Gesticula con denuedo, como si supiera que su histrionismo iba a quedar grabado para la historia peruana de la infamia. Reía y hacía reír, bromeaba con frecuencia y aparece muy diferente que el habitual y parco sujeto que es cuando está en su oficina del Banco de Crédito, Dionisio Romero, el banquero de los banqueros, se movía como pez en el agua, como Pedro -Dionisio- en su casa de las instalaciones del SIN. Si no fuera porque todos saben que esa era la guarida del hampón Montesinos cualquier no avisado apostaría a que Romero era el hombre fuerte. Y para el caso, ya no importa si fue tan sólo cinco veces o una, a esas canteras hacedoras de los entuertos malhadados más asquerosos de los últimos diez años.

¡Esa es la clase de empresario ejemplar que ha sido premiado en el Perú en múltiples oportunidades! Taimado, calculador, deshonesto a cabalidad, ¡cuántas cosas más debe haber urdido con el felón Montesinos si, como si fuera poca cosa, se proponía, convencer a Javier Silva Ruete para que integrara el gabinete fujimorista! Y aparentemente basados en la comunidad natal que los vincula, pero debo afirmarlo por razones personales (mi padre es piurano) no todos los de esa zona son ventajistas y hueleguisos como el Romero de marras.

El vídeo que lo muestra en el esplendor de sus enjuagues con Montesinos, Villanueva Ruesta y los otros militares no puede ser sino la expresión cimera de la calidad moral que tiene este individuo. El mismo convocó a una conferencia de prensa para afirmar que sólo había "visitado" el SIN en cinco oportunidades y que había absuelto consultas sobre temas de límites fronterizos del mercachifle ex-capitán y sólo eso. ¡Qué inocente! ¡qué mansa paloma! ¡qué reverendo sinverguenza!

Quiere decir que en el SIN se jugaba la lotería política del país entero. Allí se decidían las suertes y los temas del poder judicial; las triquiñuelas de la política menuda de los escupibles fujimoristas; los líos fronterizos inconclusos con respecto a Chile y Ecuador; los sobornos a todos los malditos que por desgracia han ocupado cargos públicos y, en general, esa era la oficina de mando del poder real. Fujimori era el pobre imbécil, títere que fletaba las aventuras de Montesinos, pero que SI cobraba la suya y amasaba dineros que ponía en cuentas de amigos y personas interpósitas como el sospechable Víctor Aritomi, palurdo e ignaro idiota que hizo de "embajador" en su tierra y la de Fujimori: Japón.

En la conferencia aludida, Romero, el banquero de los banqueros, ejemplo del no ejemplo, pobre diablo con cuello y corbata y miserable que debía optar por el suicidio honroso, subrayó que no había recibido dinero. ¿Para qué querría dinero el hombre poderoso que es este fenicio? A su nivel, las coimas las hacen terceros o cuartos, jugadores de medio pelo que gozan de la confianza de los que deciden. Romero no necesitaba ensuciarse en la recepción de dinero, pero sí requería de favores y buenas pro para sus empresas y tal como se van descubriendo los temas, esto sí que ha ocurrido.

¿Y ahora qué dirán los admiradores legionarios y caudalosos y que se cuentan con los dedos de la mano del banquero? ¿Y qué se dice del otro sinverguenza que se llama Roque Benavides que sostiene desconocer los desarreglos del poder judicial que favorecieron a la mina de su familia Buenaventura en el tema de Yanacocha? ¿Acaso, los jueces de pacotilla que ayudaron a Newmont, lo hicieron porque así se los dictó su consciencia? ¿Cuál consciencia? Los íconos se van rompiendo a pedazos y se hacen añicos, día tras día.

El fujimorismo ha sido y es una doctrina de zafarrancho y en la que la monra, el robo, el cohecho, la estafa, la puñalada, constituyen el menú indispensable. Entre los empresarios contaban con despreciables como Romero y Benavides. Entre los políticos tuvieron en las escupibles Martha Chávez, Luz Salgado, María Jesús Espinoza, Carmen Lozada, los picos excrementales de la grosería más fétida. Y los hombres no se quedaron atrás: los Marcenaros, Velits, Siuras, Delgados, Reáteguis, Tudelas, son variaciones de una imbecilidad a prueba de cañonazos. ¡Qué repugnancia integral!

Y como la democracia suele ser idiota y boba, ya tenemos una candidata dispuesta a perdonar de todo y a todos: la señorita Lourdes Flores, la postulante del fujimorismo que se resiste a agachar la insolente cabeza de la corrupción. La última encuesta "confeccionada" por la Universidad de Lima destila un tufo raro: fue hecha en 13 departamentos, antes del 11 de febrero y otorga a Miss Tiwinza un despunte espectacular, jamás visto en la historia de los últimos 20 años. Y para quien es la candidata del reaccionarismo a ultranza que propone el Opus Dei y los sectores más retrogrados de la Iglesia Católica que unidos a los miles de delincuentes fujimoristas, impulsan el borrón y cuenta nueva y que todos sigan cobrando y que el pasado, pasado es.

La democracia tiene que defenderse. Cuesta mucho entender cómo un periodista tan jugado como Jaime de Althaus invite a las escupibles Lozada y Salgado para que ellas cacareen sus "decencias" inverosímiles. Y ocurre lo mismo en otros canales. ¿O no será que este plan macabro tiene actores aún no delatados? ¿Qué le pasa a los de RPP? Dan bola y crédito a Boloña y fueron los que "entrevistaron" a Montesinos. ¿Está todo patas arriba en el Perú? ¿Y los delincuentes pueden pasar como honestos así tan fácilmente? ¡No lo creo y por eso protesto y digo pan al pan y vino al vino!

Las amenazas sólo asustan a los tímidos y pelanduscos. Cuando la excelsitud de su infame poder, ni Fujimori o el siamés Montesinos o cualquier fuerza de represión consiguieron asustarnos. Hoy menos. Para esos pobres diablos como el banquero de los banqueros y el empresario minero "ejemplar" nuestro más profundo desprecio democrático. Para las escupibles nuestro deseo que su mediocre existencia les acompañe para siempre en el pozo negro del que salieron y al que volverán por la voluntad de los pueblos que les regalarán el retiro político y el entierro cívico que merecen.

¡Muerte a la inmoralidad en el Perú! ¡Viva la democracia! ¡La democracia se hace en las calles!

*Liberación, Lima-Perú, 17-2-2001