“Esperamos que el discurso del presidente sea el de seguir afirmando la gobernabilidad y la confianza en los agentes económicos para que inviertan en el país y el compromiso de que el único escenario para luchar frontalmente contra la pobreza es generando empleo a través de las inversiones”, afirmó el legislador Javier Velásquez Quesquén, emisario ilustre de una de las grandes “virtudes” nacionales: el onanismo palabreador.

“Su discurso estuvo vaciado en los moldes clásicos de las generalidades insustanciales de los hombres públicos” (en Piérola, de Alberto Ulloa Sotomayor, p. 394, Ed. 1981).

En un país que necesita hombres de acero, una raza capaz de romper los esquemas tradicionales de corrupción moral, espiritual e histórica que padece el Perú desde mucho antes de ser república, el onanismo palabreador es recurso fácil de oradores mentirosos, capaces no sólo de vender a sus progenitoras, sino ¡hasta de discutir el precio!

Y los que no hablan pero escriben, generalmente por encargo dolarizado, también ponen su cuota culpable y culposa, inexcusable de ser juzgada y ajusticiada algún día, cuando cohonestan y dan forma aparente a todas las corruptelas que han perfilado cuerpos “institucionales” que hacen decir a autoridades, políticos, burócratas, militares, diplomáticos, futbolistas o legiferantes: “así es el partido, ¡qué se va a hacer! ¡Impresionante el conformismo que engendra una prensa adláter, casi sin excepciones, fabricadora de embustes y trapacerías con carta de ciudadanía porque algún tagarote ha “escrito” o “formado” opinión sobre tal o cual tema.

El onanismo palabreador es de tal magnitud que mañana se espera la palabra de quien llegó al gobierno, no al poder, con ofertas, casi todas violentadas, y en contra ¡precisamente! de lo que fue sacrificio y heroísmo de hombres y mujeres que fueron al encierro, al destierro o al entierro por causa de fidelidad a sus ideas apristas. Bien lo recuerda, con firmeza pedagógica, diariamente, César Lévano, desde La Primera. ¿Alguien puede imaginar algo distinto que lo dicho por Javier Velásquez sobre lo que dirá el señor García Pérez? ¡De ninguna manera! Entonces, la predictibilidad, palabreja “moderna”, cumple su aserto cabal de acepción exacta.

El onanismo palabreador sólo contiene, aunque se orille lo redundante, términos que son maire, maire, cabellicos que se lleva el aire. ¡Ese es el negocio! Tanto le han dicho al pueblo peruano, de todas las formas posibles, que es un colectivo sin memoria ¡que se lo ha creído! ¡Cómo si fuera fácil olvidar al hampón que roba y vive bien, ostentoso y patán u obliterar cómo los grandes pícaros son hoy ministros o traficantes de favores o contratos con dedicatoria! Distinta cosa es que exista un pacto infame para callar porque hay muchos metidos en la mazamorra de tratos sucios y deshonestos. ¡Pero, hay aún en Perú, gente honesta e incomprable!

¿Habría habido diferencia si Bedoya de Vivanco ganaba la presidencia del Establo? Creo que no. Es más bajo de estatura que Gonzales Posada; su cabeza es menos prominente y su formación ideológica es de un confeso social-cristianismo de derecha conservadora a ultranza. ¡Nada más! El Parlamento sigue siendo, aunque eso disguste a sus precarísimos inquilinos, una corporación de la que hasta el caballo de Calígula se avergonzaría de formar parte como advirtió decenios atrás Manuel González Prada. Y cuando debiera tratar los temas esenciales del drama, esos a que aludía el maestro Alfonso Benavides Correa, se ocupa más de producir naderías, discutir idioteces y envilecer más al Establo.

El valor mágico otorgado a la irrefrenable habilidad palabrera de algunos, troca, fácilmente, en repudio y decepción. Pero es la historia de siempre. Nos consolamos en sentencias: “para la próxima”, el consabido “qué se va a hacer”, “así es la vida”, “estamos en el Perú”. Afirmo que es hora que el talento reemplace y expulse del templo a los mercaderes del onanismo palabrero. Las campanas rebeldes anuncian el soliviantamiento inteligente de los capaces. Hay que aplastar la mediocridad que inunda e infesta casi todo el cuerpo nacional.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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