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El animado diálogo mostró un Fidel visiblemente recuperado, con excelente estado anímico y la disposición de siempre a luchar por las ideas más nobles.

Y aunque no lo mencionó, se hizo evidente que una vez más, como hizo antes en los difíciles años del presidio, convirtió la adversidad en victoria y aprovechó cada minuto posible del obligado reposo, para pensar y profundizar su ya vasto dominio de la sociedad contemporánea, en particular en aquellos temas que pueden comprometer la existencia del hombre sobre la tierra.

Quizás esta vez, como nunca antes, fueron apreciables sus profundas raíces humanistas, esas que desde hace más de seis décadas lo llevaron a entregarse por entero a librar una colosal batalla por su Patria, que en su concepción martiana iguala con la humanidad.

No es necesario imaginarlo, ante todos estaba un cabal dirigente político, experimentado estadista, hombre repleto de ideas sobre los más variados asuntos de interés vital, necesitado de exponerlas y compartirlas, de contribuir, aunque por modestia no lo exprese, a la necesaria toma de conciencia universal, como condición previa a cualquier solución.

Con impaciencia los cubanos, los muchísimos amigos de Cuba en el orbe y los amigos o no, pero sinceramente interesados en buscar la felicidad del ser humano, esperan las agudas reflexiones escritas del Comandante en Jefe y sus anunciadas próximas conversaciones por TV.

Y es que el planeta necesita seguir contando con esa inagotable fuente de luz.

Agencia Cubana de Noticias