Un fantasma recorre el Congreso (con solo 6% de aprobación ciudadana), las grandes casas de verano de los parlamentarios y sus planillas acaudaladas. El fantasma se llama Ollanta Humala. Acaba de capturar el segundo puesto en la intención de voto y todo parece indicar que a estas alturas de la contienda electoral Ollanta ya estaría liderando las encuestas que, entiendo, todavía no han registrado el voto rural, presumiblemente favorable mayoritariamente a Humala.

Personalmente, y empiezo así este artículo sui generis, creo que Ollanta Humala podría ganar las elecciones. Se ha dicho que está liderando tempranamente las encuestas, que podría caerse por la volatibilidad de las preferencias ciudadanas. Pero ocurre que la intención de voto hacia Humala está migrando de las canteras de Lourdes Flores, votos que difícilmente pasarán a favorecer, por ejemplo, a García. También sucede que Humala hace tiempo que acaparó con su discurso el electorado “nacionalista” que ahora pretende captar García, de espaldas contra la pared luego que los empresarios lo rechazaron abiertamente, y a veces con sorna, en el último CADE. Y tampoco nos imaginamos a los neoacciopulistas de Paniagua, comprometidos por las circunstancias de un probable triunfo de Humala, doblando el brazo por García. Evidentemente lo harán por Lourdes Flores pero, otra vez, no por el candidato “natural” del aprismo light. Y en cuanto al voto fujimorista, su dispersión es de fácil pronóstico: el fujimorismo empresarial y el socialmente acomodado votará por Lourdes Flores y el fujimorismo popular por Ollanta Humala. Ninguno de los dos lo hará por García, que representa para ellos o la continuidad de la clase política tradicional o la antípoda de su líder Alberto Fujimori, confinado en Chile y casi un cadáver político.

A todo ello hay que añadir cierto sector del aprismo radical descontento por la situación que vive el partido a su interior. Ellos votarán por Humala, no me cabe la menor duda. No lo dicen (algunos sí) pero secretamente planean hacerlo. Yo que soy aprista y mis padres que también lo son y por muchísimos años, no votaremos por Humala, pero tampoco lo haremos por Alan García, y esos son otros votos perdidos por el candidato “natural” de un aprismo que se negó, en todos los tonos, a renovarse y que hoy convive con la inmoralidad implantada por la clase política tradicional a la que pertenecen.

Y también está, no podemos olvidarlo porque es histórico, el odio al APRA, o el más reciente odio que es el que le profesan millones de peruanos a García, el candidato con mayores resistencias entre los presidenciables, otra realidad que será dificil de superar especialmente con la credibilidad de que goza García, literalmente por los suelos.

Aquí parece existir dos escenarios posibles luego de las elecciones del 9 de abril. El primero y más predecible es dos primeras mayorías cuyo orden, primero o segundo, no me atrevo a adelantar: Lourdes Flores y Ollanta Humala. Políticamente este escenario producirá una hecatombe al interior del APRA y la forzosa renovación de sus cuadros dirigenciales, incluidos, claro está, la remoción de Alan García y Jorge del Castillo. Este escenario apocalíptico también producirá forzadas alianzas en la clase política nacional de cara a una segunda vuelta con Ollanta Humala. Dirán, claro está, que lo hacen para “salvar al Perú”, pero todos sabemos, especialmente los pobres del país, del centro y del sur, así como del Perú rural, que lo único que desearán salvar es el poder que tienen para vivir parasitariamente y engordando sus bolsillos.

Será pues para muchos peruanos, muy en particular para los olvidados que son la gran mayoría de la nación, algo así como “la lucha final entre el bien y el mal” (¿necesito identificar quién representa a cada sector?). También será -pese al miedo que despierta Humala entre algunos sectores de la población citadina del país, pero que no comulgan con la clase política-, la oportunidad de oro e inmejorable para de una buena vez “bajar la palanca del inodoro” (¿acaso esta oportunidad no es una tentación para millones de peruanos que detestan a sus políticos?). En todo caso pienso que Humala podría triunfar en ese escenario. Lo que pase después con el Perú será realmente problema de los que en todos los tonos me han dicho y redicho que ellos viven en el país y que son los únicos con derecho a hacer y deshacer de él. ¡Sea pues!

La otra posibilidad es un final García-Humala. Aquí si veo a la clase empresarial votando “antimperialistamente” por el APRA y posiblemente la conversión acelerada de la derecha socialmente acomodada en jacobinos. El resto votará por Humala porque otra vez se reproducirá el escenario apocalíptico de una alianza de la clase política tradicional contra el “candidato del Diablo”. Lo que pase al interior del aprismo con un García segundo en las preferencias electorales es de difícil pronóstico. Algunos dirán que García es todavía una opción, especialmente si se cae Humala del sillón presidencial. Otros dirán que sigue siendo el candidato “natural”. Pero lo que si está claro es que con un García tercero la hecatombe al interior del APRA está asegurada.

Y otra vez, lo que ocurra en el país, luego del triunfo de Humala, será, como no, de exclusiva responsabilidad de su pueblo, especialmente del pueblo aprista que el último domingo ha ofrecido el ridículo y patético espectáculo de ofertar políticos trajinados, trasnochados y hartamente quemados como candidatos a un Congreso que estructuralmente no quieren cambiar a pesar de la urgente necesidad de transformar el poder político en el país (como el ascenso de Humala lo prueba). Y lo más triste del caso es que en esa “oferta” sucia e indecente han participado apristas que se decían “luchar por la renovación del aprismo”. Dejaron de lado principios e ideales para sumarse rabonamente a la compra-venta de voluntades en un mercado político que dicen impugnar, rechazar, pero en el que realmente se regodean por razones inconfesables.

Por ello el 10 de abril, y si mis predicciones no fallan (si fallan, total estoy aquí en Boston, como reiteradamente repiten mis enemigos geográficamente “bien ubicados” en el epicentro de la noticia y la realidad peruana, y seré inmune a un gobierno de Lourdes Flores o a una nueva administración desastrosa de García, gracias a Dios), deberá iniciarse en el APRA la renovación de todos sus cuadros. Por favor, cuando lo hagan recuerden a toda la podredumbre que participó en las elecciones internas apoyando a una clase política que juraron combatir. ¡Y que Dios los coja confesados (y con pasaportes en mano)! ¡Amén!