El silencio respira paz pero también quietud boba o cómplice. La bulla es la carencia de armonía, el disparate sin ton ni son, la algarada, la turbamulta. ¿Cómo en un país como el nuestro, y con muy notorias excepciones, frente al robo masivo, descarado, monrero de que es objeto el pueblo peruano al que se despoja de su historia y de su recuerdo, las patotas intelectuales, diplomáticas, políticas, militares, periodísticas, historicistas y de toda laya, conservan un parsimonioso y sinfónico cuanto que bullicioso silencio? ¿por causa de qué o a cambio de qué y de cuánto, no dicen nada ni protestan al compás de tantas acciones perversas contra la memoria colectiva de la Nación? Los extremos se juntan y se produce la extraña química del matrimonio aberrante de la bulla con el silencio.

No bastan los pretextos o las coberturas que apelan a, por ejemplo, los derechos humanos, para mostrar alguna militancia, es imprescindible protestar cuando hay que hacerlo. Entonces ¿qué explicación hay con dos temas espinosos y justo en momentos delicados en que el Estado peruano mantiene una situación de conflicto jurídico con Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya por delimitación marítima? ¿qué estirpe pueden mostrar nuestros diplomáticos o qué raza tienen?

Lustros hace que se permite la alteración de los términos en que Perú y Chile, ningún otro país, sellaron el Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 con su inseparable Protocolo Complementario y Perú conservó soberanía restringida sobre Arica y servidumbres y derechos en esas zonas cuyo cumplimiento aún está pendiente. Una taifa grotesca pretendió en noviembre de 1999, y siguiendo el rumbo que más convenía al país austral, sostener que se había concluido con el asunto pendiente. Y hasta el traidorzuelo Fabián Novak Talavera, premiado por Chile por “negociar” por Perú, escribió un libro en que narra esa crónica con esos supuestos logros, texto que se exige, según informes extraoficiales, como manual universitario obligatorio. ¿Alguno de esos, Trazgenies, Valdez, Pardo, puede explicar por causa de qué no se incluyó el tema de la delimitación marítima?

Desde hace pocas semanas en campaña intensa pero sibilina, algunos diarios limeños consignan que si Chile decide “ceder” un corredor por el norte de Arica a Bolivia entonces Perú tendría que ser “consultado”, asunto que denota ignorancia grotesca cuanto que violadora del espíritu y letra expresa del Tratado de 1929. Por supuesto hasta el mismo canciller Jose García Belaunde, que pareciera haber seguido un on line sobre límites, incurre en el nefando yerro. Y lo que es peor: sin que periódico, medio de comunicación, Cancillería, gobierno, Establo o alguien, salvo humildísima excepción, le enmiende la plana por embustero y por conspirar contra los intereses consagrados en tratados internacionales del Perú. ¡Ni qué decir de los partidos políticos cuyas dirigencias parecen enorgullecerse de estar castrados en el conocimiento de la materia!

No sólo eso. Cuando el embajador Allan Wagner Tizón, asumió la cartera de Defensa olvidó la celebración de fechas célebres que conmemoran hechos de armas, algunos victoriosos, ocurridos durante la guerra de rapiña de Chile contra Perú entre 1879-1883. Lo que parecía contumaz ignorancia revelóse como consigna adrede durante la cartera de Defensa cuando Antero Flores Aráoz. Y estos días en que sí se recordó Marcavalle-Pucará-Concepción, Huamachuco, San Pablo, desde abajo y desde dentro, y otros encuentros, el gobierno brilló por su ausencia vergonzosa, pusilánime, tenebrosamente cobarde. Por cierto los que no dijeron nada fueron los de costumbre, tan eximios para hablar de naderías pero no de abordar el duro examen de un país que navega en la nebulosa y que ni se atreve a cuestionar el modelo exportador primario de materias primas o regalador contumaz de su patrimonio.

Y el Partido de gobierno se infectó del virus amnésico porque no celebró el 7 de julio la efemérides del alzamiento armado popular y revolucionario de Trujillo en 1932 y que le costó a esa generación fundadora un durísimo bautizo en sangre y dolor. Nótase pues que la tara torna epidémica porque ¡a como dé lugar! hay que borrar la memoria histórica del pueblo peruano y fingir que aquí no ocurrió cuanto se sabe y ha sido imposible borrar en abusos, exacciones, crímenes, masacres y toda clase de desmanes.

Si hay algo que no puede ni debe, so riesgo de perder su único ADN social cualquier pueblo, es olvidar su historia, condición única de supervivencia como entidad digna y libre.

Leamos qué escribió Alfonso Benavides Correa, en Una Difícil Vecindad, p. 218: “Para recusar tan aberrante acuerdo bastaría meditar sobre la lección que dio José de la Riva Aguero cuando afirmó con rotundidad que “la historia, ministerio grave y civil, examen de conciencia de las épocas y los pueblos, es escuela de seriedad y buen juicio pero también, y esencialmente, estímulo del deber y el heroísmo, ennoblecedora del alma, fuente y raíz del amor patrio”, atendiendo a que el patriotismo se alimenta y vive de la historia, a que la palabra patria viene de padres y, por ello mismo, que “sobre el altar de la patria y bajo su gallarda llama hecha de ruegos y de inmolaciones, de valor y de plegarias, deben existir siempre, como en la ritualidad litúrgica católica, los huesos de sus predecesores y las reliquias de sus mártires” (La historia en el Perú, José de la Riva Aguero, Lima, 1910, p. 548).

¿Qué intelectual, periodista, diplomático, líder político, puede plantear lo contrario?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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