tipo de trabajo generado por la construcción requiere menor capital por unidad laboral y su reactivación durante lo que va del año disminuirá la cifra de manera considerable.

La distribución de la población económicamente activa que nos da el INE para el primer semestre del 2004 ha sufrido variaciones al contrastarla con los valores que se tienen para septiembre de 2004. Sin poder conocer con exactitud cuál es el margen de variación dado que las estadísticas mensuales del INE no las muestran, es significativo que en el último año se han creado unos 853.434 nuevos puestos de trabajo que incluyen por un lado, la absorción del crecimiento vegetativo de unos 433.949, junto a la disminución del desempleo abierto por una cantidad de 419.485 personas.

Si comparamos las cifras correspondientes al segundo y tercer trimestre del año 2004 algunos comentarios son dignos de resaltar. El orden de mayor a menor en cuanto al índice de desempleo ahora medido en términos trimestrales preserva los primeros lugares para el sector de la construcción y luego al de la explotación de los hidrocarburos, minas y canteras. Sólo que los niveles de desocupación disminuyen siendo para el primero 26,2% bajando del segundo trimestre de 29,0%, y en el segundo, disminuye de 24,4% a 19,5%. Con ello se muestran los signos de la reactivación en curso.

Descendiendo en orden jerárquico se encuentran los establecimientos financieros que disminuyen del segundo al tercer trimestre del 2004 de 16% a 13,8%, luego la industria manufactura de 14,5% a 13,2%, el comercio, restaurantes y hoteles de 14,4% a 12,6%, los servicios comunales, sociales y personales de 13,3% a 12,6%, y finalmente el transporte, almacenamiento y comunicaciones de 12,6% a 11,7%. Se confirma una disminución en el desempleo para todos los sectores en su variación intertrimestral del segundo al tercer trimestre del 2004, en una tendencia que continuará producto de la entrada de la temporada navideña.

Desocupación e inflación

De hecho en el mes de diciembre de 2004 el desempleo abierto, disminuyó en unos 1.9 puntos de la cifra alcanzada en noviembre lo que ubicó a finales de año una cifra de 10,9%. La tendencia cíclica correspondiente a las fiestas navideñas contribuyó en esa dirección y si a ello le agregamos el impulso del crecimiento de la economía que podrá superar el 12% para el producto interno bruto anual, dichas cifras no marcan más que una expectativa que se va volviendo realidad, en un año de clara recuperación del aparato productivo.

El aumento generalizado de precios continúa afectando al aparato productivo venezolano. Nos encontramos en un nivel de inflación medio al promediar el 20% de tasa interanual. Durante la vigencia del presente período de gobierno el máximo ocurrió durante el 2002 cuándo alcanzó un 31,2% similar a la tasa que existió al inicio del gobierno cuándo se encontraba en 30%. La misma pudo disminuir a 20% en 1999, 13,4% en el 2000, 12,3% en el 2001 para luego subir la cuesta a los valores iniciales. Ahora de nuevo durante el 2004 nos encontramos en un ciclo descendente que llevó a ubicar la inflación en 19,2%, luego de alcanzar un pico de 38,7% en febrero de 2003.

De allí en adelante la tendencia ha venido disminuyendo para llegar al valor anualizado de diciembre en 19,2% con la última cifra publicada por el BCV en el Índice de Precios de la Zona Metropolitana de Caracas. Tal valor es menor al previsto en el presupuesto del 2004 cuando se estimaba una tasa de inflación de un 26%.

Zona de inflación media lejana a la que se tuvo a mitad de los noventa cuando superó la barrera de los tres dígitos. En el caso venezolano sabemos las características del fenómeno inflacionario con su alto componente inercial, ligado a las expectativas tanto racionales como ¨irracionales¨ y fundamentado en la estructura del aparato productivo ligado a la renta y a los vaivenes de los valores de la exportación petrolera. Muchos son sin duda los determinantes de tan complejo fenómeno también ligado a la rigidez presupuestaria y la capacidad de oferta de nuestra economía interna.

Sabemos igualmente el alto peso que tiene dentro de la canasta el componente de alimentos con un 22,9% y cómo afecta a los sectores de menores ingresos dichas variaciones.

Cuando menos debemos mencionar dos elementos institucionales que han permitido balancear el aumento de los precios durante el año 2004. Por un lado, la franquicia Mercal que ha logrado una distribución de alimentos cercana a las cuatro mil toneladas diarias, con centros de acopio y variados tipos de lugares de distribución hasta llegar a las bodegas. Aproximadamente 8 millones de personas han sido tocadas por este sistema distributivo donde los precios se encuentran en promedio un 40% por debajo de aquellos del libre mercado.

La posterior creación del Ministerio de la Alimentación con sus nuevos retos pondrá en tensión los logros alcanzados hacia nuevas metas tal de aumentar la eficacia de esa distribución de un 35% de los alimentos a nivel nacional, y mejorar la eficiencia, calidad y cantidad de productos. Nada de eso será posible si no se cuenta con un profundo y arraigado control social de la población que evite la corrupción, malversación y acaparamiento de productos tan necesarios para la vida de los que menos tienen. La influencia de Mercal será uno de los puntos de apoyo en la lucha contra la inflación.

Perspectivas

Desde el punto de vista constitucional la ratificación del período presidencial hasta finales del 2006, define un lapso donde se espera lograr un crecimiento continuado que forma parte del proceso de reactivación en curso [4]. La estimación del PIB real para los próximos tres años se estima entre un 4 y un 6%, con una inflación decreciente en un rango que va de 15 a 18% para el 2005, 12 al 15% para el 2006 y entre 10 y 13% para el 2007. En cuanto a los precios petroleros para el año 2005 se encuentran en un rango entre 20 y 26 dólares el barril, mientras que para los años sucesivos se espera un rango entre los 17 y los 23 dólares el barril.

Por cuanto se refiere a la producción y la exportación petrolera se estima un crecimiento progresivo que va de un mínimo para la producción de 3.300.000 barriles diarios hasta un máximo de 4 millones en el 2007. De igual manera en cuanto a la exportación el rango para el mismo período va desde 2.800.000 en el 2005 hasta un máximo de 3.400.000 barriles diarios en el 2007.

El ciclo de crecimiento esperado en Venezuela no solamente se encuentra fundamentado en unas variables que son esenciales, los precios y volúmenes de producción y de exportación del petróleo. A partir de ciertas estimaciones como las formuladas en el Marco Plurianual del Presupuesto es posible determinar junto a los valores estimados de la inflación y el producto unos volúmenes de ingresos y gastos que giran los primeros alrededor del 25,1% del PIB para el año 2005 con una tendencia a la disminución hasta un valor de 22,4% del PIB en el 2007.

En cuanto a las dimensiones del gasto se calcula una tendencia también decreciente que parte de 26,6% del PIB en el 2005 para llegar a un 24,9% en el 2007. De allí se estima un nivel de inversión por parte del gobierno central que resulta una cifra modesta al no superar el 2,6% delPIB. El cálculo de un nivel de inversión total para poder alcanzarlos niveles de crecimiento deben encontrarse en el orden de 11% del PIB, para el total de la inversión pública y un 7% del PIB para la inversión privada. La inversión como motor del crecimiento en el nuevo ciclo es fundamental para poder alcanzar el PIB estimado. En esta dirección Venezuela se encuentra aún dentro del ciclo de largo plazo de desinversión que comenzó hace ya casi un cuarto de siglo.

En esta dirección la implementación de una serie de políticas ya identificadas como palancas y propulsores del desarrollo se hace indispensable.

Lograr la diversificación productiva con inclusión social requiere desde el punto de vista de la inversión pública la continuidad de las compras del Estado, del Plan de Siembra, del gasto e inversión de Pdvsa, de la inversión en infraestructura, de un funcionamiento adecuado del sistema de financiamiento público ahora integrado a través de la acción del recién creado Ministerio para el financiamiento del desarrollo endógeno. Igualmente los recursos provenientes de la Ley de Endeudamiento para el período y la utilización adecuada del Fondo de Pdvsa para el desarrollo económico social, son puntos importantes. En el campo de la inversión pública algunos focos que agrupan diferentes políticas pudieran mencionarse.

Por un lado se encuentran las relaciones que se establecen entre la democratización del estado con el incremento de la participación de diferentes tipos de unidades de producción, tales como cooperativas y otras pequeñas unidades cuando se trata de democratizar la demanda del estado. Por otro lado se tienen otras relaciones entre políticas que privilegian el desarrollo endógeno junto a la adquisición de insumos en la industria nacional y el aumento y mejoramiento de la calidad del financiamiento público. Las relaciones entre estas y otras políticas conducen a hacer más eficaz y eficiente el uso de los recursos de tipo público.

La diversificación productiva igualmente requiere del concurso del sector privado a través de otra serie de políticas de tipo laboral, fiscal, comercial y de intermediación financiera. En particular es conveniente señalar a modo de ejemplo las relaciones que se establecen entre el tipo de importaciones permitido a través del existente control de cambio, el nivel de protección y subsidio a condiciones específicas que deseen promoverse a nivel nacional, junto al establecimiento de precios para ciertos productos de tipo básico, en particular los de naturaleza agrícola.

Vivir del petróleo

Para un venezolano que haya vivido durante el siglo XX o para quienes se aproximan al mundo durante el siglo y milenio que recién comienza el titulo del articulo parecería obvio. Del petróleo continuamos viviendo los venezolanos y seguramente aún con las más pesimistas visiones lo harán quienes se encuentren en las dos, tres o mas generaciones de pobladores de esta tierra de gracia.

Todavía lo más ardorosos defensores del fin de la época petrolera hablan de algunas décadas por venir donde el rico recurso agotable seguirá ejerciendo sus influencias para mover un aparato productivo “voraz” desde el ángulo energético consumidor de ese preciado “oro negro”. Fagocitar este hidrocarburo seguirá marcando la pauta hasta el momento en que la humanidad no logre desplazarlo con otras fuentes energéticas llámense hidrógeno, gas, de origen biológico, propiamente nuclear con sus incidencias suficientemente conocidas, o provenientes de recursos renovables como el viento o el propio sol nuestro de cada día.

Vivir del petróleo no solo es disponer de inmensos privilegios producto de las divisas y del favorable intercambio entre exportaciones e importaciones petroleras, el financiar la mitad o en cifras similares el ingreso fiscal de país, o tener acceso a productos como la gasolina a niveles muy por debajo de los precios internacionales, y así tanta otras ventajas que se pierden de vista al compararlas con lo que deben producir otras naciones que no disponen de este tipo de recursos. Vivir del petróleo es un privilegio que hemos tenido los del siglo pasado y los que comienzan a vivir ahora en estos nuevos tiempos.

Pero vivir del petróleo también implica grandes responsabilidades para la generación actual y las futuras por venir. La famosa y manida frase de sembrarlo resuena y retumba en al conciencia de millones de venezolano en cuanto a la responsabilidad de cada quién en asumir las que le corresponden y le han correspondido a lo largo de este siglo de aprovechamiento de tipo rentístico más que productivo. Nadie se encuentra exceptuando de responsabilidad alguna. El llamado “excremento del diablo” por quien fuera padre de la misma OPEP llama a severa y permanente reflexión sobre el asunto.

Claro está que la acumulación de riqueza por parte de algunos en desmedro de la miseria de otros no solamente puede explicarse por criterios estrictamente individuales de captación de los excedentes que el petróleo ha generado. El llamado “clientelismo distributivista” como explicación de lo ocurrido también lleva algo de razón, las migajas del excedente en algo han tocado hasta los más míseros ciudadanos de la patria... ¿Cómo distribuirlo mejor y de manera más equitativa?, ¿Cómo alcanzar ese proceso de justicia distributiva en el más corto tiempo?, ¿Cómo salir de este atolladero histórico?, ¿Cómo seguir viviendo del petróleo de manera corresponsable, tal como lo intuye la propia Constitución Bolivariana?.

La transición político-social que vive Venezuela y el uso de los recursos petroleros con un carácter colectivo y no para el enriquecimiento de unos pocos resulta clave en esta etapa que vive el país. Tratar de cancelar la deuda social acumulada con criterios de inclusión social es una de las estrategias más significativas de la propuesta de desarrollo actual. Lograr un equilibrio social justo resulta una esperanza que comienza a cumplirse a partir de la creación de igualdad de oportunidades reales para la mayoría de la población excluida de los bienes y servicios esenciales para la existencia. Por eso el éxito de las Misiones sociales que superan ampliamente en pertinencia, impactó el presente y futuro de esos millones de personas que tienen acceso, tal vez, en mucho tiempo a servicios de primera calidad en la salud y educación.

Desde Barrio Adentro, hasta todas las misiones que tocan lo educativo desde Simoncito hasta la Sucre, pasando por Robinson I y II, y Ribas han resultado un antídoto contra el clientelismo de viejo cuño. Mientras la población cada vez adquiera más conciencia de sus derechos ciudadanos especificados en la Constitución, y mientras la defensa de los mismos se haga patente en la conciencia de cada quién se podrá pensar que este proceso de transición política pueda continuar de manera permanente, para lograr estadios superiores como lo represente una transformación que logre superar los límites de un aparato rentístico y permita hacerlo realmente productivo.

No nos hacemos ilusiones, este proceso constituyente se podrá consolidar en la misma medida en que la mayoría de la población adquiera verdadera conciencia de su potencial y también de sus derechos y deberes, los cuales no solo se quedan en los límites geográficos de Venezuela. La historia de este país así lo demuestra en su fuero libertario lo muestra de manera heroica sin cortapisas ni eufemismos. Tierra de libertadores que nunca ha mostrado interés de conquista de otras latitudes, y ello pesa ante la prepotencia mostrada hasta la saciedad por otras latitudes también en lo que concierne a vivir del petróleo aunque sea ajeno y allende los mares, a miles de kilómetros de distancia.

Ese evidente contraste entre el espíritu libertario de antaño con el uso del recurso de vivir corresponsablemente del petróleo hoy en día, contrasta abiertamente con las necesidades y pretensiones de usar dicho recurso en términos casi mesiánicos para justificar patrones de crecimiento de economías que se hacen inviables por la voracidad que muestran en cuanto al patrón energético. Resulta de ello una especie de contraposición programática esencial de cómo vivir del petróleo en el mundo actual.

De lo esencialmente político, como fase actual de transición del régimen venezolano, a la posibilidad y necesidad de una transformación del aparato productivo que pase de una fase rentística a otra de tipo productivo. He allí una nueva manera de vivir del petróleo en los tiempos actuales, de eso se trata como un reto más que se plantea en el caso de Venezuela, al tratar de diversificar su economía y convivir en un mundo multipolar.

[1] De un total de 14.037.900 electores, los votantes fueron 9.815.631 confirmando al Presidente de la República con el NO, 5.800.629 electores, mientras que el SI para revocarlo obtuvo una votación de 3.989.008 electores.

[2] En esta oportunidad el número de electores inscritos fue de 14.220.111. Para la elección de 22 gobernadores, 336 alcaldes y 229 diputados de los Consejos Legislativos fueron postulados 8.509 candidatos, lo que da una idea de la diversidad del proceso de elección

[3] El índice EMBI Plus pondera de manera diferente a los llamados países emergentes. Los que tienen mayor peso son primero Brasil con 22,9%, México con 19,4%, Rusia con 16,9%. El peso asignado a Venezuela es de 6,2% del total. Los puntos básicos deben leerse divididos por cien y expresan la tasa de interés que debe sumarse a la del bono norteamericano que se supone tiene riesgo cero

[4] “Documento informativo del Marco Plurianual del Presupuesto para los ejercicios fiscales 2005-2007”. República Bolivariana de Venezuela