Denunció Fernán Altuve, la proximidad de un Ancón judicial, claudicante como todas las traiciones y abyecto por la cuota pusilánime y de ignorancia contumaz que en esto tiene la infeliz decisión de nombrar a Allan Wagner Tizón como representante del Perú en La Haya. El parangón no es desdeñable. Antes por el contrario, infiérese que la historia se repite y que hay un nuevo Miguel Iglesias, Allan Wagner, y un tratado con pronóstico de derrota anunciada, lesiva y garantizada por la trayectoria de quienes en su factura intervienen. Así de simple. Y es el silencio cómplice el que rodea estos momentos de absurda claudicación que vive Perú.

Es cosa común no contestar en Perú. Hay ministros acusados de ladrones y estafadores y siguen como si nada ocurriera. Monreros públicos permanecen atornillados sin que juzgado o comisaría alguna, siquiera, les convoque o aprese. La patente de corso es parte de la vida cotidiana. Conocidos cómplices de dictaduras y protagonistas de robos encubiertos caminan felices por todos lados. Cuando una sociedad calla y se habla de traiciones a la patria ¿puédese entender, otra vez, esa neumática de silencio? ¿o empieza la disolución sistémica de un país que ha sido considerado como inviable? Frente a la impostura del callar, insurge, indómita como clamorosa, la denuncia directa y patriótica.

¿Puede compararse a Wagner con Iglesias? No del todo y sí en parte. Ni siquiera en eso alcanza el diplomático al controvertido personaje cómplice de la invasión chilena y de la paz financiada por aquél en 1883. Por lo menos, había Iglesias peleado y rendido, con la muerte heroica de parientes cercanos, el testimonio para con la patria. Enfeudó sus esfuerzos y alquiló su muy discutible buena voluntad para arribar a la paz deshonrosa como la definió Andrés Cáceres, pero así fue la historia y no podemos cambiarla. Cuesta sí, digerir que en calles y plazas, se adopte el nombre de traidores. ¿En el embajador de marras, hay algo de heroico? El saldo es muy desfavorable, toda la trayectoria que algunos, a falta de argumentos, llaman “brillante”, de “lujo”, es una colección vergonzosa de puestas de hinojos ante Chile.

En los últimos tiempos, en sospechosos negocios conjuntos, historiadores han mostrado afición a re-escribir la historia y por una “cultura de paz”. Preciso es contraponer a este mohín atildado, el testimonio imborrable de qué fue la pezuña bestial de la ocupación del invasor; del abuso y exacción a que fueron sometidas las poblaciones peruanas y cómo es que Perú fue escenario del primer caso de “limpieza étnica” que hoy miserables, financiados por los del sur, quieren maquillar y disimular so pretexto de una historia “en común”.

El Ancón judicial que denuncia Fernán Altuve, tiene un propósito muy claro: poner la papa hirviendo en manos de un tribunal internacional. En efecto, el presidente García y su primer ministro, del Castillo, ambos conspicuos ignorantes de la historia y sus lecciones, testigos de la humillante expectoración de Allan Wagner del ministerio de Defensa, convinieron en darle, como premio consuelo, la defensa del Perú en La Haya. No contaron con que la dignidad nacional, sus portaestandartes y quienes quieren al Perú, por encima de banderías y parroquias, lanzarían, de inmediato, sus protestas justificadas ante el enorme despropósito de nominar a un traidor. Plenos en cundería, desean que el fallo lo otorgue un juzgado internacional que libere a la actual administración de un fracaso anunciado. La “calidad” de las capitanías y la historia proditora prevén ese lamentable como inequívoco pronóstico.

El silencio al interior de Cancillería es asombroso. Puede alegarse que allí, como en las FFAA, las órdenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones. Pero todos saben perfectamente la aberración que se está cometiendo. Los partidos políticos no existen sino como logias de amigos y argollas de intereses, carecen de cuadros entrenados y apenas funcionan como factorías productoras, clubes o asociaciones, proveedoras de ordeñadores del fisco. La rabanería caviar es chilenófila y pro-yanqui. Su única hazaña ha consistido en cuasi lograr que Chile llegue a ocupar un puesto en la comisión de DDHH de NNUU por entregar a Fujimori a la justicia local, cuando, en cambio, ¡nunca juzgó al criminal Augusto Pinochet! Los miedos escritos, televisivos o radiales, tapan la traición y se solazan en la cantinela boba de zalemas y supuestos méritos de quienes sólo han mostrado el engaño, el timo y la espalda a la patria como pendones de sus vergonzosas carreras “profesionales”. La historia vuelve a repetirse y, como es costumbre en pueblos que no aprenden de sus yerros, en la misma manera infame y obtusa. Anunció reiteradas veces Manuel González Prada: Tomar a lo serio cosas del Perú.

Advertido está el país, admonizados los lectores. Cada uno sabe cuál es su deber. El nuestro, en horas apenas de terminar el 2007, seguirá siendo el mismo, con modestia y constancia. A todos, la esperanza de un combate ganador el 2008.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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