No una, múltiples veces, Javier Valle Riestra, ha mencionado la urgente necesidad de un interregno depurador. Aludía así a un momento de autocrítica y acción terminante para limpiar el país a través de actos ejemplares. El presidente García tiene la oportunidad de jugar al ajedrez con un gambito de interesante factura: ¡sacrifique y mande a su curul, de donde jamás debió salir, a Jorge del Castillo, y reorganice el gabinete de ministros!

Seamos sinceros y duros con nosotros mismos. A los peruanos nos encanta discurrir por el circunloquio, por la imbecilidad disfrazada de honorable, caminar por la hipocresía que disfraza la idiotez de nuestros hombres públicos y privados. Todos los esfuerzos oficialistas y de los amigotes están enderezados hoy a minimizar lo que fue una bestialidad monstruosa, el caso Pandolfi, y a pretender que una disculpa soluciona todo. ¡Falso de toda falsedad! Vivir, como siempre ha sido la vida peruana, en la mentira, sólo envilece, pudre, persiste en la contumacia de berrear que lo que todos ven negro, es blanco y que lo inmoral y sucio es parte de la tan mentada “gobernabilidad”, ideolexo, o más bien idiotismo, para hablar de administración política de gobierno. ¡Basta ya!

Del Castillo ya no colma ni siquiera las expectativas de sus amigos los rábanos caviares que le apoyaron desde sus miedos de comunicación. Ahora, recién en últimos días, le achacan metidas de pata al por mayor. Y, la realidad es que nunca hizo otra cosa que aquello, favoreciendo intereses minúsculos, de capilla. Para los apristas, es el menos aprista de los ministros y acaso sí el más publicitado con un halo de concertación, disfraz muy usado cuando se trata de pintar anodinos, orlar mediocres, barnizar imposturas.

¿No haría un gambito político de buen nivel, el mandatario García, cambiando a su gabinete? De repente algo de audacia y bastante realismo, convienen a su gobierno. Así podría liberarse de bufones que hablan de “seguridad cooperativa” o de funcionarios que creen que es bueno protagonizar la vergonzosa guardia pretoriana custodiadora de los límites chilenos y no peruanos en Tacna. ¡Qué desverguenza la de esos burócratas que se “alegraban” del “fracaso” de una marcha que debió haber sido multipartidaria y con el respaldo, absoluto y majestuoso de toda la civilidad!

Entonces, con un gambito dentro del interregno depurador, la administración García podría intentar la reconciliación con su natural base de respaldo en las calles, el Partido Aprista, única colectividad que le dará la mano en forma popular y masiva, si se trata de militar por el gobierno, antes que se produzca un divorcio que ha sido alentado desde arriba muy arriba y por protagonistas que han preferido a los amigotes y a los Pandolfis por doquier. No falta razón a aquellos que señalan una alianza vergonzosa del régimen actual con los fujimoristas, negada mil veces, pero puesta de manifiesto, dos mil, en los cargos públicos.

Si la oposición no consigue los votos para censurar al señor del Castillo y con eso la licencia definitiva de todo su lamentable gabinete, desde el cadáver canciller hasta su más anodino integrante, el presidente tiene una oportunidad pocas veces vista: la recuperación absoluta del mando político, sin interferencias de la derecha momia y profundamente reaccionaria como tampoco los zarpazos presupuestívoros y logreros de la rabanería caviar.

Nótese cómo los políticos peruanos, en la más rancia tradición opaca, pretenden cubrir lo que ha sido una genuina y oprobiosa desverguenza, el affaire Pandolfi, porque calculan que mañana podrían ser ellos los que estén en la picota. ¿Y qué pretenden, vivir eternamente del yerro envilecedor y triste por bestial? ¡Vergüenza debería darles hasta buscar excusas!

Un gambito y adelante el interregno depurador. Ya es hora.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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