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Llegó la hora de que, tú, una de las tres personas de la Santísima Trinidad (y no la tercera, pues no hay jerarquía en la comunión de Amor) vuelvas otra vez a Roma. Imagino que no será tarea fácil quebrar resistencias cardenalicias y, entre tantos intereses geopolíticos, hacer que predomine tu voluntad.

Dentro de poco los 117 electores del nuevo papa estarán encerrados en el Vaticano. Dos veces al día irán a la Capilla Sixtina y, bajo los frescos de Miguel Ángel, cada uno colocará su voto en una patena. En los primeros quince días, será elegido quien tenga los dos 2/3 de los votos más 1. Después, bastará la mayoría simple.

Supongo que el embate inicial será entre los cardenales italianos y los demás cardenales. Aquellos no se conformaron con haber perdido el monopolio del papado conquistado en 1522. Hubo 44 papas italianos seguidos hasta que apareció Wojtyla como la excepción a la regla. ¿Darán los electores una nueva oportunidad a los demás continentes? Es un hecho que la mayoría de los papas ha nacido en Europa, pero África ya ha tenido tres. ¿No será la hora de que América Latina, que concentra el 52% de los católicos, merezca las sandalias del Pescador?

Tengo mi preferido: don Cláudio Hummes, cardenal de São Paulo, con quien trabajé siete años como responsable de la Pastoral Obrera de ABC. Puedo entender por qué él figura entre los preferidos: todo parece indicar que los cardenales no elegirán a alguien tan joven como Wojtyla, coronado a los 58 años, ni tan mayor que haya riesgo de tener en breve un nuevo cónclave.

El próximo papa saldrá del grupo situado entre los 65 y 73 años, políglota, con buen tránsito en la Curia Romana y, sobre todo, ortodoxo en materia doctrinal y de trato fácil con los medios de información y con el público. Don Hummes se encuadra en todos esos criterios. En general, los ortodoxos son poco comunicativos y los buenos para los medios de comunicación, progresistas. Hiciste muy bien al inspirar a Juan Pablo II que excluyese del cónclave a los cardenales de más de 80 años, en general conservadores.

Tú sabes que el grupo lingüístico pesa mucho dentro del cónclave. No todos los cardenales hablan varios idiomas, de modo que allí dentro los pactos se hacen por identidad vernacular. Y los de habla hispánica, entre los que se incluyen los cuatro electores brasileños, son 38. Número considerable para hacer que la balanza pese a favor de América Latina.

Están fuera de juego los cardenales estadounidenses, debido a los casos de pedofilia y la oposición del Vaticano a la agresión de Estados Unidos a Irak. Los italianos jamás apoyarían a un francés. Como hoy la meta de la Iglesia Católica es ampliar el número de sus fieles en África y en Asia, quién sabe si nos brindarás un papa negro o de ojos rasgados...

Ojalá tu soplo sea lo bastante fuerte para romper, en el nuevo sucesor de Pedro, resistencias respecto a la moral sexual, el celibato facultativo, el papel de la mujer en la Iglesia, las células-tronco, la bioética, temas congelados en el debate interno de la Iglesia. Todos ansiamos un papa que anteponga el Evangelio al derecho canónico, la alegría al dolor, el diálogo interreligioso a la apologética, el pan a la cruz, el amor a la ley, la espiritualidad a los preceptos.

Lo que pocos saben es que los candidatos no son únicamente los 117 electores. Son todos los católicos de sexo masculino. Basta ser hombre y haber sido bautizado en Iglesia Católica. Como Gregorio Magno, prefecto de Roma, elegido en 590.

Ven, divino Espíritu Santo, y renueva la faz de tu Iglesia, para que ella sea de hecho, como Jesús quiso, luz del mundo y fermento en la masa.

Traducción: María José Gavito