Es que este apuesto actor mexicano ha logrado consolidar una sólida carrera internacional, pero a la vez se ha escapado de las tentaciones de un Hollywood que intentó atraparlo casi de inmediato y al que nunca le ha aceptado sus invitaciones, sin que eso le impida tener ya una fructífera carrera en el cine independiente hablado en inglés y darse el lujo de trabajar con grandes directores de todas partes del mundo. Flamante padre de un bebé con la actriz argentina Dolores Fonzi, con quien se ha radicado temporariamente en Madrid, García Bernal continúa trabajando incansablemente.

MEXICANO DEL MUNDO. Aunque filma habitualmente en EE.UU, el protagonista de Amores perros rehúsa entrar en la maquinaria de Hollywood, porque prefiere elegir sus propias reglas de juego.

Como actor, lo ha hecho en filmes que van desde Rudo y Cursi, del mexicano Carlos Cuarón, a The limits of control, del ícono del cine independiente norteamericano Jim Jarmusch, pero también ha debutado como director con Déficit y no se queda quieto como productor, con la compañía que comparte con su amigo Diego Luna y Pablo Cruz, Canana, desde la que intenta reafirmar el lugar del cine hablado en castellano. Respecto al fuerte impacto que tuvo Rudo y Cursi, coprotagonizada con Luna, una película donde hace de futbolista, estrenada en enero último en Buenos Aires, y en la que tiene un papel el argentino Guillermo Francella, en su primera actuación internacional importante, García Bernal estima que “hemos sido bastante suertudos, y creo que esta película puede tender una trascendencia particular, distinta a la de las otras. Ya lo hizo, en México, por ejemplo, ya es del uso público, la película, los personajes ya existen en el acontecer diario y la peli ha generado un debate interesante”.

–Tu personaje en la película se acostumbra a meter todos los goles y que la gente lo adore. ¿Tenés miedo, como actor, de dejar de meter goles en algún momento?

–Pues, esto no es de resultados, afortunadamente. Aunque en términos industriales, podría llamarse que sí es de resultados. Pero la verdad es que es un trabajo muy subjetivo. En el fútbol, si no eres buen delantero, es porque no estás metiendo los goles. Punto. Hay que meterlos, nada más. En la actuación, ¿cómo sabes qué fue un gol o qué no? Es más, todo tiene una progresión, y hay momento y hay instantes para las películas. Una película impresionante, de las más importantes de hace dos años es la de Alfonso Cuarón, la de Niños del hombre, y no tuvo la repercusión que se merecía. Pero es el momento, es el instante, es la conjunción de los astros, es como que todo tiene que ver. En la actuación, por ejemplo, yo estoy increíblemente orgulloso de lo que hicimos en Rudo y Cursi. Quizás en México no se va a tomar tan en cuenta el trabajo que hicimos, o quizás sí. Pero no resalta mucho del trabajo que hagamos en México, porque como todos los países sufrimos eso de que nadie es profeta en su tierra. Que sucede en casi todos los países, no en todos, en Estados Unidos no tanto, en Inglaterra son tremendos, en la Argentina ni se diga, en Francia, en España. Siento que afuera va a tener una repercusión y que estamos recibiendo buenos comentarios en torno a la peli, pero repito, en México hay demasiadas cosas que te distraen en torno a cómo ver la película. Demasiadas taras, incluso personales.

–A los mexicanos el fútbol debe generarles bastantes frustraciones. ¿Sentís que el cine compensa un poco esa frustración?

–Sí, yo creo que sí. Carlos, de alguna manera, creo que cuela toda su frustración futbolera, la coló en el descubrir el cine y en querer hacer una película de fútbol que salga campeón, exacto. La verdad es que sí; Alfonso lo repite varias veces, pero es un intelectual muy importante en México, y dijo una verdad inapelable: ¿qué hay de buenas noticias en un país como México? Y dice «bueno, el cine. El cine es una de las buenas noticias». El cine no ha traído malas noticias, al contrario, el cine ha sido puras buenas noticias siempre. El cine de México desde hace diez años a la fecha, ya tiene un reconocimiento mundial. Todos los cineastas están saliendo y están viajando. Creo que lo reconocen gracias a estas peliculitas y gracias al trabajo de personas como ellos que se han partido la madre por hacer realidad estas películas. Entonces es un gran privilegio estar ahí, sí, claro, y es chingón formar parte de este equipo, porque sí es un equipo. Quizás Diego y yo solos somos pésimos actores en el cine. Quizás ellos solos son pésimos directores; ahora, juntos, somos mejor que cualquiera. Como te dije, no es de resultados la cosa. Pero sí siento que todos acompañados, somos mucho más fuertes que muchos.

–¿Es Diego Luna a estas alturas tu hermano?

–Siempre lo ha sido, es el hermano que siempre tuve. A diferencia de lo que se suele decir, “es el hermano que nunca tuve”, él es el hermano que siempre tuve. No soy hijo único, tengo tres hermanos. Diego es hijo único.

–¿Cómo es esa hermandad? ¿Hay algo de rivalidad entre ustedes como se ve en Rudo y Cursi?

–Pues sí, la rivalidad como que ya forma parte de la dinámica diaria de unos amigos, creo. El ayudarse, el completarse, el querer ser mejor para el otro. Con nosotros algo pasa, siento que somos muy disciplinados, la verdad; lo digo sin ningún dejo de modestia porque es así. Somos muy disciplinados en el trabajo. Fuera del trabajo no, para nada, en absoluto. Es más, deberíamos serlo un poco más, pero en el trabajo sí. Debe ser porque desde niños estamos trabajando juntos. Nuestro trabajo son los juegos que jugábamos. Nunca nos mudamos, nunca entramos al profesionalismo, parece como si hubiese sido un viaje muy orgánico. De niños jugábamos y ahora seguimos jugando. Pero de niños nos tomábamos increíblemente de manera muy seria los juegos, y ahora también. Entonces, ahí surge como una rivalidad, pero que es parte del juego. No sé, es como jugar tenis y juegas para divertirte, pero quieres tirarle buenos puntos al otro, y así.

–¿Cómo es la relación cotidiana entre los dos?

–No existe. La disciplina es que hay veces que hay que hacer trabajos. Son semanas muy intensas y luego hay dos meses en los que no hay nada.

–Si llega un proyecto a tu productora, ¿lo discuten por teléfono?

–Es que cada proyecto tiene una cosa distinta, depende; algunos vienen más armados, otros no. No hay ningún marco. La verdad, si estuviéramos en Estados Unidos, pues podría ser lo de tener algo más organizado, pero México no es organizado, cosa que está buenísimo, porque la verdad es que esa desestructuración que existe es lo que ha hecho que existan cosas independientes. Entonces, se hacen películas con un punto de vista muy personal; tenemos una gran ventaja en ese sentido. No existen marcos regulatorios, no existen fórmulas, porque no funcionan.

–Guillermo Francella dice que él fue a México a probarse como alguien más, como un actor desconocido. Con todo lo que has ido a la Argentina, vos lo tendrías que haber visto…

–Sí, lo conocía. Pero él es el que no había salido de la Argentina. Entonces él se sintió en México, de alguna manera, en un lugar bastante neutral, en un país en que muy poca gente lo conoce, y era una circunstancia a la que no estaba acostumbrado. Ahora, lo hizo muy bien en la película, está excelente, es un actorazo el cabrón y es un tipazo; para trabajar es divertidísimo. Nos la pasamos muy bien, disfrutamos muchísimo y es maravilloso el cabrón, a toda madre, encantador, muy divertido y nos tentamos muchísimo durante todo el rodaje. Fue difícil porque nos reíamos mucho, había momentos en los que arrancaba la risa y ya no podíamos parar.

–Aparte es un improvisador nato.

–Sí, claro, y además estaba haciendo un personaje que no lo había hecho, creo, por más que le quedaba como anillo al dedo. Creo que es un personaje que no había hecho porque no había salido de ese contexto. Es un personaje que él quiere, que él adora, entonces está buenísimo. Lo hace muy bien. Mejor que lo que hubiera hecho cualquier otro.

–¿En qué se diferencian Carlos y Alfonso Cuarón como directores?

–Puede ser un poco en la experiencia, porque Alfonso tiene más experiencia como director, y en personalidad también, son bastante distintos. Tienen una personalidad muy singular cada quien, y esa también es la magia del cine, que por más que no quieras, una película es una extensión tuya. Una película es un cacho de tu epidermis. La naturaleza de las películas es que al principio te pertenecen y después tú perteneces a ellas. ¿Y por qué tú perteneces a ella? Porque ahí está tu personalidad. Y eso es lo que en ellos trasciende en sus diferentes películas. Cada quien a su manera.

–¿Cómo lo están llevando en Madrid?

–Pues bien, la verdad es que vivo donde trabajo. Hasta cierto punto, es en realidad difícil decir dónde uno vive, porque ando de un lado para el otro. Lo que puedo decir es que por momentos estoy en Madrid, pero en realidad donde vivo es en México: es donde tengo todas mis cosas, es donde tengo los libros; es como la señal clara.

–A pesar de que podrías vivir en cualquier parte del mundo seguís eligiendo al DF (Distrito Federal) como tu hogar. ¿No te preocupa la difícil situación que existe allí por culpa de los secuestros?

- Bueno, esa es una situación que no sólo existe en el DF, sino en muchos lugares del mundo. Me parece que parte del problema es que vivimos en un estado de apatía en el que nos negamos a reconocer el problema a menos que nos afecte directamente. Es como que yo veo este grabador que tengo delante pero no admito que lo estoy viendo hasta que lo toco y compruebo que efectivamente está allí. Es verdaderamente espantoso. Lo cierto es que hemos construido un mecanismo de supervivencia en el que todos los días la gente muere asesinada y salir a la calle puede convertirse en una odisea, pero de esta forma todos podemos dormir por las noches y seguir adelante con nuestras vidas sin hacer nada al respecto.

–¿Pero por qué nunca te has ido del todo del DF?

–Porque por suerte en el DF nada está demasiado lejos, y además allí está mi familia, mis amigos, mucha gente que me importa mucho, y además últimamente yo he descubierto que tanto el DF como el campo que lo rodea son un gran catalizador de emociones para mí. Es un lugar que me sirve para alimentarme emocionalmente.

–Desde que te descubrieron en Amores perros, has tenido una presencia constante, y sin embargo no se te identifica con ninguna película de Hollywood. ¿Qué precio o qué satisfacción conlleva eso?

–Pues, satisfacción ninguna, ni tampoco me duele. Lo de Amores perros fue hacer una película en México que se filmaba y nada más tenía que trabajar cuatro o cinco semanas. Después, esa película se convirtió en trotamundos; la verdad es que no me lo esperaba para nada. Reafirmó una de las cosas que aplican para cualquier trabajo, para cualquier actividad, que es hacer lo que a uno le gusta. Entonces, reafirmó esa condición de hacer lo que me gusta. Hubo veces en que he tenido que compararlo con cosas que me ofrecían de por acá, pero, digo “entre Diarios de motocicleta y cualquier otra película en el resto del mundo, hago Diarios de motocicleta”. Entonces, de ahí como que viene este camino así, medio atípico quizás. Atípico en el sentido de que yo no tengo referencias, no puedo estructurarlo, no puedo llevar como un hilo. No suelen completarse esos deseos en los que organices «esta es mi carrera, y esta película me va a llevar aquí y esta otra película me va a llevar aquí». Como que no lo ves así, porque no eres de acá, porque no soy de España. España y Estados Unidos tienen un poquito más de estructura, que en México no la hay. Entonces es muy raro, es una situación atípica. En México se hace cine y puede funcionar increíblemente bien o puede no aparecer por nada, pero si funciona bien, puede tener una trascendencia como a la antigua, en el sentido de que se vuelve del dominio público. En Latinoamérica pasa eso, puede haber como eventos que cambian y que movilizan, con esa cosa rara, esa magia, que prefiero ni siquiera ponerle nombre.

–¿Hollywood te persigue?

–Hollywood es una industria que te elige, te selecciona y tú ya ahí tienes la oportunidad de poder escoger, si quieres realmente jugarle y apostarle a lo que es ese tipo de películas, o si prefieres otro tipo de juego. Yo siento que estamos todavía muy a tiempo y muy verdes para acatar las reglas o para plantear nuestras propias reglas de juego. Creo que no se ha dado el momento, no me siento seguro haciendo lo que me han propuesto, no me siento confiado en hacerlo, no me siento inspirado ni apasionado por contar las historias que me han ofrecido, y esos son los puntos claves para mí, porque desde hace mucho podría haber estado viviendo aquí y haciéndola. Después de Amores perros me podría haber venido a vivir en Estados Unidos.

–Has interpretado dos veces a Ernesto Guevara. ¿Qué tenés de parecido con él y en qué no te le parecés?

–El parecido es que tenemos fuertes convicciones morales. Por lo pronto son morales, algunas veces se transforman en políticas. La diferencia es que él vivió en una época en que América latina estaba mucho mejor que ahora. Esa es la terrible diferencia...

–¿Sentís que tenés libertad para tomar decisiones?

–Sí, y espero poder seguir haciendo lo que me gusta durante mucho tiempo, porque sé que es un gran privilegio. La mayoría de la gente en esta industria no puede hacer solamente lo que le gusta, por lo que además tener este privilegio es una gran responsabilidad. Todos los días trato de ser congruente con la libertad artística con la que cuento.

–¿Dónde ha sido el sitio más insólito en el que alguien vino a darte un guión?

–Una vecina. Un día me tocaron la puerta y una vecina había escrito un guión. Fue duro.

Entrevista publicada en www.acciondigital.com.ar .