Las crisis del capitalismo son cíclicas e inevitables. Esta afirmación marxista1 , hoy es reconocida hasta por el más reaccionario economista al servicio de las transnacionales. ¿Cómo hace el sistema las condiciones para que se produzcan las propias crisis? Básicamente porque al destinar cada vez más capital para inversión en maquinaria y tecnología (capital fijo), este crece frente al capital invertido en comprar fuerza de trabajo (capital variable), pero como solo el trabajo humano produce plusvalía la ganancia del capitalista, si se la compara con la totalidad del capital invertido (capital variable más capital fijo), tiene una tendencia a decrecer. Es decir, se obtiene una menor rentabilidad en relación al capital invertido. A este proceso se lo conoce como la Ley de Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia.

La crisis sobreviene entonces y se expresa a la vez como crisis de sobreproducción de mercancías (hay un exceso de mercancías en relación con la demanda posible) y como crisis de sobreacumulación de capitales. Exactamente lo que vemos ahora: la crisis financiera inmobiliaria en Estados Unidos y otros países se da por sobreproducción de viviendas frente al número posible de compradores, y la acumulación de la riqueza en pocas manos es superior a la de cualquier otro momento en la historia.

Con mecanismos de brutal explotación a los trabajadores manuales e intelectuales, como las formas precarias de trabajo y pagar diez centavos de dólar por hora de trabajo en las maquilas ubicadas en China, los capitalistas redujeron la inversión en capital variable en las décadas de aplicación de neoliberalismo. Con ello lograron recuperar la tasa de ganancia. La inmensa masa de trabajadores sobreexplotados en la China actual (que de socialista no tiene nada), se convirtieron en el pulmón del capitalismo que pugna por mantenerse con vida a costa de miles de millones de seres humanos en condiciones de vida miserables. Pero lo que vemos hoy es que la globalización neoliberal y países como China ya no van siendo suficientes para difuminar las crisis del sistema capitalista y atenuar sus impactos.

Un claro fenómeno: crisis cada vez más frecuentes

Cada recuperación de la tasa de ganancia en estos años, siempre frente a la tendencia decreciente, ha encontrado una nueva crisis a la vuelta de la esquina, destruyendo precisamente las vitrinas presentadas como ejemplo de éxito del sistema y de la globalización. Así, el mundo financiero y productivo se vió sacudido, para mencionar algunas, por la crisis de la deuda en 1982; crack de la bolsa de Wall Street en 1987; crisis de la burbuja inmobiliaria japonesa en 1990; crisis del sistema monetario europeo en 1992; crisis “tequila” en 1995; crisis de los tigres asiáticos en 1997; crisis rusa en 1998; crisis de la burbuja de las empresas “puntocom” y crack de la economía argentina en 2001, entre otras.

En un estudio extenso, los economistas Gary Clyde Hufbauer y Erika Wada, del Institute for International Economics, realizaron un análisis estadístico impactante demostrando que entre 1970 y 1998 se produjeron 64 crisis bancarias y 79 crisis cambiarias en el mundo2.

Otros autores demuestran que, además, las crisis se van volviendo cada vez más frecuentes, abarcan más países simultáneamente y son más profundas3 (ver gráfico), tal y como también lo previeron Marx y Lenin.

La crisis inmobiliaria: anuncio de recesión

El célebre semanario The Economist sostenía ya en 2005 que: “Nunca antes el precio real de las viviendas ha crecido tan rápido, durante tanto tiempo, en tantos países. Los mercados de los bienes raíces han estado en efervescencia, desde Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia hasta Francia, España y China. El aumento de los precios de las propiedades ayudó a apuntalar la economía mundial luego de que la burbuja del mercado bursátil estallara en el año 2000. En EE.UU. el sector de la vivienda fue clave en el crecimiento económico entre 2001 y 2006. En ese período generó un tercio del empleo creado y casi la mitad del gasto en consumo. En el Estado Español el sector de la construcción representa cerca de una quinta parte (el 18%) del producto bruto interno.4”

Tan fenomenal crecimiento fue posible gracias a sistemas de crédito que comenzaron a fallar. Quienes no podían pagar devolvían las casas y la sobreproducción se evidenciaba. A fines de enero, se estimaba que los bancos de Estados Unidos y Europa sumaban quebrantos por más de 400 mil millones, y algunos los prevén en un billón de dólares. En Inglaterra, el gobierno anunció que nacionalizará al banco Northern Rock, que ha perdido 25.000 millones de libras esterlinas, cubriendo el Estado neoliberal la cartera insolvente del dicho banco.

Esta crisis se relaciona con una forma más profunda de la economía norteamericana, donde el mercado de consumo depende del crédito al grado que el nivel del endeudamiento de las familias oscila en torno a un 200% de su ingreso disponible. La sobreproducción logra así salir a la venta, pero ahora el estallido del crédito al consumo (incluido el hipotecario) amenaza todo el funcionamiento y ya se expresa también como crisis monetaria al grado que los capitalistas han recurrido nuevamente al oro como refugio, cuyo precio saltó a mil dólares la onza, mientras se desvalorizan todas las formas nacionales de la riqueza capitalista. Pero el oro ya no es el mecanismo de transacción ni se pueden dejar las formas electrónicas y de “plástico” vigentes, así que la crisis caerá en las espaldas de los trabajadores endeudados.

Tarde y mal el gobierno de Bush presentó un plan “para que la economía siga creciendo y generando empleos”, lo que fue el anuncio para la crisis en las bolsas de valores del mundo el pasado 21 de enero. La suma de manifestaciones de la crisis traerá la recesión, es decir la baja en la producción, con el lógico desempleo añadido. “Las turbulencias de la economía internacional por la crisis en los mercados de crédito y el aumento en los precios petroleros podrían aumentar en 5 millones el número de personas desempleadas en el mundo en 2008, llegando el desempleo a niveles sin precedentes, y si bien hay más gente empleada que nunca antes, eso no significa que sean empleos decentes”, según el Director General la Oficina Internacional del Trabajo (OIT)5.

El inversor multimillonario George Soros ratificó que el mundo estaba enfrentando la peor crisis financiera desde la Segunda Guerra Mundial y que Estados Unidos estaba bajo la amenaza de una recesión, además de señalar que es falso el mito de que el mercado busca el equilibrio. Afirmaciones claves cuando se comprende que, hasta este momento, los capitalistas norteamericanos habían logrado que lo principal de las crisis recaiga en otros países, pero esta vez la tienen en casa y eso se convierte en una amenaza a todas las economías dependientes.