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Las primeras conversaciones datan del año 2000 y resultaron selladas, entre otras cosas, porque repetían al calco los términos norteamericanos presentes en el fallido proyecto del ALCA (Acuerdo de Libre Comercio para las Américas).

En concreto, intentaban liberalizar los mercados latinoamericanos para la irrupción masiva de los productos europeos, muchos de ellos oficial y fuertemente subsidiados, con el consiguiente descalabro de las producciones regionales ante la carencia de competitividad frente a la desventajosa competencia externa.

Desde luego, el tiempo no pasa por gusto. Y precisamente en estos instantes de sonada crisis europea, con gobiernos cuyos déficit presupuestarios multiplican varias veces la cifra tope de tres por ciento decretada por la UE para sus miembros, tal vez algunos en esta parte del mundo puedan pensar en ventajas sobre el Viejo Continente, posibilidades ausentes años atrás.

De hecho, ministros europeos de agricultura y otras personalidades de aquella zona, emitieron su disgusto por la reanudación de las conversaciones bilaterales, cuando América Latina incluso goza de un superávit comercial con Europa. Sin dudas, estas personas consideran que el momento de actuar no es el propicio.

Pero tampoco para MERCOSUR es buen instante ni mucho menos, sin incluir el hecho de que, con todo, un acuerdo de libre comercio con Europa sigue siendo tratado totalmente asimétrico, con más para perder que ganar.

Según el estudioso argentino Julio Gambina, su país sería de los más perjudicados, “pues si se abre la puerta al ingreso de bienes industriales, Argentina es la nación más vulnerable. Brasil tiene desarrollo industrial que le permite competir con la industria europea, y Paraguay y Uruguay son naciones con más desarrollo en los servicios que en la producción manufacturera.”

En todo caso, MERCOSUR podría pasar a ser incluso el paliativo económico que absorba y pague buena parte de la actual debacle del Viejo Continente.

Como indicaba con toda razón la representación cubana en la citada Cumbre de Madrid, “el mercado no resolverá la crisis global…El mundo necesita primero un nuevo orden político y luego, decisiones económicas estructurales.”

Y esas decisiones pasan por el fin de los diabólicos mecanismos monetarios y de mercado vigentes, que fueron diseñados, precisamente, para encadenar y expoliar a nuestros pueblos.

Agencia Cubana de Noticias