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Vayamos a los orígenes de esta historia, todavía hoy inconclusa, para comprender mejor qué pasó antes y con posterioridad a la brutal sentencia.

En diferentes momentos de la década del 90, los cubanos Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González recibieron la encomienda de penetrar grupos terroristas de la mafia anticubana asentada en el sur de la Florida.

El único objetivo: obtener información sobre los planes de agresión y la preparación de actos terroristas para llevar a cabo en territorio de la Isla y en determinados sitios de los propios Estados Unidos.

La paciente, audaz y anónima labor de estos cinco compatriotas permitió frustrar acciones que, de haberse realizado, habrían provocado muchas víctimas y cuantiosos daños materiales, tanto en Cuba como en la Unión.

No debe olvidarse que las organizaciones del llamado "exilio anticastrista" han ejecutado, con el apoyo y complicidad de la CIA, miles de criminaleds actos que han costado la vida a más de tres mil 400 cubanos y severas mutilaciones a otros dos mil 099, y casi 400 actos de terror contra instalaciones y personas en suelo de Norteamérica.

Gracias a estos cinco luchadores antiterroristas, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) pudo obtener en junio de 1998 abundante y calificada información acerca de las actividades violatorias de las leyes estadounidenses previstas por grupos paramilitares aparentemente fuera de control policial.

Los elementos recopilados por ellos para la Seguridad cubana y puestos en manos del FBI, como contribución concreta a la batalla contra el terrorismo, fueron utilizados para silenciar y eliminar la fuente.

Tamaño absurdo, provocado por el odio y el espíritu de venganza contra Cuba de la influyente mafia terrorista de Miami, explica la grotesca manipulación política del proceso judicial hasta nuestros días.

Para nada tuvieron en cuenta la celebración del proceso en esa ciudad floridana, contaminada de prejuicios anticubanos, y que los cargos nunca fueron probados.

Tampoco importó la determinación del Grupo de Trabajo de la ONU que declaró arbitrario e ilegal el arresto y el juicio, así como el unánime dictamen emitido por un tribunal del Onceno Distrito de la Corte de Apelaciones de Atlanta, el cual revocó las condenas y dispuso un nuevo juicio fuera de Miami.

El 17 de junio del 2001, nueve días después de conocerse el injusto veredicto, los Cinco trasmitieron un mensaje al pueblo estadounidense que fue, por supuesto, silenciado en ese país. Con firmeza expresaron entonces:

"No transgredimos ni pusimos en peligro la seguridad del pueblo norteamericano y sí contribuimos en alguna medida a descubrir planes y acciones terroristas contra nuestro pueblo, evitando la muerte de inocentes cubanos y norteamericanos".

Tres días después, el periódico Granma ofreció una detallada información sobre la manipulada decisión del jurado bajo el título Conducta heroica en las entrañas del monstruo.

El 23, el presidente Fidel Castro subraya en Tribuna Abierta en el capitalino Cotorro, que los Cinco se han jugado la vida no solo para proteger a su pueblo, sino también para salvar a otras personas, incluso norteamericanos.

Pasa el tiempo: ellos ya cumplirán en septiembre próximo nueve años en severo cautiverio, mientras el connotado terrorista Luis Posada Carriles se ha convertido, por la gracia de Bush hijo, en honorable y libre ciudadano, en condiciones de disfrutar del sol en las playas floridanas, tomado de la mano de su igual Orlando Bosch, también libre por la gracia de Bush padre.

Romper el silencio mediático con el cual han escamoteado la verdad al pueblo norteamericano y movilizar a la opinión pública, sigue siendo tarea de primer orden para quienes en Estados Unidos y en cualquier parte del mundo, aman la justicia y luchan sinceramente contra el terrorismo y la guerra.

Agencia Cubana de Noticias