Alan Fairlie Reinoso-Sandra Queija de la Sota, Lima 2007, CISEPA-PUCP http://www.pucp.edu.pe/departamento...

Reflexiones finales (pp. 363-365)

El Perú, como otros países, ha impulsado una serie de acuerdos regionales norte-sur y sur-sur, lo que implica una participación simultánea en diferentes foros, con resultados que no siempre han sido calibrados lo suficiente antes de su suscripción, y con dificultades múltiples para su implementación en la medida que cada uno de esos acuerdos incluye compromisos diferentes en la amplia agenda comercial.

Se introduce así otra dimensión a partir de la interacción entre regionalismo y multilateralismo que no tiene un claro beneficio en el contexto de la actual proliferación existente. En los acuerdos bilaterales lo que importa es el peso económico y político de los involucrados.

El ACE 38, y el TLC con Chile se ubican en ese entorno de acuerdos sur-sur, y que son OMC-plus. Pero, hay elementos peculiares en esta relación entre países que tuvieron una guerra el siglo XIX, donde los compromisos derivados del Tratado de 1929 que le puso fin se han implementado parcialmente por acuerdos de los 90s, y donde un problema pendiente de límites marítimos (que se hace más complicado con la necesaria solución a la mediterraneidad boliviana).

Es una compleja relación donde Perú tiene las materias primas, agua, energía que Chile necesita para su desarrollo, así como otros recursos de la biodiversidad. Hay una migración creciente desde Perú en los últimos años. Estos vínculos económicos, de aprovechamiento de los recursos existentes, de intercambio de bienes, servicios, capitales, fuerza de trabajo, se han ido densificando en los últimos años, pero sin un esquema claro y definitivo que permita un abordaje integral de la agenda bilateral.

El libro ha buscado concentrase en una parte de esa compleja relación, la referida a los flujos comerciales y de inversión, relacionándolos con otras variables, buscando así un análisis comparativo que vaya más allá del corto plazo. Asimismo, en los posibles efectos de los compromisos (ACE, TLC) bilaterales adoptados.

La pregunta central es si estas mayores relaciones económicas de los últimos años están configurando una integración sostenible que permita una solución de la compleja agenda que leve a una definitiva distensión, o si por el contrario se están creando condiciones para nuevos conflictos.

Para responder a estas interrogantes era imprescindible un abordaje teórico que brinde instrumentos para reflexionar sobre esta problemática. Allí realizamos un balance crítico de los diferentes enfoques que sustentaban una y otra posición. Constatamos que aún desde el enfoque liberal, que postula que una mayor relación comercial reduce los conflictos, se señala que cuando existen asimetrías esto no se cumple. Otros autores explícitamente plantean y demuestran que con asimetrías y otras variables, la interdependencia se convierte en dependencia, y más bien se general conflictos.

El libro buscó identificar en sus diferentes capítulos las características principales de la relación bilateral. Lo que encontramos fue dependencia y no interdependencia, y como hemos analizado, al incrementar la dominación de cualquier sector, la probabilidad de conflicto aumenta.

Si bien el Perú tiene actualmente un superávit comercial, persiste un déficit acumulado a favor de Chile. Además, este superávit se basa en materias primas, mientras importamos manufacturas. Se evidencia una mayor diversificación y valor agregado en las exportaciones chilenas, y una mayor concentración y menor valor agregado en el caso peruano. Así se viene configurando un asimétrico patrón comercial norte-sur, con déficit en comercio de manufacturas y servicios para el Perú. El comercio intra-industrial detectado es sumamente escaso, y no es horizontal (de bienes finales) sino vertical (el Perú aporta al comienzo de la cadena productiva, y Chile le da valor agregado). Aquí hay que notar, como señalan varios modelos, que el comercio asimétrico entre bienes no manufacturados y bienes industriales, conduce a un incremento de la probabilidad de conflicto entre Estados.

Es decir, que no hay la complementariedad que aparentemente daba uno de los índices, sino dependencia del Perú. Mientras Chile paulatinamente adquiere ventajas comparativas en productos no primarios en su inserción internacional, el Perú no lo hace. Mientras Chile utiliza la relación bilateral para consolidar su proceso de desarrollo, el Perú perpetúa un patrón primario exportador.

Si estas asimetrías son manifiestas y crecientes en el comercio de bienes y servicios, son todavía más pronunciadas en las inversiones. Existe alrededor de US$ 4600 millones de inversiones del vecino (fuentes chilenas), frente a USD 20 millones del Perú. Han abarcado todos los sectores de la actividad productiva incluidos sectores estratégicos. El trabajo muestra la concentración y control que han logrado en mercados de energía, servicios financieros, de transporte (puertos y transporte aéreo), retail y sector industrial.

Esa presencia masiva de empresas, ha implicado el aumento de importaciones desde Chile y terceros mercados, así como una articulación horizontal en el país. También ha representado una importante masa de beneficios, que fundamentalmente se repatrian. El saldo neto que hay que evaluar es el de empleos generados directa o indirectamente vs los que destruyen con su competencia, en algunos casos desleal (como el detectado en las importaciones chinas). Los montos invertidos vs la sangría de divisas, tanto por las importaciones que las mismas empresas hacen desde su país de origen, como por la repatriación de utilidades al exterior.

Estas asimetrías se pretenden consolidar con un TLC que no ha pasado por el Congreso peruano. Los capítulos de servicios, inversiones, solución de controversias, facilitación aduanera, normas de origen, sanitarias y fitosanitarias, responden a las demandas chilenas y sus intereses ofensivos. En el caso peruano, temas como propiedad intelectual, servicios profesionales y otros que eran de interés, han sido postergados para su discusión o simplemente no han sido considerados. Se ha llegado al extremo de otorgar las mismas condiciones que a EEUU (definición de inversión e inversionista, trato nacional, servicios), en trato que se supone es recíproco. Esto constituye una ilusión teórica, dado que las asimetrías existentes implican inclinar la balanza hacia el sur.

¿Cuál es la lógica entonces de ceder en este TLC si claramente no reporta beneficios al Perú? Aparte de los intereses mercantilistas y otros inconfesables, la idea era densificar la relación económica, tratar de crear intereses comunes entre ambos socios que potencien la relación bilateral y permitan la solución de todos los problemas pendientes.

De este modo, se compraron la tesis liberal. Pero, no repararon en que los propios autores de esa corriente señalan que cuando hay asimetrías y las características que hemos encontrado en la relaciones bilaterales, o que se están creando son más bien condiciones para futuros conflictos (con mayor razón como señalan los modelos, se se trata de países vecinos que tenido guerra en el pasado). Han olvidado lo que señala la teoría, en el sentido que los países usan la apertura económica y la guerra como instrumentos de política que los Estados pueden manipular simultáneamente.

Más aún si consideramos el tema energético, puertos, reservas de agua, biodiversidad y la necesidad de materias primas de la economía sureña. Ni hablar del tema de delimitación marítima pendiente a la que Chile añade ahora una diferencia en el límite terrestre que viola el Tratado de 1929. Menos aún, de la desenfrenada carrera armamentista desatada por el país vecino, que hay que añadir a la lista de asimetrías consideradas por los teóricos (que señalan además, que mientras más altos sean los gastos militares de un Estado, más alto su riesgo de iniciar una guerra).

En suma, postulamos que más allá de las buenas intenciones de los impulsores de la tesis liberal en el Perú, están llevando al país a un escenario de conflicto que si no se corrigen de inmediato las asimetrías y la política de “cuerdas separadas” en las relaciones bilaterales, traerán horas aciagas para la República. Los que postulamos el segundo enfoque, debemos trabajar para que eso no se produzca y buscar una relación vecinal que supere los problemas pendientes y sea sostenible en el tiempo. También, para tomar las debidas precauciones.