¡Qué terrible, el embajador de Estados Unidos, James Curtis Strubble, está muy preocupado por la lentitud que muestra el Poder Judicial del Perú, frente a los juicios pendientes que tienen empresas norteamericanas con el Estado! ¿Qué hacemos? Para cierta prensa cipaya, sinverguenza, indigna de cualquier comentario, cuanto pronuncie, diga o emita el inefable bocón Curtis, es sagrado y “respetable”.

Además, con un inocultable tufo extorsionador, Curtis Strubble, dice que “no es conveniente para el Perú que esos juicios se prolonguen”. ¿Y cuál es la razón aparente para semejante apotegma jurídico proveniente de tan insigne representante diplomático?: ¡nada más ni nada menos que el famoso y cadavérico TLC con Gringolandia! En buen romance: si no se emite veredicto –por supuesto que favorable- para las empresas gringas, entonces, NO hay TLC. Mr. Curtis, this is blackmail! ¡Señor Curtis, esto es chantaje!

Día que pasa, día que Curtis Strubble hace recordar al tristemente célebre Spruille Braden que en los años 40 tuvo un enfrentamiento con el general Juan Domingo Perón en la Casa Rosada. Braden “exigió” a Perón una serie de soluciones. Entonces Perón con la rudeza diplomática más directa le comentó a Braden: “en mi país a quien pide eso se le llama hijos de puta”. Iracundo y rojo de vergüenza Braden abandonó la sede presidencial y dejó su sombrero que se convirtió, en los pies de los edecanes, en balón de fútbol.

Curtis Strubble no llega a la altura de Spruille Braden. Ciertamente que ambos representan al imperio estadounidense, envalentonado y cínico, capaz de poner de rodillas a quienes dependen de sus migajas y concesiones oprobiosas que regala en forma de TLC, pero de lo que no hay duda es que los cipayos, los serviles orgánicos, los vendepatria, los quintacolumna, se reproducen en el tiempo, constituyéndose en los traidores necesarios para permitir que el país regale su patrimonio haciendo de agentes cancerígenos contra la nacionalidad e historia.

La prensa cipaya otorga una importancia sublime al embajador Curtis Strubble. No hay que dejar de decir que esto también fleta viajes pagados de turismo, disfrazado de seminario, fórum o conferencia, a los Estados Unidos y ¡claro está! visas eternas para quienes den pruebas de buena conducta a través de la prensa escrita, radial o televisiva. Como en el tango: “los inmorales nos han igualado…..lo mismo un burro que un gran profesor”.

Un periodismo acrítico, estupidizado, lacayo, servil, repite los peores días del fujimorismo delincuencial. Entonces, Montesinos hacía de operador, dólar en mano. Hoy hay otros que se ofrecen cual cortesanas sin clase ni cultura rameril. Lo peor de todo es que el manto oprobioso del cargamontón cohonesta esta clase de bajezas. ¿Qué están enseñando a las nuevas generaciones? ¡Sólo a ser sinverguenzas!

No son pocas las intromisiones en política interna las de Curtis Strubble. Habla de todo y de cuanto se le ocurre. Pero hay que preguntarse también, ¿no es acaso culpa de la prensa peruana por ser tan obsequiosa y rastrera que estos fenómenos de sumisión ocurran con tanta frecuencia!

¡Un poco más de dignidad, carajo!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!