En sus editoriales de la semana pasada, Charlie hebdo (extrema izquierda), Le Nouvel observateur (socialdemócrata) y Le Point (derecha) utilizan la misma metáfora. Con motivo del «no» al referéndum de aprobación del Tratado Constitucional Europeo, el Partido Socialista Francés habría atravesado una crisis comparable a la del caso Dreyfus a finales del siglo XIX. El primer secretario actual, François Hollande, interpretaría el prestigioso papel de Jean Jaurès mientras que su retador, Laurent Fabius, seguiría los pasos del execrable Jules Guesde. No se alarmen nuestros lectores extranjeros si no logran entenderlo todo, la metáfora es también demasiado oscura para los propios franceses. Justamente esta comparación es tan poco conveniente que no es algo que se le pueda ocurrir con facilidad a alguien. Ahora bien, los plazos de realización de los diarios y las fechas de entrega a los kioscos de venta demuestran que ninguno de estos editorialistas tuvo la posibilidad de leer el artículo del otro antes de escribir el suyo. Por consiguiente, no nos queda otra alternativa que señalar que los tres, Philippe Val (Charlie-hebdo), Jacques Julliard (Le Nouvel observateur) y Bernard Henry Lévy (Le Point) utilizaron la misma fuente o se pusieron de acuerdo para realizar juntos una campaña.

No hay nada chocante en que los editorialistas compartan la misma opinión. Pero, en el caso que nos ocupa, esta convergencia, a la que ya habíamos hecho alusión en un artículo dedicado a la evolución de los intelectuales libertarios franceses, es la expresión de una ficción de pluralismo: tres semanarios dirigidos a públicos cuyas filiaciones políticas se oponen tratan de influir en sus lectores en el mismo sentido. Ante tal ejemplo podemos decir que no hay diferencia real entre estos diarios de opinión, como no sean sus lectores, las categorías socio-profesionales a las que pertenecen, sus hábitos de consumo y la publicidad que se les desliza entre dos artículos.

Este tipo de configuración reduce a cero la libertad de prensa ya que una libertad sólo existe a través de los que la ejercen. Ahora bien, la libertad de prensa no es un estado de hecho que se mide por la ausencia de leyes represivas, sino una potencialidad que se evalúa en función de la diversidad de los puntos de vista expresados.