por Héctor Guillén Tamayo; [email protected]

Con valiente pluma y decidido entusiasmo difusor cuanto que científico, el médico Héctor Guillén Tamayo aborda el tema de las sectas a las que sindica como un asunto –mejor dicho problema- no exclusivamente religioso. Hay pandillas que actúan como lo hacen las más vulgares y criminales mafias del mundo: se hacen de propiedades por métodos innobles, idiotizan poblaciones completas, enajenan patrimonio en nombre de creencias todas plenas en superchería y, lo que es más terrible, envilecen cerebros juveniles, les convierten en mercenarios contra sus padres o parientes, patria o tradiciones y no hesitan en ingresar a la política vía la educación (¿cuántas universidades reconocen los fondos de las sectas?) sino que son compañeros de ruta de cuanta privatización exista mientras, eso hay que decirlo, aquello convenga a los protervos fines que persiguen de dominación ideológica y doctrinaria. Guillén ha hecho de esta prédica que desenmascara a los facinerosos de estas taifas, un apostolado misionero. Le acompañamos en su trayecto y deviene tarea ineludible hacer de conocimiento del culto e interesado público de este magnífico estudio. Leamos. (hmr).

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