Las bancadas, así cuenta la crónica parlamentaria, no pudieron en el pleno del Establo, es decir, las vacas, los bueyes, los chivos, las cabras, tomar una actitud respecto de la investigación planteada a la ONG Aprodeh. En buen romance, o fue una cínica cortina de humo que revela que en realidad los congresistas tienen miedo a lo que una prensa dominada por estas organizaciones hagan o satanicen o, el Parlamento no es más que un adorno, otro más, en el país.

Por eso, las ONGs, pretextan una persecución, invirtiendo el orden de los sucesos, porque hasta donde se sabe la carta desvergonzada, llena de jerigonza y pasajes oscuros para no ir al meollo del asunto ha sido la de Aprodeh a los legiferantes europeos. El resto de la historia, el ridículo de la diplomacia nacional, es historia conocida.

¿Qué va a hacer la Cancillería con su mediocre embajador en Bélgica, el montesinista Jorge Valdez Carrillo? Según este mismo personaje, él solo escucha lo que dice el titular de Relaciones Exteriores. Lo que equivale a un ninguneo más o menos grosero al legislador Mauricio Mulder Bedoya, secretario general del Apra, quien, con sobradas razones, ha pedido que echen a este inepto. Pero eso es harina de otro costal.

No estaría demás un razonamiento frío, puntual, exacto, sobre cómo ocurrieron las cosas y decantar, separando los derechos humanos de los intereses comerciales de los dueños de ONGs y sus remesas que vienen del exterior en copiosos y abundantes dólares y euros, de lo que es la Patria, sus intereses y su defensa interna y externa.

El 98% de ONGs, dicen ellos como cartabón de derechos humanos, no cree en la defensa de la Patria, ni en sus fuerzas armadas y tampoco en los límites. Es más, han tenido el desparpajo de alentar persecuciones y meter en un solo saco a criminales patológicos, asesinos de gatillo suelto con los que cumplieron el deber sagrado de resguardar el país de caer en aventuras violentistas que nadie podría haber vaticinado sino como un horroroso baño de sangre. Y sin embargo, actúan bajo el patrocinio legal y protección que la Constitución les otorga. ¿Hasta dónde es lícito usar las herramientas democráticas para destruir la democracia?

De repente, todo el mundo está equivocado, la bondad ínsita de las ONGs de derechos humanos, es una realidad. Pero hay que advertir un tema fundamental: si no hay dólares o euros ¡absolutamente ninguna de estas organizaciones y sus burocracias doradas! movería ¡un solo dedo!

¡Este es un negocio millonario! Quienes atenten contra éste, se encuentran a la prensa adicta y sufragada y además así se fabrican personajes y juristas.

Lo ocurrido hace pocos días, da cuenta fehaciente de que en Perú todo es un chiste. Y de muy mal gusto.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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