¿Se dieron cuenta cómo la Agencia Noticiosa Andina, esa que torpedea el Tratado de 1929, invocado en el primer artículo de la demanda del Perú sobre delimitación marítima con Chile ante la Corte Internacional de Justicia y casi toda la prensa limeña, veleidosa, pizpireta, cómplice, tumultuosa en sus mentiras y monocorde en sus mudeces, calla, baja el tono, disimula, casi no menciona la condecoración de que fue objeto el señor Javier Velásquez Quesquén, presidente del Congreso, a cargo de Adolfo Zaldívar, en nombre del Senado de Chile? Pedirle a Velásquez que recordara que mañana 28 se cumple el 79 aniversario de la reincorporación de la Ciudad Heroica Tacna a la heredad nacional, parece un hecho fuera de cualquier horizonte cultural o histórico. ¡Otro Fabián Novak, de sur sobre el norte, reiterando el impulso taimado, acaba de brotar entre premios y porotos, ahora en el Establo de la Plaza Bolívar!

Todos callan. Acaso sea una de las etapas más intensas en que la uniformidad a la inversa denota su vergonzosa presencia. Diplomáticos hablantines y verborrágicos, no dicen lo que debiera ser su deber. “Analistas, estrategas, internacionalistas, especialistas”, categorías que en Perú crecen debajo de cada piedra regada por dólares que logran las organizaciones de nuevos gángsteres de memorias históricas sumamente miopes, se cosen las bocas porque son chilenófilas y pro-yanquis. Los historiadores plásticos y las universidades que braman por culturas de paz para borrar definitivamente las huellas brutales y sangrientas de los invasores de ayer, siguen haciendo lo que siempre hicieron: ser elementos a la carta según quien pague sus requerimientos dinerarios, de honores y distinciones. Y no hacen diferencia si es con porotos, sopaipilla, empanada o vino tinto. El capital no tiene nacionalidad dicen.

En lugar de preparar convenientemente a periodistas, investigadores, profesores para lo que se viene y que será la chilenización de la agenda peruana y la peruanización de la agenda chilena en el 2009, los inquilinos de Torre Tagle botaron a la basura casi US$ 200 mil en la fallida candidatura de Niño Diego García Sayán a la Corte Penal Internacional en que fue superado por un juez caribeño. La rabanería caviar chilenófila no toca el tema porque tendría que acometer con valentía la denuncia de una vanidad infinita y ególatra, la del Narciso de juguete, y eso significaría pelearse con el latifundista que tiene su propia chacra productora de dólares y suministradora de trabajitos para los desempleados. Y adviene el silencio y la sordina más abominable.

Los Piérolas y los Iglesias habitan ¡qué duda cabe! significativos ámbitos del derrotismo peruano que no nace en 1879, como bien me precisó un embajador amigo, sino en 1821. Las castas políticas siempre fueron vergonzosos ejemplos de renunciamiento voluntario, cobarde y pusilánime. San Martín y Bolívar, dos deidades, el primero argentino y el segundo venezolano, no eran peruanos. El primero no dio batalla con Canterac en el país y el segundo nos yuguló Guayaquil. A posteriori el primero fue Protector y el segundo Dictador. Más adelante el venezolano partió al Perú, creó Bolivia, generó los problemas que nos han perseguido durante toda la vida republicana, punto inicial de guerras y pérdidas, y hasta ¡nos declaró la guerra! Y así, en el poema y cántico de glorias supuestamente reales y ajenas, ha vivido Perú hasta los días presentes.

¿Cómo es posible tanta connivencia criminal que no aprende de la historia y sus inapelables fallos demostrativos de cómo se manejan las naciones, qué hacen y de qué formas cuando quieren algo –ayer fue el salitre y el guano, hoy es el gas y el agua- y qué aguarda a los países que viven en la fanfarria de condecoraciones mentirosas, interesadas, inoportunas, viles?

A nadie hay que culpar de estas convicciones. Son parte de un ejercicio diario y patriótico de apelación a la conciencia. Se consulta con la historia, y a Clío me entrego en largas horas diarias de lectura y meditación. Que otros no lo hagan por pereza o mediocridad o cobardía es un tema del cual sólo ellos pueden dar cuenta. Decía Ortega y Gassett: yo soy yo y mi circunstancia y así lo recordó mi brillante profesor de Secundaria y de la vida, Walter Seminario.

Vamos con voluntad férrea en rescate de la dignidad genuina y por eso la inspiración la dan Cáceres y La Breña. Esta II Campaña de La Breña será hito y acicate, espoleo de voluntades, látigo contra ocios, piedra de toque y esperanza que no se arredra, como sí hacen otros por unos cuantos porotos, cuando de defender a la Patria se trata.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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