En su campaña presidencial del año 2000, el exejecutivo de Coca Cola ahora al mando del gobierno de México se hizo llamar “Fox del pueblo” en un comic elaborado por Sixto Valencia, el dibujante del famoso Memín Pinguín.

A la fecha, Fox recurre a los servicios de un ex publicista de la Pepsi Cola, Roberto Mourey, para que difunda los pretendidos “logros” de su gobierno que se pueden resumir en el expolio del pueblo de México y la sumisión a los dictados de los intereses del sector empresarial y del gobierno estadounidense, con los que el presidente mexicano se identifica de corazón.

Contrastan, sin duda, los autoelogios que Fox se prodiga de viva voz mediante constantes spots en los medios de comunicación, con las consecuencias que el pueblo de México está pagando por la llegada al poder del actual gobierno derechista en el 2000.

El gobierno del “cambio” encabezado por Fox justifica el ataque contra los derechos y el bienestar de las mayorías como una lucha contra el “paternalismo”, consigna que receta lo mismo a los damnificados por los huracanes que a las comunidades indígenas de México. El 13 de julio de 2005, Fox advirtió por ejemplo que “quedaron atrás los tiempos del paternalismo” hacia estas comunidades y pidió que “no se escatime el esfuerzo y trabajo de los más pobres del país para salir adelante”. Asimismo, el 18 de octubre, en la sierra de Guerrero, Fox dijo que ya no habrá mas paternalismo, de tal suerte que la reconstrucción de las viviendas de los damnificados por los huracanes no se hará gratis, sino que la gente tendrá que “ganárselos”, lo cual no es obstáculo para que haya ofrecido un millón de dólares de ayuda gratuita a los damnificados por Katrina en Estados Unidos.

El rechazo del pueblo mexicano al gobierno de Fox se puede constatar lo mismo en las conversaciones cotidianas que en los espacios de Internet, sea en escritos elaborados espontáneamente por mexicanos o en pancartas exhibidas en los actos públicos del presidente, como ocurrió hace unos meses con motivo del intento derechista de eliminar de la contienda electoral del 2006, al principal prospecto de la izquierda.

Fox no es propiamente un presidente mexicano. Es una conocida anécdota de la política nacional que Fox llegó al poder gracias a una reforma constitucional que promovió en su momento el ex presidente Carlos Salinas y que abrió la puerta de la presidencia a hijos de extranjeros. Pero no por ello es Fox apátrida sino por su condición servil hacia el gobierno genocida de Bush y por su actitud de poner los intereses empresariales, sobre todo extranjeros, por encima de las necesidades del pueblo mexicano.

Hay que considerar, asimismo, la increíble falta de apego de Fox hacia la historia y raíces mexicanas, su carencia de nacionalismo, al grado de poner la investidura presidencial al servicio de imágenes y gobiernos extranjeros, sea en el besamanos del Papa, durante su visita a México en el 2002, o en sus labores como sirviente de Bush.

En la esfera latinoamericana, Fox no está solo en su afán de complacer los intereses políticos y económicos estadounidenses. Lo acompaña un conjunto de mandatarios que en algunos casos comparten la extracción empresarial y derechista de Fox, como es el caso, por ejemplo, del salvadoreño Tony Saca, otro de los aliados de Bush en la región.

La voracidad empresarial que los amigos de Fox y de Saca representan no tiene respeto ni siquiera por la integridad de los niños o de los ancianos o damnificados. En 2004 la organización Human Rights Watch dio a conocer que Coca Cola y otras empresas multinacionales que compran azúcar de El Salvador usan a niños para llevar a cabo tareas peligrosas, contradiciendo la legislación laboral de ese país www.hrw.org/spanish/press/20...). Por su parte, medios de comunicación mexicanos e internacionales han informado en varias ocasiones sobre la explotación laboral de menores en el rancho de la familia de Vicente Fox, en el estado de Guanajuato, sin que Fox sienta el menor recato para presentarse en los foros internacionales como defensor del bienestar del pueblo mexicano.

Uno de los personajes más vilipendiados de la historia mexicana es Antonio López de Santa Ana, el presidente que en el siglo XIX cedió a Estados Unidos más de la mitad del territorio nacional. Fox ha demostrado una y otra vez que pertenece a la misma tradición, como ahora, en la Cumbre de las Américas, donde ha llegado al extremo de convertirse en escudero de Bush, atacando a los gobiernos que se oponen a los designios estadounidenses, al grado de proponer su segregación de un bloque mayoritario de gobiernos alineados con ese proyecto y al que pretendería encabezar el propio Fox.

Las protestas populares contra la agenda estadounidense en Mar del Plata se centraron en buena medida en la presencia de Bush, pero la estrategia que este siguió para hacerla prevalecer fue recurrir a la sumisión de sus lacayos, y especialmente del presidente mexicano.

Voluntaria e involuntariamente, Fox ha llegado a hacer alarde de su falta de cultura y de lecturas, a la vez que despotrica una y otra vez contra las “ideologías” y en pro de los intereses y “realidades” económicas.

En los tiempos actuales, pensar que la economía es el único factor importante en la vida humana es una tentación que acecha las convicciones cotidianas de muchos, trátese de los explotadores o de los más necesitados. En esta lógica, Fox es defensor de los más ricos en México y del gobierno estadounidense sobre las prioridades nacionales, pero al mismo tiempo, en diferentes latitudes las circunstancias extremas de miseria, marginación e incluso de guerra, hacen resurgir el heroísmo adormecido de pueblos que finalmente demuestran que las “ideologías” y por ello los ideales no han muerto.

Lo mismo en Irak que en Cuba y en Venezuela, hay patriotas que se oponen a los designios del imperio. En América Latina esa lucha exige la solidaridad con ellos, lo mismo que impedir a toda costa el ascenso o continuidad de gobiernos derechistas como el encabezado por Fox en México, que son gobiernos subordinados al presidido por Bush.