Manuel Gutiérrez Estévez

El texto escrito por Javier Lajo como respuesta al que yo le había enviado tiene vigor y muchas observaciones sugerentes, pero, a mi parecer, también algunas afirmaciones poco fundadas resultado, creo, de nuestro desconocimiento mutuo. Voy a apostillar, lo mas brevemente que pueda, este primer debate intercultural que, como él dice debe contener en algún momento una declaración de nuestros “significantes claves”.

Para empezar, quizá deba hacer una pequeña aclaración sobre una palabra que a Javier Lajo le ha resultado desagradable el término “salvaje” o “silvestre” que utilizo en mi texto. Este no se contrapone a “culto”, sino a “domesticado”, y es una referencia indirecta a la obra clásica a Levi Strauss (Le pensé sauvage) que en modo alguno, tiene connotaciones peyorativas, todo lo contrario. Lamento haber generado este malentendido; tal vez debería haber empleado el adjetivo con mas prudencia y de una manera menos “corporativa”.

La primera sección de su trabajo la dedica a mostrar “los argumentos para decir que el occidente europeo, es tan violento como cualquier sociedad humana, y tal vez ha sido la cultura “mas violenta”. Es posible, “tal vez”; pero no es esta la cuestión, sin duda importante, sobre lo que yo había escrito. Entiendo que para Javier Lajo, que no me conoce, puede resultar molesto que un español escriba sobre “violencia” amerindia, sin previamente haber un juicio moral sobre las manifestaciones históricas sobre la violencia occidental en general y española en particular (a la que dedica la segunda sección de su texto); y que, pero ello, impugne indirectamente mi legitimidad para tratar estas cuestiones. Pero lo que pretendo plantear en mi artículo está voluntariamente al margen de la moral histórica, siendo exclusivamente apuntes de una indagación sobre la posible diferencia de la conceptualizacion entre orden y violencia en las culturas amerindias y la perspectiva tópica de la cultura occidental (la violencia como desorden).

Sin embargo, aunque las manifestaciones históricas de la violencia no sea la cuestión a debate, me parece que para desterrar lugares comunes – o al menos para hacerlos un poco menos contundentes- no estaría de más, en otra ocasión, consideremos juntos algunos datos sobre aspectos comparativos de las guerras, la más letal de las manifestaciones de la violencia (véase la nota 33 del artículo de Antonio Pérez en este mismo libro).

La sección segunda del texto de Javier Lajo, como ya he dicho, se centra en la denuncia de la crueldad esgrimida por los españoles en la conquista americana. Ni que decir tiene que comparto con Bartolomé de las Casas y con él la repugnancia e indignación que tantas y tantas acciones despiadadas nos siguen produciendo después de siglos, pero reitero que en esta ocasión no se trataba de esto. Sin embargo hay en esta segunda sección una afirmación que si me gustaría comentar. Dice que: “... el concepto de violencia en todas las culturas es el mismo y posee idéntica valoración es condición previa a la contractualidad humana”. Aquí esta el meollo de las diferencias de perspectiva de nosotros. Para Javier Lajo parece que el concepto de violencia es un universal y, precisamente, mi artículo parte del supuesto contrario: es una construcción cultural, variable en el tiempo y el espacio. Las referencias que él utiliza (Hobbes y demás), son las propias de un pensamiento que como el occidental, tiende a confundir su propia visión de las cosas con una visión de validez universal. En cambio, a mi parecer, la violencia es apenas una palabra porque en cada época histórica y en cada cultura ha tenido significados (y valoraciones morales) profundamente dispares. Además, su función social ha sido distinta y su papel en las diversas construcciones teóricas sobre qué es sociedad y qué es cultura diferente; y esto último es lo que más nos interesa ahora. Cada etnosociología, es decir cada teoría sociológica “nativa” (la occidental incluida), posee su propia manera de conceptualizar las relaciones entre violencia y sociedad, como, desde luego, entre orden y desorden.

La tercera sección bastante breve, del artículo de Javier Lajo esta dedicada, a los rituales andinos de contienda entre comunidades. Confieso que no he entendido bien su postura. Parece decir, por un lado, que es “un juego de niños” y ataca la vulgar concepción decimonónica de considerar infantiles a los pueblos indígenas de cualquier parte del mundo. Desde mi punto de vista el Chiaraje no es un juego de niños, ni por supuesto considero “niños” o infantiles a quienes lo practican. Estoy mas de acuerdo con lo que posteriormente expresa sobre el carácter sagrado del ritual, aunque me incomoda el término “sacrificio” –que yo utilizo en un sentido metafórico- sea convertido en un arma de combate, (en un combate, por otra parte en el que probablemente estoy de su mismo lado).

La cuarta sección sobre los principios lógicos de lo impar y lo par, me ha interesado profundamente. Y le agradezco mucho sus precisiones sobre el significado de “H’ampi” y “Laija”. Comparto con él que en el principio de identidad y no contradicción están las causas últimas de la exclusión y la intolerancia. Esta apreciación común, nos será de gran ayuda en los próximos debates que podamos tener.

Para finalizar quisiera agradecer muy sinceramente a Javier Lajo su atención y trabajo al comentar un texto de un desconocido. Una relación intercultural de esta clase, basada en el aprecio y el respeto mutuos, es tan poco frecuente que debemos felicitarnos por haberla practicado; y mi estimado Javier Lajo ha dado un ejemplo de cómo puede llevarse a cabo. Hay muchas cuestiones sobre las que podemos seguir conversando.

1) Respuesta y comentarios al texto de Manuel Gutiérrez Estévez sobre la violencia indígena: «Contiendas en algunos mitos y rituales amerindios», de Javier Lajo. Publicado en “Lugares indígenas de la violencia en Ibero América” de Julián López García y Pedro Pitarch Ramón, Editores. Agencia Española de Cooperación Internacional.

2) http://alainet.org/active/7202&lang=es