En el Ecuador han regido 18 constituciones desde 1830, la última entró en vigencia el 10 de agosto de 1998, durante la presidencia de Jamil Mahuad. Es decir, el país ha enfrentado diecinueve Asambleas, en muchas de ellas se dictaron leyes en beneficio de los sectores populares, pero en su gran mayoría, por el germen de la ambición y el poder de los grupos dominantes de cada época, se promulgaron normativas en su beneficio. Una nueva esperanza de refundar el país nace con la actual Asamblea Constituyente, pero para llegar hasta aquí, a las puertas de la vigésima Constituyente, el país ha tenido que atravesar por Constituyentes que solo han maquillado la crisis social económica, y política del país, o han acentuado el modelo neoliberal.

Los problemas estructurales se vienen arrastrando desde nuestro origen, y la historia nos muestra que las múltiples constituyentes no han logrado refundar el país, las únicas luces de cambio se han dado con las gestas de la independencia, la revolución de Alfaro, la revolución Juliana y en cierta medida el gobierno nacionalista de Rodríguez Lara.

Hemos tenido tantas asambleas constituyentes que, en momentos, se daban dos o tres gobiernos al mismo tiempo, han sido producidas por grupos de poder siempre en pugna, porque querían un sistema de acuerdo a sus intereses. En las diecinueve asambleas constituyentes se han ensayado todo tipo de mecanismos políticos, estableciendo diferentes formas de presidencialismo, con más o menos facultades, el Congreso Nacional ha pasado desde ser bicameral a unicameral, con senadores funcionales, con diputados de elección popular; en ocasiones ha pretendido gobernar en vez del Presidente.

Si antes era una trinchera desde la cual ciertas facciones de poder obstaculizaban al gobierno de turno, o lo chantajeaban a través del enjuiciamiento político e inmediata destitución de los ministros de Estado, ahora ha pasado a ser un espacio de verborrea que no tiene capacidad fiscalizadora real. En materia de legislación se le cortó la posibilidad de presentar y aprobar proyectos de ley económicos y de reformar el presupuesto general del Estado.

La última Asamblea, la de 1998 que se inició con la caída de Abdalá Bucaram, en 1997, asumiendo el intinerasgo Fabián Alarcón, luego de desconocer la sucesión de la vicepresidenta Rosalía Arteaga, se produjo en medio de una agudización de la crisis política y el reclamo de los movimientos y partidos políticos de izquierda. Es la primera Asamblea Constituyente en el período democrático y tuvo como representantes a los tradicionales partidos de derecha. Estuvo presidida por Oswaldo Hurtado y con una mayoría de derecha (PSC, DP, FRA) impusieron un tinte privatizador y no logró su supuesto objetivo: la salida a la inestabilidad política ecuatoriana, ya que posteriormente los hechos demostraron lo contrario el atraco bancario, pugna de poderes, acomodos familiares y políticos y actuación ineficaz de las instituciones del Estado y, como consecuencia de todo esto, el acrecentamiento de la lucha popular. Ningún año ha concitado más la atención que el 2007, con la creciente corrupción, la injusta distribución de la riqueza y del ingreso, las masivas migraciones que se vienen dando en busca del sueño americano y europeo, la muerte súbita de los partidos políticos de derecha que han dominado el país, la inestabilidad y el descontento del pueblo con gobiernos corruptos; en una década se ha producido la caída de seis regímenes, a esto se suma la participación del movimiento indígena y la lucha constante de los sectores de izquierda, estudiantes, maestros, trabajadores, campesinos por una sociedad más justa. El pueblo requiere de cambios estructurales que ni las 19 Asambleas que ha vivido el país han podido con la ambición y el poder desmedido de oligarquía que ha controlado en su momento el poder económico, social, político y cultural del país. Con la asamblea del 2007 se espera acabar con tanta inequidad e injusticia.