Sin duda, el paro indefinido convocado por la Unión Nacional de Educadores (UNE), el pasado 11 de septiembre, se convierte en el hecho más trascendente de la política nacional, por varias razones:

Llega en un momento de alta insatisfacción de los sectores populares organizados, que como en el caso de la Confederación de Nacionalidades Indígenas el Ecuador (CONAIE), y de las centrales sindicales más importantes del país, han anunciado acciones de lucha contra las políticas antipopulares del régimen. Sin mencionar la constante movilización en la que ya se encuentran sectores como el de los estudiantes universitarios y politécnicos, comerciantes minoristas, ambientalistas, etc.

En amplios círculos democráticos, de izquierda y revolucionarios existe la idea de que ha llegado la hora de ponerle un alto a la arrogancia y prepotencia del presidente de la República Rafael Correa, y de su gobierno.

En otros sectores, cuya dimensión crece día a día, se está produciendo el desencanto y la búsqueda de una alternativa. Para ellos es evidente que la denominada “revolución ciudadana” está dando un giro paulatino hacia posiciones derechistas. El paro de la de la UNE será la primera medida de esta magnitud que Correa deberá enfrentar, y aunque ya ha respondido con una serie de agresiones verbales y con emisión de reglamentos para sancionar a quienes plieguen a la convocatoria, es evidente que existe desconcierto y preocupación. Se trata del sindicato más grande del país, que nunca ha perdido una batalla contra los gobiernos que ha tenido que enfrentar, en defensa de la educación pública, durante los 65 años de existencia que tiene.

Ya han dado muestras de unidad y firmeza cuando tuvieron que declararle la resistencia al mal llamado proceso de evaluación docente que trata de imponer el ministro de Educación Raúl Vallejo. Y ahora Correa va a este paro con debilidades, expresadas en la caída de su popularidad, que algunas encuestadoras ubican en el 47%, cuando siempre había estado sobre el 70%. Dictó un paquete de medidas económicas que en nada se diferencian de las que gobiernos neoliberales han tomado antes, es decir, medidas fiscalistas que buscan lograr recursos para financiar el déficit presupuestario, pero que no contribuyen, en los hechos, a estimular la producción y el empleo. Ha mantenido el criterio de endeudamiento externo, aunque ocultado en figuras como la del factoring petrolero con Petrochina. Nada ha hecho para meter a la cárcel y obligar a pagar a los grandes evasores de impuestos. En lugar de cumplir con la Constitución y la ley, las condiciones de los trabajadores no mejoran sino todo lo contrario: no se ha elevado el salario en lo que va del año, y se ha buscado terminar con el derecho a la contratación colectiva así como a otros derechos históricamente conquistados por la clase obrera. Se pretende enviar a la desocupación a miles de maestros; y la lista sigue…

Para los maestros el haber tenido que tomar esta medida no es nada grato. Se han agotado una serie de llamados al diálogo: se ha pedido audiencia por varias oportunidades al Presidente de la República, pero ni una respuesta; se han presentado propuestas que permitan resolver el conflicto alrededor de la evaluación, pero ni siquiera han sido escuchadas. Se han realizado marchas con el propósito de que se entienda la necesidad de buscar una solución coherente, pero nada. A esto no hay como darle otro nombre sino el de: ¡tamaña tozudez!

El paro es una medida justa, es un derecho irrenunciable de los maestros a la que han obligado el Ministro y el Presidente de la República, es una herramienta para defender la dignidad ofendida permanentemente de un magisterio que hace parte importante de lo que el Ecuador ha avanzado hasta ahora en materia de defensa de la soberanía, de afirmación del sentido de patria, de forja de ecuatorianos y ecuatorianas luchadores que se enfrentaron a las políticas neoliberales y las han venido derrotando a costa de sangre y el sacrificio de valiosas vidas, como la de la maestra Rosita Paredes.

Esta medida se presenta como la única alternativa para luchar contra intensión gubernamental de despedir masivamente a los maestros con el pretexto de la evaluación, es la opción para defender el derecho de los educadores a un salario digno que se acerque al costo de la canasta básica; es la medida que les permitirá defender y desarrollar su gloriosa UNE, que ha sido y será la piedra en el zapato de todos los gobiernos antidemocráticos y anti populares.

La UNE se ha forjado en la lucha, nada de las conquistas y derechos alcanzados por los maestros ha sido regalo de nadie, menos de los gobiernos de turno; todo lo han conquistado con la lucha.

Todos los gobiernos burgueses han intentado destruir la UNE, y como no lo han conseguido han intentado dividirla. Tampoco lo han logrado.

A diferencia de lo que argumenta siempre la derecha, en el sentido de que es una organización manipulada por el MPD, en la UNE están todos los maestros independientemente de la ubicación ideológica y política que tengan, son maestros que acogen y defienden la declaración de principios, la propuesta programática y la acción consecuente del gremio en defensa de los intereses de la educación pública y del docente.

En todas las contiendas libradas por la UNE, los distintos gobiernos han tomado todas las medidas posibles para derrotarla: las bombas de gases lacrimógenos, las amenazas de despedir, las multas, las cancelaciones, la persecución, la prisión y el asesinato, la militarización de las escuelas, la utilización de sectores del pueblo manipulados para combatir a los maestros. Todas esas medidas no han servido para derrotar a la organización. La UNE nunca ha sido vencida.

A partir del martes 15 los maestros ecuatorianos, nuestros maestros que nos enseñaron a amar a la patria, a defenderla de la prepotencia extranjera, por muy poderosa que ésta sea; que nos enseñaron a mantener la cabeza levantada, a esforzarnos por sacar adelante a este hermoso país, y a luchar contra corrupción y la injusticia, nuevamente nos van dar una cátedra de dignidad y valentía. No cabe sino juntar nuestros hombros y avanzar, puesto que la Patria Nueva y el Socialismo no han dejado de ser nuestra meta.