por Jesús Guzmán Gallardo; [email protected]

25-1-2010

Ser aprista, nunca fue fácil, ni antes ni después porque no sólo resultó dura la pelea contra las fuerzas oscurantistas en los inicios del APRA sino también en su largo devenir costó mucho mantener inmarcesibles sus banderas aurorales.

En cambio ser antiaprista, fue siempre un opíparo y pingüe negocio. Uno de esos ha aprovechado del pueblo aprista para ser presidente dos veces. Aquél es el Anti-Haya como paso a exponerlo.

Más aún, cuando a pesar del tiempo transcurrido, los acontecimientos actuales le dan la razón a Haya de la Torre, y los que dicen ser sus seguidores y se rasgan las vestiduras para considerarse sus discípulos, lo niegan más de tres veces.

Dicen algunos que la política es la ciencia de las realidades, pero también es el discurrir entre contrastes, frustraciones, decepciones, impaciencias y tentaciones que nos ponen a prueba para comprobar si somos capaces de mantener el pendón tremolando y batiente sus fibras en el fragor de la lucha.

El político es como el soldado abanderado en la batalla y las ideas como el estandarte; se puede oscilar entre la vergüenza o la gloria, entre la traición y la consecuencia, entre la cobardía y el coraje; entre el que retrocede y corre o el que avanza y muere en el empeño, me quedo con el segundo.

Me inclino reverente y emocionado ante los apristas que prefirieron mirar de frente a la muerte antes que venderse o entregarse. Gloria a los militantes que pagaron tributo a su perseverancia y lealtad con una vida de pobreza pero digna y honrosa, anatema para los que se enriquecieron con la política y prefirieron una vida de boato y oropel traicionando sueños y esperanzas. Redentores los primeros, felones los segundos. Por lo tanto, no es de extrañar, que ser verdaderamente aprista en estos tiempos de prueba resulte muy difícil.

Este preámbulo me pone en la condición de afirmar que si bien no estamos frente a una dictadura como las militares, los momentos actuales y en medio de una democracia joven todavía, nos colocan en una situación más apremiante aún, habida cuenta que está en juego la declinación y, en consecuencia, la desaparición del Partido Aprista como instrumento de cambio en beneficio de las grandes mayorías.

Esta aseveración no pretende ser tremendista ni gratuita ya que si revisamos minuciosamente la historia del Perú y del mundo, encontraremos cómo los partidos que desnaturalizaron su razón de ser devinieron en refugio de personalismos mesiánicos e inevitablemente autoritarios dirigidos por un cenáculo de adulones ambiciosos que empezaron frustrando su misión y luego, desprovistos del elan que los originó, murieron por consunción en medio de su propia confusión.

Haya de la Torre nos solía expresar con orgullo y en tono pedagógico, cómo muchos partidos contemporáneos o más antiguos que el nuestro, iban desapareciendo del escenario político, víctimas del contraste de sus ideas con la realidad o de haberse formado alrededor de un caudillo o de una circunstancia electoral que abre apetitos oportunistas; mientras que el partido fundado por él, se mantenía fuerte, fresco y lozano como en su etapa auroral a pesar de los años transcurridos. A continuación nos explicaba el secreto de esa supervivencia: una concepción doctrinaria científica confirmada en su devenir por la realidad intransferible, una organización funcional enraizada en nuestra realidad social y, por lo tanto original pero, sobre todo, por nuestra mística concebida en la lucha que forjó un código de valores que a su vez templó la fraternidad y unidad que nos caracterizó y distinguió. Esos valores eran la disciplina (no la del cuartel sino la que revoluciona los espíritus), la lealtad (no a los hombres sino a las ideas), el servicio (no a los ricos sino a los más pobres), y una moral que formó hombres honestos cuya vida ejemplar exaltada por la humildad y la capacidad de renuncia personal hizo que nuestros adversarios, envueltos en el latrocinio, frivolidad y sensualidad de la política nos vieran primero con estupor, luego con temor y respeto para que al final destilaran su odio y rencor fratricida.

En consecuencia, con tristeza pero con firmeza, debo decir en compromiso con la verdad, que el Partido Aprista de hoy no es el que quiso Víctor Raúl que lo superara y continuara después de su viaje a las estrellas. Sus dirigentes actuales, por sus actos, no calzan en los requisitos de un movimiento que tiene una historia que nos habla de mártires como Manuel Arevalo y Luis Negreiros Vega a quienes tuvieron que asesinar los esbirros de la dictadura creyendo que así acallaban su voz de justicia y libertad; tampoco tienen la estatura de “Los hombres de oro”, como los solía llamar el jefe del partido a Manuel Seoane, Carlos Manuel Cox, Luis Heysen Inchaústegui, Arturo Sabroso Montoya, Luis Rodríguez Vildósola, entre otros, cuyo común denominador fue el de una inteligencia que los hizo brillantes, de una transparencia en sus vidas sencillas pero ejemplares y de un coraje que no disminuyó la persecución, la cárcel ni el destierro.

No existe liderazgo ni conducción auténticamente aprista y miles de militantes no los reconocemos como cabales líderes y lo urgente es reemplazarlos por hombres y mujeres idóneos antes que terminen de destruir lo poco que queda del partido de Haya de la Torre.

Dirigentes que los estatutos y reglamentos califican de ilegales permanecen impávidos en su autoritarismo estalinista que ha hecho tabla rasa de la democracia interna recurriendo a la expulsión de los que no comulgan con sus intereses nefastos o borrando a 213 mil apristas de los padrones en acto delictivo y cobarde para abrir paso a la nominación a dedo alimentada por la prebenda o la sinecura en imitación al viejo “civilismo” que el aprismo siempre denunció y combatió.

Y luego recurren a delincuentes para agredir, en las asambleas que ellos mismos convocan, a quienes critican su actuación. Esta práctica no es aprista sino propia de incapaces, pusilánimes, oportunistas, advenedizos e ignorantes. La democracia interna ha sido conculcada.

Hay responsables de todo esto: ¡claro que sí!

Y no me tiembla el pulso ni me asaltan temores reverenciales para denunciar, ante la historia, al mayor de ellos: el ciudadano Alan García Pérez cuya conducta partidaria y en el gobierno le colocan en la antítesis del predicamento hayadelatorreano como paso a demostrar:

Su primera administración (1985-1990), no fue un gobierno aprista porque pulularon los “amigos” y no los cuadros apristas, y me remito al congreso de 1998 que al grito de “fuera los amigos”, le impidió hacer uso de la palabra haciendo que se retire sin pena ni gloria de dicho evento. El pueblo aprista, siempre generoso y paciente, expresó su rechazo al contubernio con los “doce apóstoles”, expresión de la plutocracia de ese entonces y que luego le traicionarían.

Ya desde ese entonces prefería el acompañamiento de los ricos que de los miembros de su partido. Se descubrió que el asesor principal en materia económica era un tal Carbonetto de nacionalidad argentina que desde la sombra actuaba diseñando el quehacer en este campo; ahora nadie sabe de su paradero y que una vez terminado ese período puso pies en polvorosa y no es habido hasta el momento. Con razón nunca se puso en práctica el programa de gobierno. El manejo económico fue, por decir lo menos, desastroso. Los apristas ya experimentaban la estigmatización por culpa de otros, que no militando en el partido, se dedicaron a saquear el erario nacional como altos funcionarios envolviendo al gobierno en una nube de corrupción, los velasquistas que antes vejaron e insultaron a Haya de la Torre, ocupaban puestos de importancia como hoy y con el sólo mérito de ser amigos del presidente.

El que desee más detalles que lea el libro de Héctor Vargas Haya nunca desmentido: Perú: 184 años de corrupción e impunidad y encontrará abundantes nombres y circunstancias que en el segundo acto de la tragicomedia se repiten. Quienes solicitamos, al terminar este primer gobierno, la necesidad de una autocrítica y sanción para los inmorales recibimos un portazo en el rostro y la consiguiente marginación y veto en los eventos partidarios futuros.

No puedo pasar por alto cómo, en la campaña electoral de 1990, desde palacio se lanzaron consignas para no apoyar la candidatura del partido con evidentes propósitos de una estrategia personal que hoy quiere reeditarse.

Los vínculos con el fujimorismo comienzan a plasmarse sin la mínima consulta a las bases de nuestra organización. Esta alianza soterrada y monstruosa se bautizó públicamente cuando el Senado impidió, gracias a los votos de los fujimoristas, la acusación constitucional que estuvo firmada por Antero Flores Aráoz y Rafael Rey hoy prominentes alfiles de García. Comenzaba así una relación vergonzosa que dura, revitalizada, hasta la actualidad sin un ápice de sonrojo o pena.

A quien quiera buscar una justificación para tales actos, en nombre de una táctica, debo responderle que ella puede funcionar o explicarse, y observe que no soy categórico, cuando están de por medio intereses supremos y no los de carácter personal de quien la utiliza para protegerse y lograr una prescripción de la denuncia por enriquecimiento ilícito. No podemos olvidar cómo, demagógicamente, se anunciaba que sólo se pagaría el 10% de la deuda externa cuando en la práctica se siguió pagando mucho más. Se nacionalizó la banca para luego recular cuidándole el bolsillo al banquero Dionisio Romero Seminario, de lo cual entiende mucho el señor Jorge del Castillo, que de doctrina e historia del aprismo no sabe nada e ignora todo y que hoy aspira a ser candidato a la Sec. Gral. y a la presidencia de la república por el Partido Aprista.

Ya sabíamos que García entre Bogotá y Paris, durante la dictadura fujimorista, cómodamente y con riqueza, había iniciado un proceso de derechización en su pensamiento a juzgar por vídeos que enviaba y por causa de qué el partido no hizo una oposición verdadera ya que se encontraba organizativamente reducido a su mínima expresión (verificado por los resultados electorales), por la incapacidad y complicidad de sus dirigentes obsecuentes con el alanismo que empezaba a tomar cuerpo. A todo esto hay que sumarle el favor que le hiciera al partido el nefasto Montesinos al recolocarlo en los registros electorales vía una tinterillada propia de él, ya que era el poder tras el trono. No hubo, como quieren narrarnos, oposición heroica.

En su segundo gobierno no sólo ha recurrido a la improvisación, en claro alejamiento del plan de gobierno del partido y de sus promesas electorales, también ha acentuado su inclinación ante el poder económico de nuestro país y a los dictados de Washington en detrimento de los trabajadores que viven con un sueldo mínimo de hambre y sin ninguna protección. Lo cual se explica por su acercamiento claudicante con jefes de Estado como Uribe y Calderón y ahora, de seguro, con Piñera del cual calcó su propuesta contenida en “El perro del hortelano”, ensayo de tinte derechista y contrario a la ideología aprista que entusiastamente publicó El Comercio.

La mayoría de los ministros de García Pérez, provienen de canteras derechistas y son sospechosos de compromisos y le acompañan algunos ministros “apristas” de esos que sólo tienen el carné más no la vocación y convicción de auténticos apristas. Todos suscriptores del neoliberalismo demostrado por su desmedido afán privatizador y entrega de nuestras riquezas con pérdida de soberanía. ¿Y qué decir de los TLCs en serie totalmente asimétricos?

En este gobierno ha renacido el latifundismo, se quiere privatizar el seguro social y se subastan los puertos, aeropuertos y hasta se quiere vender la isla San Lorenzo sin dejar de apuntar que al capital chileno le falta poco para ser dueño del departamento de Ica.

Hoy día sabemos gracias a periodistas honestos como Herbert Mujica y Raúl Wiener, que la “concesión” del Aeropuerto Jorge Chávez fue irregular y no cumplió con lo convenido aparte de ser una coladera para el narcotráfico; sin embargo el ministro Cornejo (el de los dólares MUC), no dice nada y se toma fotos con las autoridades de LAP en clara complicidad con quienes han enjuiciado a los periodistas denunciantes.

Gobierna la plutocracia, como es fácil deducir, el Opus Dei y cualquier otra agrupación. Pero no el aprismo.

El presidente García, por sus hechos ya no representa ni honra el ideal aprista; lo más honesto sería que por propia iniciativa dejara el partido y se pusiese a la cabeza de alguna organización conservadora, que lo acogería con júbilo, bombos y platillos, por que de no hacerlo, la militancia aprista tarde o temprano le expulsará de su seno. Total, nunca tuvo en cuenta a los hombres y mujeres que trabajaron denodadamente por su campaña y después de haber depositado su confianza y esperanza fueron burlados, para preferir a vulgares cabilderos como Garrido Lecca, tránsfugas como Alex Kouri, Yehude Simons y Francis Allison, o funcionarios “todo terreno” como Valdiviezo, Carranza y ahora Mercedes Aráoz. La lista es interminable. Y oprobiosa.

La moral y ética apristas que fueran baluarte y pilar fundamental de nuestra mística están por los suelos.

Los tribunales disciplinarios del Partido no han sancionado a ningún funcionario aprista que ha delinquido y que son muchos, menos los congresistas apristas envueltos en escándalos y trapacerías aparte de mostrar la espalda al pueblo.

Por el contrario, los sinvergüenzas tienen premio y están exonerados de rendir cuentas de los dineros que han manejado; pero eso sí, los que se atreven a criticar a los malos dirigentes elegidos a dedo, son suspendidos o expulsados como es el caso de los compañeros de New York y New Jersey atropellando, sin miramientos, la probidad y antigua militancia que no tiene miembro alguno del Comité Ejecutivo Nacional ilegal y espurio o echados sin miramientos como el caso de Luis Alberto Salgado.

Los casos de “Bussines Track”, “Los petroaudios” y “Alas Peruanas” enlodan al Poder Legislativo y al Poder Ejecutivo pues sus tentáculos llegan hasta la presidencia de la república.

¡Y no hay sanción ejemplar y menos investigación partidaria!

No hay, pues, deseos y menos intención de moralizar el Estado o combatir la corrupción que se entroniza como mafia intocable.

Se desmantela la procuraduría anticorrupción y se le quitan facultades, esta es una señal inequívoca de no querer luchar contra esta lacra.

El presidente García que también es presidente del Partido mira hacia otro lado y es por eso que al interior de la organización tampoco se sanciona a los que trafican con las nominaciones para candidatos a los municipios y regiones cobrando cupos, tampoco se investiga a quienes usan el cargo para el tráfico de influencias para colocar en el Estado a su familia y amantes.

El señor Mulder, el peor secretario general que ha tenido el Partido, es intolerante y autoritario, pero como es obsecuente con el alanismo se le mantiene a despecho que está destruyendo el Partido que él no construyó.

García mantiene a este tipo de dirigentes porque le sirven como lacayos sin personalidad y le importa un bledo que ejerzan el cargo ilegalmente y causen tropelías en las bases, ya que más importante para él es que controlen el Partido, al más puro estilo estalinista y se anule toda forma de fiscalización.

García debía saber que el Partido no nació para servir los caprichos y ambiciones de una persona, sino para alcanzar la gran transformación de las estructuras del país en beneficio de las grandes mayorías que él ha olvidado si alguna vez pensó en ellas. Razón demás para recordarle que en el Partido sobran los aprendices de caudillo y son detestados los personalismos enfermizos y fulminables las soberbias patológicas.

Como cientos de miles de apristas, condeno la persecución que por orden del gobierno se realiza contra los dirigentes indígenas y contra los trabajadores que reclaman sus derechos, actos propios de una dictadura; los dirigentes actuales del Partido se suman como corifeos y cómplices de esta actitud, lo que explica por qué no han recordado en este mes de enero los aniversarios de la jornada por las ocho horas y la fundación de las Universidades Populares Manuel González Prada, hechos históricos que Víctor Raúl nunca dejó de celebrar en los peores momentos.

Condeno, con la misma indignación, el atropello del grupo Gloria contra los trabajadores de Cartavio, ante la vista complaciente de las autoridades de Trabajo, Ministerio Público, policiales y de los dirigentes apristas de La Libertad. Dicha empresa explotadora usa esbirros para disparar impunemente contra los trabajadores azucareros y amenazarlos de muerte, con el apoyo de las autoridades al estilo “civilista” de los gobiernos oligárquicos y en gesto provocador expiden cartas de despido a 130 trabajadores y burlan el diálogo solicitados por ellos. Y todo por exigir que se respete el pacto colectivo, habida cuenta de los magros salarios de hambre que reciben. Más responsabilidad tienen los que han olvidado las luchas de Manuel Arévalo y la gesta heroica de la revolución de Trujillo en 1932, por lo que tendrán que rendir cuentas. Tarde o temprano.

Mientras tanto García reparte condecoraciones e indultos a la familia Crousillat y prepara fiestas de fin de año para recuperar popularidad y oiganlo cantar (nadie le ha dicho que lo hace mal), al lado del coro formado por la señora Pinilla (la del informe sobre Bagua) y Aráoz su candidata preferida; al más puro estilo de las fiestas y algaradas con pisco y butifarra.

A esta conducta frívola hay que sumarle la condecoración que se dio al impresentable ex–gobernante de España el reaccionario José María Aznar, las condecoraciones del ministro Carranza, a ex–ministros de economía de Fujimori y Toledo (correos del neoliberalismo) y no podemos olvidar la condecoración del Congreso vasallo a la señora Magaly Medina (por sus grandes servicios a la nación).

Este gobierno pasará a la historia como la continuación del gobierno de Fujimori y el de Toledo; pero por segunda vez, el estigma de la corrupción nos alcanzará a todos los apristas.

Es por ello que, con alegría de veterano limpio y digno en mi pobreza revolucionaria, hago este deslinde categórico que nos permita a los apristas auténticos RESCATAR EL APRISMO para devolverlo a su verdadero cauce, del cual no debió apartarse jamás con dirigentes y militantes honestos y trayectoria sin mácula.