¿Qué están forjando nuestras universidades? ¿Profesionales de y para el Perú o simples mandaderos para las empresas transnacionales? Una cosa es estudiar con la ineludible comprensión que todo aquel que arriba al plano profesional tiene un compromiso con el país y sus 26 millones de habitantes, y otra, muy distinta, entrenarse para ser uno más de la multitudinaria cadena de transmisión opresiva que impulsan las grandes empresas mundiales en Perú. ¿Hay distinción entrambos conceptos en el enorme archipiélago de estas casas de estudios nacionales? Dijo, alguna vez, en lúcida interpretación, Luis Alberto Sánchez: la universidad no es una isla. O, ¿estamos creando un ejército de Simpáticos Saltimbanquis Urbanos (SSU)?

La deformación no sólo la propagan los miedos de comunicación, estupidizadores por excelencia y voceadores de las taras globalizantes que sólo predisponen a los candidatos a pensar que son muy pocas las salidas y, ¡lo que es peor!, identificando esas escasas avenidas con el éxito y logro que se espera de ellos. La falsedad de la propuesta, siendo que es aberrante, pasa desapercibida en una cultura acrítica, que propende al imperio de las élites, basada en mentiras y en el falseamiento sistemático de los genuinos valores nacionales para imponerles anteojeras de “modernidad, realismo y pro-actividad”.

Conviene preguntar: ¿son las universidades peruanas, pro peruanas o palurdos hilos conductores de arquetipos desnacionalizantes, divorciadores del estudiante con su medio ambiente, el Ande, su historia y tradición antropo-socio-geográfica? ¿Cuántos universitarios se plantean el reto ideológico de estudiar por y para el Perú? No hay, de ninguna manera, un quiebre traumático entre las legítimas aspiraciones de bien personal y su reverberación hacia la comunidad de 26 millones de habitantes. El Perú es la suma de sus hombres y mujeres, bajo la concepción inequívoca que no hay soberanía nacional sin soberanía popular y ésta incluye ¡qué duda cabe! la posibilidad de decidir con crítica constructiva cuáles los mejores derroteros de la historia patria, hoy y mañana.

En monserga –digo “conferencia”- reciente, escuchaba a un “orientador” acerca de las carreras universitarias y las ventajas de ésta o aquella casa de estudios. Pregunté ¿por causa de qué no me hablan del compromiso de los estudiantes con su patria? ¿O es que estudian en el aire para ganar dinero? ¿Qué diferencia hay entonces entre un narcotraficante, que también hace dinero, y un joven –hombre o mujer- que se instruye para tener “educación superior”? ¿Qué hace más sublime aquél entrenamiento, las más de las veces pagado y con mucho esfuerzo? Claro que los apuros del bobo que hacía de orador no fueron pocos. Las reflexiones, simplísimas, recibieron muestras de solidaridad abundantes. En Perú, por desgracia, las cosas, de puro sabidas, se olvidan.

Si la universidad no es una isla y sus integrantes estudian para proponer a posteriori avenidas de mejor perspectiva para el país desde sus propias trincheras profesionales, hay un problema logístico fundamental: ¿está el país capacitado para absorber esa miríada de nuevos técnicos, ingenieros, abogados, médicos, etc? ¿Qué les da el Estado y la sociedad, en su conjunto dinámico, como expectativa a estas personas? Es una perogrullada repetir que poco o casi nada. Entonces, ¿se está empujando a estos conjuntos humanos a guarecerse en lo que encuentren? ¿Y que a veces tengan obligatoriamente que ser genízaros de los nuevos imperios? Tal como están las cosas, sin proyecto nacional, sin políticas ni voluntades firmes y férreas, no hay solución. ¿Será la empresa privada, cuyo dios fundamental es el lucro, la encargada o responsable de proveer salidas de esta categoría? ¡De ninguna manera, toca al Estado esta tarea inabdicable!

Una pregunta socarrona: ¿hay ministro de Educación? Y si lo hay, ¿le han enterado a aquél que tiene enormes y gigantescas responsabilidades? ¿O le queda muy ancha la cartera y haría mejor yéndose a su casa?

Profesionales por y para el Perú, concientes de su ubicación combativa y ¡hay que decirlo, privilegiada! es lo que necesita el país para mejorar su porvenir y salir del atolladero con calidad, buena vivencia y horizonte de victoria. En esa tarea, los estudiantes-profesionales son factores insustituibles.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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