Ese día, el canciller Raúl Roa se dirigió al presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a la sazón el irlandés Frederick Boland, demandando la inclusión en la agenda del tema: ”Reclamación del Gobierno Revolucionario de Cuba referente a los distintos planes de agresión y actos de intervención que está ejecutando el gobierno de Estados Unidos contra Cuba”.

La solicitud venia acompañada de memorando explicativo en el cual se recogían las últimas agresiones perpetradas por el vecino del norte en clara violación de la integridad territorial, soberanía e independencia de la Isla, y evidente amenaza para la paz y la seguridad internacional.

Añadía el documento que, no obstante las reiteradas denuncias de Cuba, Estados Unidos había intensificado, con franco desprecio de las normas del Derecho Internacional y los preceptos de la carta de la ONU, sus planes de agresión, y utilizaba para esas operaciones a criminales de guerra y contrarrevolucionarios cubanos a su servicio.

La prosa de Roa exponía el extenso itinerario de las tropelías que pautaban la conducta de Washington. Señalaba los intentos del Departamento de Estado y el Pentágono por crear condiciones en Oriente y El Escambray, para crear una fuerza militar contrarrevolucionaria que, además de otras maniobras diversas, buscaban la desestabilización el país.

Por último, exponía las consecuencias de la agresión directa o indirecta a la Mayor de las Antillas. El órgano encargado del asunto acordó circular el documento presentado por el canciller cubano entre los países miembros, y dio por concluido el tema. El Gobierno Revolucionario tenía información de que un grupo de cubanos estaba adiestrándose militarmente en la finca Retalhuleu, en Guatemala, donde había también soldados norteamericanos y aviones de ese país sobrevolaban el campamento. Cuba había sido alertada por el Partido Guatemalteco del Trabajo.

La vida se encargó de demostrar la veracidad de todo cuanto había denunciado Cuba, solo que esta vez, como muchas otras a lo largo de la historia, la Organización de Naciones Unidas era simple testigo de las tropelías norteamericanas contra los pueblos.

Agencia Cubana de Noticias