Eso sí, éste aprovechó para demandar una reforma que permita la permanencia y más recursos para esa fiscalía ineficaz e ineficiente, y más desde que su titular es Orellana Wiarco, quien depende de la Subprocuraduría de Derechos Humanos de la PGR, que preside Juan de Dios Castro.

Castro y Orellana siguen una política de tortuguismo en las averiguaciones. Buscan cansar a los denunciantes, a los que piden pruebas ad infinitum para dejar en la impunidad a los funcionarios que agreden, desaparecen y cometen homicidios contra quienes ejercen las libertades de prensa.

Resulta que Orellana Wiarco con sus guardaespaldas, policías federales, agredieron a los reporteros que, al término de la comparecencia, quisieron entrevistarlo. A golpes, con empujones y expresiones altisonantes se abrieron paso. “Abrazado por sus guardaespaldas (Orellana Wiarco) bajó las escaleras del salón B de la zona de Los Cristales –donde se realizó la reunión–, después se metió a la cocina para evadir a los comunicadores, pasó entre meseros, cocineros y estufas, salió por el baño y así, literalmente, logró escapar”, escribió Enrique Méndez (La Jornada: 13/VII/07).

Si no fuera una mascarada pregonar el respeto y apego al imperio de la ley, Felipe Calderón ya hubiera cesado a Orellana Wiarco, para ser consignado ante el Ministerio Público Federal por agresiones a los periodistas. Éste fue nombrado por Juan de Dios Castro, con la bendición de Maximiliano Cortázar y del alter ego áulico, Juan Camilo Mouriño. Estos dos han guardado silencio cómplice y Calderón o no ha sido enterado o también aprueba la conducta del fiscal que, violencia física de por medio, tapó con sus manos las lentes de las cámaras que grabaron la escena para quienes quieran verlo convertido en un troglodita.

El fiscal no tiene calidad moral ni legitimidad para ejercer el cargo, pues se ha convertido en enemigo del trabajo periodístico. Si no proceden las denuncias contra agresores como Robinson-Bours, Mario Marín y Fidel Herrera, desgobernadores de Sonora, Puebla y Veracruz, ni contra el presidente municipal de Reynosa, Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, menos se fincarán responsabilidades a Orellana Wiarco por los hechos que tuvieron lugar en presencia de los diputados federales. Uno de ellos, el panista Jorge Prieto Tapia, ofreció una disculpa, en lugar de presentar una denuncia contra el agresor.

La renuncia de Orellana Wiarco es condición para que la Fiscalía de Delitos contra Periodistas reivindique su función. Ya no hay confianza ni credibilidad, pues su titular ingresó a la lista de quienes arremeten contra los comunicadores, y cínicamente “reconoció que el incremento de la violencia contra los trabajadores de los medios de comunicación es muy preocupante”.

Presentar una denuncia contra Orellana Wiarco por sus agresiones, equivale a una acusación contra nadie. A menos de presentar una queja en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, para que se hiciera acreedor a una recomendación que lo obligara a disculparse por su conducta. Y acto seguido presentar su renuncia.

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Fecha de publicación: Septiembre 1a quincena de 2007