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En las últimas décadas la política económica de nuestro país llevó a la enajenación de nuestro patrimonio, particularmente en el sector energético. Nuestra grave situación en este sector se enmarca en una crisis energética global, dentro de la cual el Prof. Gómez estima que EEUU impondrá su política.

Desde los años 70 la Argentina inició un largo camino de endeudamiento. Durante la dictadura militar se aplicaron las políticas económicas recomendadas por los expertos del FMI y del neoliberalismo, y allí comenzó la historia. El segundo capítulo de dicho proceso fue sin duda la década de los 90, en ese momento aplicando las mismas recetas, con los mismos asesores profundizamos la política de Martínez de Hoz y Cavallo, pero perfeccionada. Seguimos endeudándonos cada vez a mayor velocidad pero agregamos un nuevo condimento: las privatizaciones.

Las privatizaciones

Durante años nos dijeron que la causa de nuestra decadencia era entre otras cosas la existencia de un estado sobredimensionado e ineficaz, que un ejemplo de ineficiencia eran las empresas del Estado, verdaderos cánceres que devoraban todo esfuerzo productivo. Así, con gran eficacia, el gobierno de Menem inició el proceso de desmantelamiento del Estado.

El mensaje era claro y fuerte, y las condiciones óptimas para la política de privatizaciones que se emprendió en los 90. Por un lado una campaña mediática constante que contribuyó a disminuir las defensas nacionales, por otro el alto grado de anomia de la clase política y de la ciudadanía, resultante de la feroz hiperinflación que acabó con el gobierno de Alfonsín.

El pensamiento dominante en esos años era algo así como: “si la solución de nuestros problemas es privatizar sigamos ese camino”. Muy pocos alertaron que lo que se iba a perder era mucho mas que la ilusoria ganancia. Hoy como todos sabemos seguimos con la deuda y se ha destruido el sistema de empresas del Estado, así como gran parte de la infraestructura económica.

En resumen: el país perdió, los privatizadores “nacionales” ganaron (muchos son ahora millonarios), y los capitales extranjeros se hicieron una fiesta. El saqueo sufrido por nuestra patria no tiene comparación con ningún momento histórico del país. Hemos perdido la represas, las usinas termoeléctricas, el petróleo, el gas, los sistemas de transporte de gas, petróleo y electricidad, los ferrocarriles, las mejores rutas camineras, las radios, televisoras, bancos, subterráneos, flota marítima, flota aérea, silos y tantas otras cosas. Algunas posiblemente las perdimos para siempre como los casos del gas y el petróleo.

Acorralados

Hoy, en 2005, nos están acorralando: el FMI, el Banco Mundial, el CIADI, el Grupo de los Siete, la “opinión pública independiente”, que siempre demuestra ser independiente de los intereses nacionales y dependientes de los intereses de las empresas.

¿Que nos exigen? Que se paguen las deudas (son los acreedores), que se paguen los intereses (también son acreedores), que se respeten los contratos (leoninos a favor de ellos), que se aumenten las tarifas (de empresas que son de ellos). O sea, es muy claro que el coro que nos exige que cumplamos nuestros compromisos en nombre de la decencia y la honradez en los negocios, son los mismos que se hicieron el festín con los bienes de todos los argentinos. Los que no se cansaron (ni se van a cansar) de vivirnos y ganar la plata fácil: “¡Pasen y vean los buenos negocios que se pueden hacer en Argentina!”. La crisis de la deuda impagable nos acosa permanentemente, y hay argentinos que trabajan en favor de eso.

La otra crisis

Si el problema de la deuda es gravísimo y condiciona el futuro del país, otro problema nos acecha; problema que es de una naturaleza mucho mas grave: el problema energético. En pocos años se termina el petróleo y el gas. Algunos hablan de 10 años, otros más optimistas hablan de 15 o tal vez 20 años. Pero para un país esa fecha es ...hoy.

¿Qué importancia tiene si la debacle energética se produce en 10 ó 20 años? El problema no es la fecha, el problema es el fin de la energía barata y abundante. Nuestra crisis energética está montada sobre otra: la crisis energética mundial. El país depende absolutamente de sus hidrocarburos, el 90 por ciento de la energía usada en el país proviene del petróleo y el gas. ¿Alguien ha pensado cómo podemos seguir viviendo en la escasez? ¿Cómo vamos a transportarnos, producir granos y carnes, generar productos industriales, calefaccionarnos y cocinar con una crisis energética?

Algunos creyentes en la omnipotencia del mercado suponen que las soluciones saldrán de la galera, pero los norteamericanos que no son zonzos, ya invadieron un país para asegurarse por más tiempo su ración petrolera. ¿Qué deberemos hacer nosotros? ¿Acaso, y siguiendo ese ejemplo, invadir a Bolivia? Como nosotros no tenemos deseos imperiales posiblemente no invadamos nada, pero deberemos sin duda tratar de importar energéticos a precios fantásticamente caros, incompatibles con nuestro desarrollo económico. Aquí también somos optimistas, porque posiblemente a esa altura los yanquis ya habrán invadido, o colocado gobiernos dóciles, en Bolivia y Venezuela.

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