La profunda devaluación política y moral que padecen la casta burocrática que detenta el gobierno, el Congreso, los medios de comunicación, la intelectualidad, de ONG y la genuina, los partidos, las instituciones todas, ha quedado evidenciada y patéticamente graficada con el tema de la renta básica que cobra esa empresa ladrona que fue, es y seguirá siendo Telefónica “del Perú”.

El presidente García dijo en campaña que iba a eliminar, de salir elegido, la renta básica. El Congreso le pone la ley para que la promulgue y entonces, en giro acrobático, cambia el sentido de las palabras y la obliteración de ese robo se convierte en una comisión integrada por “especialistas” bajo la presidencia de la ministra de Transportes, Verónica Zavala, ilustre palafrenera de los grupos de poder económico en el Perú. Como en el vals criollo: una cosa es con guitarra, otra cosa con cajón. No es lo mismo estar en la plaza pública en el calor que disimula la multitud de promesas, que estar entre pirañas hambrientas de cobrarle al país, vía Palacio de Gobierno, todo lo que ellos creen que aún pueden enajenar de la nación.

El Congreso desaprovechó su cuarto de hora. En lugar de convertir como tema esencial del drama peruano la renta básica e imponerse con espíritu de cuerpo, democrático y desde las bases, 80 fueron los votos, se dejó ganar por una pusilanimidad evidente y el domingo ya eran parte del museo nacional del anonimato. Bastó un discurso del presidente García para llegar a esta nefasta realidad. Los encomiables y esforzados gestos valientes del legislador Yohny Lescano, principal capitán de la jornada, son insuficientes ante el silencio inexplicable del resto de parlamentarios.

Un clima de imbecilización masiva inunda al país. Los medios de comunicación, bien pagados y sobornados para que digan cuanto las empresas necesitan que se subraye en el convite siniestro de comprar un país de a pocos, con descaro y burla aviesa, han aterrado a los políticos porque dicen que si se toca un solo contrato, el apocalipsis caerá sobre el Perú y ¡nos quedaremos sin inversiones!

¡Impresionante mentira! Pero peor es la mudez inepta de quienes tienen la responsabilidad del manejo político del Perú. ¿Creen todos estos especímenes que el capital se aleja así porque sí? Donde hay negocio y posibilidades de hacer rentas, el capital adviene, se instala y respeta las reglas. Lo que no quieren decir ¡por supuesto! porque es políticamente inconveniente es que el latrocinio, la monra, el asalto a mano armada, como es la renta básica de TdP, no puede ser tocado, porque hay miles de involucrados en esta forma de estafar al país. Entonces ¡todos trocan en cómplices, pasivos o activos de este cultivo canceroso que enajena a las fuerzas populares del Perú!

El fujimorismo delincuencial logró crear los arquetipos de cómo destrozar al país con “estabilidad jurídica”. Una explicación, dada por su ministro de Economía más inteligente, Carlos Boloña Behr, apunta a establecer que los contratos aquellos tuvieron su momento porque el gobierno de Alan García (1985-1990) había dejado el país en la ruina total. Después ¿qué explicación hay? Sólo una: los grandes truhánes, los rufianes acostumbrados a creer que el Perú es una chacra, no saben hacer negocios honestos. ¡Jamás serían tan ricos si no fuera porque sus contratos de estabilidad y sus leyes intocables les protegen las 24 horas del día, los 12 meses del año, todos los minutos que respiran dólares, robándole el proyecto de vida y el destino nacional a una patria aherrojada a la conducción de políticos inmorales y claudicantes!

¿Acaso no son derechos humanos los que se violentan cuando se le roba al país? Como no hay quien pague algún taller o fórum o folletito de quiosco, las ONGs de “derechos humanos” no se atreven a decir ¡absolutamente nada! No es “políticamente conveniente” cuestionar a su financiadora eterna de dichos cónclaves cómplices. ¡Esa es la verdad! ¡Sinverguenzas!

¿Y los partidos?: ¡no existen! El Congreso: ¡rumia su frustración por una sensible falta de pantalones! Los intelectuales: ¡sólo rebuznan cuando hay dólares! Los medios de comunicación, gozan de buena publicidad y son alfiles pagados en los puestos claves. ¡República no, mojiganga! denunciaba Manuel González Prada.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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