Con titulares como “Bavaria ingresó a las grandes ligas” o “SAB Miller, el mejor postor”, se anunció la venta de la más importante empresa de Colombia. También se habló del “negocio del siglo” y cosas por el estilo, como prueba de la inevitable “globalización”; y se celebra la capacidad estratégica de la familia vendedora, Santodomingo, que recibió un 15,1% de propiedad en la firma adquisidora a cambio de ceder el 71,8% de Bavaria. La transacción total se estima en 7.800 millones de dólares, que contiene un valor implícito de 4.800 por el monopolio cervecero colombiano,
cuando hace cinco años estaba valorado en menos de mil.

En estos canjes, que aquí se simulan bajo la forma de “adquisición por fusión”, todos quienes intervienen salen ganadores. Aunque analistas como Stuart Prince de Gordon & Co. declaró a Wall Street Journal que “haber hecho una oferta por Bavaria fue una estrategia equivocada”, en el campo nacional se habla de “negocio brillante”. ¿Quién pagó los costos de donde se derivan tantos beneficios?¿Quién dio valor a Bavaria,
tratándose, como expone el periodista Gerardo Reyes en la biografía no autorizada, de “Don Julio Mario”, el hombre más poderoso de Colombia?

Las concesiones del país a Bavaria en los últimos años no han sido pocas. En 1993, con El Revolcón, se le facilitó la quiebra de los productores de cebada cuando todavía se
producían en Colombia 160.000 toneladas y, por “competitividad”, se cedió a la
importación del cereal a precios por debajo del costo de producción. El resultado es la supervivencia de sólo 5.000 hectáreas de cebada en el país y el empobrecimiento de decenas de miles de familias campesinas hoy desplazadas a otras actividades como el cultivo de papa o la lechería con bajas remuneraciones. Pero no fue todo. A mediados de la década 1990-2000, se modificó el impuesto a la cerveza que los departamentos usan para transferir a la salud pública. Según la ley 223 de 1995, la base gravable para liquidar dicho tributo no tendría en cuenta el valor de envases ni empaques y, así mismo, como medida proteccionista, se fijó que el gravamen pagado por las cervezas extranjeras nunca sería inferior al pagado por la nacional. Ello se consideró exequible por la sentencia C-412/ 96 de la Corte Constitucional.

Hubo más. En diciembre de 2000 estalló una huelga de trabajadores de Bavaria que duró hasta febrero de 2001. La empresa, con el beneplácito del gobierno, comenzó un recorte de costos laborales hasta la mitad, gracias al despido masivo, camuflado como ilegales “arreglos de contratos civiles” auspiciados por las Cámaras de Comercio del país. Los empleos perdidos fueron más de 3000, la convención colectiva se acabó y el sindicato se extinguió. La contratación laboral se “flexibilizó” en cooperativas de trabajo asociado y similares. Bavaria, apuntalada por el Banco Mundial mediante
préstamos de la CFI, compró la planta industrial de Leona y otra en Perú, en
transacción salpicada con escándalos por soborno a los funcionarios de ese país
que deberían supervisarla y que tocaron hasta al presidente Toledo.

Buena parte del valor de Bavaria se debe a esfuerzos, sacrificios y hambre de muchos. La fase final de la operación es igual. En el proceso de especulación de los últimos años en la Bolsa de Valores de Colombia, en el cual se ha creado una burbuja de sobreprecio
de los valores bursátiles de las empresas, fundada en la tendencia de revalorización del peso frente al dólar, se “cocinó” el momento propicio para dar “el gran golpe”, como el de la famosa película, que se consumó, paradójicamente, un mes después que el presidente Uribe impusiera la Cruz de Boyacá a “Don Julio Mario”.

Santodomingo fija a la clase empresarial colombiana las pautas a seguir ante la eventual firma del TLC: convertirse en filiales de las casas matrices multinacionales, aprovechar la “zona franca” que el TLC crearía, y volver así al Tratado en valor adicional para “la paga”, aunque se friten el resto de colombianos. Es lo de Coltabaco, Diaco, Aerorepública y Avianca, entre otras. Mientras los bancos se engalanan para el “socio estratégico”, el gobierno pone en feria a Granahorrar, a precio menor que lo que costó “su rescate” al Erario, y saca a subasta el sector de telecomunicaciones, incluido “el pedazo” que se piensa cortar a EPM, todo bajo la batuta de un insaciable consejero palaciego. Con “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, o con las maravillas de la inversión extranjera, que reporta remesas netas al exterior del 10% en dólares sobre la inversión, y a quien se seduce con nuevas bajas al impuesto de renta, se justifica este
bazar... Y después se enfurecen cuando se les dice “vendepatrias”.*
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*¿Qué dirán los vendepatrias peruanos tan sinverguenzas y descarados? (NdR)