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El conflicto de Darfur, que prolonga veintiún años de guerra civil sudanesa, ya ha provocado el desplazamiento de cerca de 1,2 millones de personas y la muerte de al menos otras 30,000. El conflicto no sólo opone al gobierno y los rebeldes, sino también a un conjunto de milicias, mal identificadas que persiguen intereses diferentes. Organizaciones regionales como la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) y luego la Organización de la Unión Africana (OUA) propusieron mediar y crearon un embrión de fuerza de mediación. Sin embargo, los progresos realizados son muy insuficientes. Las matanzas continúan [1].

En ese contexto, los Estados Unidos han iniciado una vasta campaña de comunicación para sensibilizar a la comunidad internacional ante este drama. Pero su análisis del conflicto difiere notablemente del de las organizaciones regionales. Washington presentó un proyecto de resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que preveía ejercer sanciones contra el gobierno de Jartum si no ponía fin a la crisis. El texto fue rechazado por Rusia y China que impugnan el análisis del conflicto y la opción de las sanciones.

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La Asociación de Abogados Norteamericanos (asociada a la Freedom House [2]) y la Coalición para la Justicia Internacional (vinculada a George Soros [3]) realizaron una encuesta a los refugiados en Chad. En su opinión, el conflicto se resume a una tentativa de exterminio de los habitantes no árabes por los árabes (gobierno de Jartum y milicias). El Departamento de Estado difundió esas conclusiones y sirvieron de documentación a Colin Powell para calificar la situación de «genocidio» ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense.

Powell se esforzó por crear un consenso políticamente correcto sobre la necesidad de una intervención en Sudán y enfatizó que se trataba en realidad de un genocidio de los negros por los árabes. El Secretario de Estado, que disponía en ese sentido de un apoyo bastante amplio en el Congreso, lugar en donde se ignora por completo que se pueda ser a la misma vez árabe de cultura y negro de raza [4], introdujo entonces su proyecto de resolución en la ONU con miras a que se adoptaran sanciones. En este caso, pensaba decretar un embargo sobre el petróleo sudanés en detrimento de las compañías chinas e indias que lo explotan.

Si bien las maniobras estadounidenses son fáciles de interpretar, es difícil hacerse una idea precisa de la realidad de las fuerzas presentes en la medida en que sólo el punto de vista de las grandes potencias se expresa en los medios de comunicación occidentales. Nos interesamos por conocer el punto de vista del gobierno sudanés. También convendría conocer el de los rebeldes, pero no pudimos obtenerlo. No obstante, el lector podrá ya formarse una opinión más equilibrada de los acontecimientos.

Entrevista al Dr. Fodel Tijani, ministro de Estado para las Relaciones Exteriores de la República de Sudán

Voltaire: ¿Cuál es la historia del conflicto en la región de Darfur?

Dr Fodel Tijani: Ante todo, permítame mencionarle el hecho de que yo mismo soy originario de Darfur así como otros siete ministros del gobierno sudanés. La situación de conflicto que reina actualmente en Darfur tiene su origen en las rivalidades tradicionales que han degenerado en un conflicto mortífero bajo la influencia de nuevos factores agravantes.

Existía en Darfur, como en otras regiones del mundo, una rivalidad tradicional entre poblaciones sedentarias y poblaciones nómadas por el control de los accesos al agua y a los pastos. Esas situaciones eran manejadas habitualmente por arbitrajes confiados a los jefes tradicionales, pero estos vieron, bajo el efecto de la modernización de las relaciones sociales, que sus influencias disminuían, lo que esta vez les impidió imponer un compromiso aceptable para las dos partes.

A ello hay que añadir que región de Darfur enfrenta un grave problema del avance del desierto, lo que torna la competencia por el acceso a los pastos y al agua cada vez más exacerbada y el aumento de la población también contribuye a esa espiral. Anteriormente, las tensiones eran poco mortíferas ya que los protagonistas utilizaban armas blancas, mientras que hoy, a raíz de las guerras civiles que han tenido lugar en el pasado en Chad y en la República Centroafricana, es posible procurarse armas automáticas sin pagar caro, lo que multiplica el número de muertos en cada incidente.

Dado que el número de muertos aumenta, se hace imposible manejar las cosas como de costumbre. Durante el primer incidente grave que originó los problemas actuales, hubo unos cincuenta muertos de la tribu «Zagawoua» y unos quince entre los «árabes».

En otro tiempo, para solucionar semejante incidente, había que pagar con el «precio de la sangre», pero con tal cantidad de muertos se ha hecho imposible pagar el precio y los Zagawouas han solicitado al gobierno de Jartum pagar ese precio de sangre, lo cual rechazó para no entrar en una lógica que sólo alentaría multiplicar esa situación. La respuesta de las autoridades sirvió de pretexto a los rebeldes para que acusaran al gobierno de haber tomado partido por sus adversarios.

También existen manipulaciones políticas, como el papel desempeñado por Hassan El Tourabi, ex dirigente sudanés conocido por sus posiciones islámicas extremas y que rompió en 1999 con el gobierno de Jartum. Desde entonces, ha tratado de influir en la vida política apoyándose en un momento en la rebelión del Sur de Sudán y ayudando hoy a uno de los dos movimientos rebeldes de Darfur, el Movimiento Justicia e Igualdad.

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Refugiados civiles sudaneses.
Foto AI

Por otra parte, acabamos de descubrir, en el propio Jartum, escondites de armas instalados por militantes del partido de Tourabi. A eso se puede añadir que el conflicto en Darfur corresponde a los intereses del dirigente rebelde del sur, John Garang quien, pese a los acuerdos de paz que acaban de firmarse, intenta debilitar la posición del gobierno sudanés. Y, por último, existe el papel de la solidaridad tribal que explica que algunos grupos se beneficien de complicidades fuera de las fronteras sudanesas.

¿Cuáles han sido las reacciones de las autoridades locales al comienzo del conflicto?

Sudán es un Estado federal y los gobernadores de las tres provincias de la región de Darfur, que son originarios de la región, solicitaron al inicio que el gobierno central no enviara tropas a la región sino que dejara que los problemas los solucionaran las autoridades locales. Los rebeldes concluyeron entonces que podían aumentar la presión armada para establecer una correlación de fuerzas que les fuera favorable. Atacaron puestos de policía, asesinaron a 408 policías y 22 oficiales a fin de obtener las armas que les permitieron desafiar a las autoridades.

¿De dónde viene el nombre de «Janjawids»? ¿Acaso ese conflicto es una guerra entre negros y árabes?

Tradicionalmente en la región, existían los «Janjawids», es decir, grupos de bandidos que reclutaban en todas les tribus de la región pero, cuando la rebelión comenzó, el gobierno no quería enviar al ejército y recurrió a voluntarios para formar las milicias locales. Estas provienen de todas las etnias de la región pero, para sembrar la confusión, los rebeldes las llamaron «Janjawids».

Sin embargo, también hay que decir que las milicias utilizan el término de «Tora-Bora» (en alusión al refugio afgano de Bin Laden en Afganistán) para designar los grupos rebeldes. Esas milicias pro gobierno nunca se han formado sobre una base tribal o étnica y el gobierno jamás armó ninguna sobre una base étnica. La idea de que pueda existir un conflicto entre «Negros» y «Árabes» no tiene sentido, en la medida en que la totalidad de la población de Darfur es musulmana sunnita y que los matrimonios entre sí han llevado a la población local a mezclarse completamente por lo que no hay árabes de un lado y negros por el otro.

En cambio, existen poblaciones sedentarias y poblaciones nómadas, todas de origen étnico mezclado. La tribu en Darfur es una realidad social y no una realidad étnica.

¿Cuáles son los objetivos políticos de los rebeldes?

En realidad sus objetivos políticos son poco precisos y se limitan a vagas exigencias, por lo general muy exageradas, relativas a la división del poder y de las riquezas con el gobierno central. Empero, en su conjunto, la rebelión es de esencia local, sin programa ni nacional ni separatista. Trata de convertirse en un medio de presión aprovechando, a través de la crisis humanitaria, el apoyo de potencias externas para negociar subsidios y cargos en la administración en provecho de sus miembros.

Por su parte, el gobierno sudanés ha entablado negociaciones, de acuerdo con la ONU, con les rebeldes. Sin embargo, las sanciones decretadas por los EE.UU. contra Sudán llevan a los rebeldes a no negociar para aumentar la escalada.

¿Cuáles son los organismos que intentan ayudar a buscar una solución pacífica?

Ante todo la Organización de la Unión Africana, la cual, por intermedio de su Consejo de Seguridad, está a cargo del problema y ha elaborado una serie de iniciativas de paz que han chocado con las maniobras de los EE.UU. cuyos objetivos en Sudán no parecen ser pacíficos por el momento.

Esa situación puede también tentar a algunos dirigentes del sur del país a que cuestionen los acuerdos de paz firmados recientemente a fin de obtener más de lo que han obtenido a raíz de un extremadamente largo y muy difícil proceso de negociaciones y de compromiso.

¿Cómo el gobierno de Sudán prevé la restauración de la paz en Darfur?

El gobierno ha enviado a esa región 12,000 policías. Trata de lograr el desarme de sus milicias contra el acantonamiento de las fuerzas rebeldes en espacios definidos, lo que permitiría detener el conflicto y negociar una salida pacífica. Pero los rebeldes exigen el desarme de las milicias a la vez que quieren continuar desplazándose libremente a través del territorio para poder tratar de controlarlo. La Unión Africana ha apoyado la posición de Jartum a favor de un desarme simultáneo de los dos protagonistas.

¿Cuál es la situación de los desplazados?

Algunos se han refugiados en Chad, otros en diferentes regiones de Darfur, otros en las ciudades. Hay que destacar el hecho que, en contra de las acusaciones de genocidio, muchos desplazados se han ido a refugiar a las zonas controladas por el gobierno, lo que demuestra claramente que esas poblaciones no ven en el gobierno un poder genocida sino más bien un poder protector. Hoy existen, según cifras de la ONU, un millón de habitantes de Darfur que son desplazados, de una población total de 5 millones de residentes.

¿Por qué razón las autoridades de Washington parecen atizar el conflicto?

En primer lugar, existe la coyuntura electoral. Se trata de dar muestras, en la situación actual, frente a algunos electores de los Estados Unidos, de firmeza antiárabe a la vez que se trata de acreditar ante los electores de la comunidad afronorteamericana estadounidense la idea de que el gobierno [administración Bush] de los Estados Unidos se interesa por la defensa de los negros en el mundo. También Washington necesita desviar la atención de la opinión mundial de los conflictos en Irak y Palestina devolviendo a los Estados Unidos un rostro de «país defensor de los derechos humanos».

Y luego, está el petróleo en Chad y en Libia, dos países vecinos y todo indica, por consiguiente, que en Darfur también existe, aún cuando todavía no se ha podido realizar ninguna investigación en el terreno. También se puede suponer que los satélites norteamericanos quizás hayan descubierto ese petróleo.

Por el momento, el petróleo explotado en Sudán lo es a través de la participación de China, Malasia y de una sociedad sudanesa. Una compañía canadiense participaba en su explotación, pero se retiró bajo la presión de los Estados Unidos. Sabemos que los Estados Unidos quieren controlar la explotación y el transporte de petróleo en todas partes en el mundo.

Las compañías de los Estados Unidos fueron las primeras en descubrir petróleo en nuestro país, pero, al pensar que no tenían competidores, exigieron de nuestra parte condiciones inaceptables para su explotación, lo que nos llevó a buscar y finalmente concertar una asociación con China, algo que no es del agrado de los Estados Unidos. Además, ya tuvimos el bombardeo de la empresa farmacéutica de Jartum por la aviación de los EE.UU en 1998 con un pretexto que incluso Washington ha reconocido hoy día como falso.

Se acusa al ejército sudanés de haber bombardeado poblados de Darfur.

Hay que saber que en Darfur no existen bosques y que por lo tanto los rebeldes se reagrupan en los alrededores de los poblados existentes y que, cuando la aviación sudanesa bombardea sus posiciones, se refugian en los pueblos donde el menor incidente desemboca en un incendio generalizado ya que los poblados son construidos con paja.

El gobierno sudanés ¿acaso no perjudicó ampliamente a Darfur en el pasado, lo que justificaría la rebelión?

Como ya le he dicho, en el seno del gobierno, somos ocho los ministros provenientes de Darfur. Además, algunos rebeldes también han ocupado cargos en el gobierno. En cambio, existe en Darfur un grave problema de subdesarrollo que no ha podido solucionarse debido a la larga guerra del Sur que ha gravado el presupuesto del Estado y ha traído como resultado que, debido a las sanciones económicas establecidas bajo la presión de Washington, Sudán no ha podido tener acceso durante diez años a las diferentes ayudas para el desarrollo.

Por consiguiente, Sudán ha sido una víctima constante de la política unilateral de una gran potencia.

¿En qué medida la posición del gobierno sudanés es corroborada por instituciones neutras?

EL Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ha realizado una misión de investigación en Darfur y en los campos de refugiados en Chad. Esta misión redactó un informe en el que precisa que las violencias que se han producido en Darfur no pueden considerarse como un intento de depuración étnica. Asimismo, la Liga Árabe, Médicos sin Fronteras, la Organización de la Conferencia Islámica y la Unión Africana también elaboraron documentos desmintiendo que hubiera genocidio actualmente en Sudán.

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El secretario de Estado de los EE.UU., Colin Powell.

Incluso el secretario de Estado de los EE.UU., Colin Powell, admitió, de entrada, que el gobierno sudanés hacía esfuerzos loables para tratar de encontrar una solución al problema, hasta que la presión procedente de los elementos más duros, en especial del Senado de los Estados Unidos, lo lleva a hacer declaraciones utilizando el término de «genocidio» para calificar el desorden y las violencias que reinan en la región.

El gobierno federal de Sudán continuará llevando a cabo su política de búsqueda de la paz, la independencia, la unidad nacional y de buena voluntad con todos sus ciudadanos y sus regiones, y tiene en cuenta los autores de violencia contra los civiles con independencia de su pertenencia.

[1] «Cessez-le-feu au Sudán» (Alto el fuego en Sudán) texto en francés, Voltaire, 12 de abril de 2004.

[2] «Freedom House: cuando la «libertad» no es más que un pretexto», Voltaire, 3 de enero de 2005.

[3] «George Soros, especulador y filántropo», Voltaire, 15 de febrero de 2004.

[4] Los árabes son las personas de lengua materna árabe. Los negros son las personas de piel negra. Al convertirse al Islám, los negros aprendieron el árabe. Además, el Islám favoreció los matrimonios entre semitas árabes y negros. En resumen, los análisis raciales no dan cuenta de la realidad humana, pero revelan la ideología de los que se refieren a ello.