Por: Michaela Pantoja

Con una temperatura de menos de 10 grados, Madrid abrió sus puertas. Desde el primer momento, el clima fue ajeno a nuestra costumbre. Se trata de una sociedad consumista, individualista, fría, lo cual impacta a quien llega desde América Latina.

Uno siempre ha sentido el dolor de los migrantes, lo ha visto desde lejos, pero cuando se está también en otras tierras es cuando realmente uno se da cuenta, en carne propia, de la lucha por sobrevivir que libran los ecuatorianos, los latinoamericanos que buscan mejores días en esos lejanos lugares. Entre avenidas pavimentadas, grandes construcciones, entramos a una ciudad vieja, con edificios que sobrepasan los 50 años, o tal vez más; y a cada paso, un ecuatoriano, irremediablemente es reconocido por su aspecto, por su alegría, por sus ojos llenos de esperanza, por su trabajo tesonero.

Los cerca de dos millones de compatriotas que residen en España se han tenido que “acoplar” al ritmo de vida de este país, en muchos casos van perdiendo su propia identidad, en otros, la nostalgia de nuestra tierra se hace evidente: ecuatorianos escuchando música nacional, preparando nuestra típica comida, jugando nuestros juegos, rescatando lo que somos. Así, entre avatares, se desenvuelve la vida diaria de los migrantes, muchos agobiados por los trabajos, por un sector racista de la sociedad española; por un Estado policíaco, represor, que en pleno siglo XXI es dominado por un “rey”, que dirige como títeres a los gobiernos de turno y que oprime a muchos pueblos y naciones que conforman el Estado español.

En la parada Porto, del metro, encontré a una ecuatoriana, Karina Guerra, de 33 años, que labora en la Radio Ecuatoriana FM, la cual funciona en Madrid; ella vive en España hace 6 años. Mientras tomábamos un café, pude constatar el ímpetu y la urgencia que tenía esta ecuatoriana por ayudar a sus compatriotas:

- ¿Cuál es la situación de los migrantes en España?

- Existe una desatención por parte de las autoridades ecuatorianas, y una exclusión en la definición de las políticas de Estado. En segundo lugar, a nivel interno, en lo que se refiere a la política española, nos encontramos en una situación sumamente crítica, el tema de la crisis económica ha afectado a los grupos minoritarios, en este caso los migrantes, no solamente ecuatorianos, sino bolivianos, peruanos, de Europa del Este, de África… El tema del paro inmobiliario que se dio en EEUU. y que se desplegó en España, ha afectado a los migrantes, sobre todo a los barones, porque trabajaban en la construcción y ahora es una actividad que sufre un paro, por ende, mucha población ha quedado en el desempleo.

En este país se tiene derecho a un seguro por desempleo cuando hay paro; lamentablemente, después de 4, 8 ó 12 meses de haber recibido esas contribuciones, te quedas sin un ingreso, y si a lo mejor tienes una hipoteca, porque muchos de los ecuatorianos comenzaron a comprar pisos, en el afán de tener una vivienda propia, de reagrupar a la familia, te quedas en una situación muy complicada.

Los ecuatorianos se concentraron en esta ciudad pensando en hacer un futuro, y ahora se quedaron sin empleo; pero, además, muchas veces son los dos miembros de la familia los que han dejado de trabajar, y eso hace que la situación s etorne desesperante. Hay familias que van a las iglesias, a la Cruz Roja, a distintas Ongs, a pedir ropa, lo que hacían cuando recién llegaban a España; el proceso migratorio asistencialista se ha vuelto a repetir.

Antes, el proceso migratorio tenía algunas etapas: la primera, la llegada, luego el proceso de estabilización, y luego, como ya tenías los papeles, era como si tuvieras la carta de libertad. Ahora, aunque tengas los papeles, si no tienes trabajo te encuentras en una situación crítica. Por otro lado, el costo de la vida ha subido tanto, pero los salarios no; tenemos un salario básico de 624 euros, mientras que la canasta básica está entre 800 a 1000 euros.

El problema de la economía es general, tanto nativos como extranjeros estamos en el mismo tema. Lamentablemente el Estado no toma las medidas necesarias; es más, se resiste a reconocer que estamos en un grave problema. Por no causar una sensación de pánico, ellos manifiestan que a lo largo de este año intentaremos salir de esta crisis, pero los economistas han manifestado que por lo menos hasta el 2010 la situación no va a cambiar.