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Aunque la secretaria de Estado de Estados Unidos no aterrizará en territorio venezolano en su gira por cuatro países de América Latina iniciada el 26, el gobierno de Hugo Chávez acompañará a Condoleezza Rice durante todo su itinerario.

Camino a Brasil, Rice respondió a una pregunta sobre si abordará el tema de Venezuela con sus contrapartes en este viaje: "queremos buenas relaciones con Venezuela. Hemos tenido preocupaciones sobre el comportamiento del régimen venezolano en términos de su desarrollo doméstico y su adhesión a la Carta Democrática de la OEA, y en términos de relaciones con sus vecinos".

Aunque señaló que Venezuela es sólo un tema entre muchos que se tratarán, y menciono sin ironía "nuestro compromiso con la democracia, con la no interferencia en los asuntos de nuestros vecinos", Venezuela ha sido tema constante y de mayor perfil que cualquier otro país latinoamericano en el gobierno de Bush.

Roger Noriega, subsecretario de Estado encargado de las Américas, reiteró la línea oficial del gobierno de Bush sobre Venezuela al dibujar la política estadounidense hacia América Latina ante el Senado a principios de marzo: "estamos muy preocupados porque la agenda personal del presidente Hugo Chávez podría minar las instituciones democráticas en casa y entre sus vecinos. A pesar de nuestros esfuerzos para establecer una relación de trabajo normal con su gobierno, Hugo Chávez continúa definiéndose en oposición a Estados Unidos". Agregó que "sus sospechosas relaciones con fuerzas desestabilizadoras de la región", su intento para concentrar más poder y su compra de armamento "son una preocupación mayor para el gobierno de Bush".

Ante esto, declaró: "apoyaremos elementos democráticos en Venezuela para que puedan continuar manteniendo el espacio político al que tienen derecho, y continuaremos incrementando la conciencia entre los vecinos de Venezuela sobre los actos desestabilizadores de Chávez con la expectativa que se sumaran a nosotros en defender la estabilidad, seguridad y prosperidad regional". Se supone que Rice promoverá, entre otras cosas, esta agenda en sus visitas a Brasil, Colombia, Chile y El Salvador esta semana. El problema para Washington, sin embargo, es que hasta la fecha no ha encontrado eco y menos aliados en América Latina (con la excepción de un par de países) en calificar al gobierno de Chávez como "una amenaza" y promover su aislamiento en la región.

Ahora la reciente decisión del gobierno de Chávez de suspender el acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos, vigente desde hace 35 años, ha intensificado la frustración aquí.

Ante la falta de apoyo en la región, y el hecho de que Chávez goza de aún más apoyo y que casi seguramente ganará su relección el año próximo, el gobierno de Bush ahora está considerando incrementar su apoyo a la disidencia interna, reportó el New York Times. El rotativo informó que hay un grupo de trabajo de varias agencias gubernamentales en Washington formulando una línea más dura hacia Venezuela, y cita a un funcionario estadounidense que participa en el diseño de la política hacia América Latina declarando: "les ofrecimos una relación más pragmática, pero obviamente si no lo quieren, podemos movernos hacia una línea de mayor confrontación".

Al parecer, esto implicaría regresar al intento de ofrecer más apoyo financiero a fundaciones, grupos empresariales, y agrupaciones políticas dentro de Venezuela, como se logró antes del referéndum, las elecciones y del fallido golpe contra Chávez.

La retórica estadounidense está elevando el tono agresivo después de un periodo donde se intentó reducir el perfil de este conflicto. A finales del mes pasado, por ejemplo, el vocero del Departamento de Estado Richard Boucher declaró que se están evaluando las acciones del gobierno de Chávez en torno a "las dificultades creadas para la oposición, dificultades creadas para los medios independientes, y por lo tanto dificultades creadas para la democracia en Venezuela". Además, la Casa Blanca ha señalado la reciente compra de armas y presuntos vínculos de Caracas con la guerrilla colombiana, y sobre todo la relación con Cuba como factores que provocan alarma. Toda esta retórica, entre advertencias de vínculos con grupos y países "terroristas" (FARC y Cuba, por ejemplo), como de amenazas contra la democracia dentro de Venezuela al parecer, se volverá a intensificar en Washington. Con ello se hablará más de esfuerzos para, como declaró el subsecretario Noriega, apoyar "elementos democráticos en Venezuela".

Para algunos críticos de la política exterior estadounidense, nada de esto es novedoso. Phillip Agee, el ex agente de la CIA y uno de los principales críticos de la política estadounidense en la región, recientemente comentó que "cuando Chávez fue electo por primera vez... no había duda de que Estados Unidos intentaría cambiar el curso de los eventos en Venezuela tal como lo hicieron en Chile y Nicaragua, y antes de eso, en varios países más". En entrevista con Venezuelanalysis.com hace unas semanas, Agee consideró que "Venezuela ciertamente no es el único país donde (se realizan) estas operaciones (estadounidenses) para fortalecer la sociedad civil, promover la democracia, educar a la gente en el proceso electoral, pero que solo son una disimulación, el propósito real es favorecer a ciertas fuerzas políticas sobre otras".

En octubre pasado, el Departamento de Estado respondió a una pregunta sobre Venezuela de una manera que parece subrayar la percepción de Agee y otros de que se está elaborando el mismo guión empleado en el pasado para justificar intervenciones en los asuntos políticos internos de otros países: "En torno a Venezuela, estamos preocupados por cualquier acción que pudiera impedir procesos democráticos libres e imparciales en el hemisferio. Nos preocupan los vínculos cercanos entre el gobierno de Venezuela bajo el presidente Hugo Chávez y el régimen de Casto y por la gran presencia de personal cubano en Venezuela. La experiencia pasada -como Nicaragua y Granada- demuestran que la presencia de Castro ha acompañado a una descomposición de procesos democráticos".

Pero el problema para Washington en Venezuela es diferente al que presentaba Nicaragua o Granada y hasta Chile por una sola cosa: petróleo. Entre la cúpula política estadounidense no hay consenso de cómo enfrentar el asunto simplemente porque Venezuela es el quinto poder petrolero del mundo y uno de los principales abastecedores de Estados Unidos (15 por ciento de las importaciones). O sea, no sólo está el hecho de que el gobierno de Chávez, como lo han señalado varios legisladores estadounidenses, fue democráticamente electo, sino que se está hablando de un poder petrolero vital para Estados Unidos y otros países, y todos saben que cualquier intento de desestabilización podría tener consecuencias adversas potencialmente severas para Washington y la región.

"En esta coyuntura es difícil discernir qué puede hacer Estados Unidos más allá de intensificar sus esfuerzos para convencer a otros líderes hemisféricos, como Brasil, de que está tanto en el interés de ellos como el de nosotros prevenir que el modelo Castro-Chávez se consolide en la región", dijo Lowell Fleischer, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en un comentario en Latin American Advisor, publicación diaria del Diálogo Interamericano.

La Jornada