¿Aceptarán debate público los de Cambio Radical?

¡Kouri tachado: avanza anticorrupción y triunfa decencia moral!

El fallo del JNE respecto del inmenso, irrebatible, flagrante, escandaloso cúmulo de irregularidades, falsedades, fraudes cometidos por Cambio Radical y la aquiescente y culposa complicidad de Fernando Rodríguez Patrón, director (¿hasta cuándo?) del Registro de Organizaciones Políticas, ROP, demuestra que es positiva la posibilidad de enderezar las torceduras de la justicia electoral. La anticorrupción avanza y triunfa la decencia moral, cuando hay voluntad y coraje a despecho de una prensa endiabladamente cómplice y silenciadora.

Como los de Cambio Radical tienen que demostrar con sus apelaciones o con lo que fuese la bondad de sus fichas movidas en un ajedrez que no descarta móviles extra electorales y sí crematísticos, bien vale la pena retarles en voz alta y ante el público que ha seguido con pasión este debate promovido por la notable acción cívica del jurista Guillermo Olivera Díaz, persona a quien ya no se puede evitar mencionar, que es hora que aclaren en polémica pública y con sus mejores cuadros (si los tienen), los siguientes huecos negros denunciados en estas últimas cinco semanas:

Agenda de la polémica pública

1. La fragilidad de Cambio Radical.

2. Carencia de militantes legal y estatutariamente válidos.

3. Adolecimiento de Comisión Nacional Electoral, Comisión Provincial Electoral y Comisiones distritales electorales en los 42 distritos de Lima.

4. Comité Ejecutivo Nacional falente de legitimidad. El dolo en su inscripción.

5. La renuncia de Barba, su esposa Auristela, los otros 4 miembros del CEN desde hace 4 años.

6. Elecciones internas fuera de toda normatividad electoral.

7. Las 42 listas distritales también adolecen de improcedencia.

8. Denuncia penal por delito contra la voluntad popular contra director ROP, Fernando Rodríguez Patrón.

9. Delito de encubrimiento personal de las autoridades electorales.

El debate debiera ser público, sin barras bravas o delincuentes contratados para agredir a quienes enarbolan principios, leyes, procedimientos bajo el manto irrecusable de la decencia en la vida pública.

Y como la prensa en general ha cumplido un papel indecoroso, de verguenzas por encargo y complicidad, tiene la oportunidad de reivindicarse informando exhaustivamente del suceso con nombres y apellidos y para que el pueblo sepa de qué manera, cuando hay vibración cívica y apego amoroso a las mejores tradiciones de la lucha política, permanece invicta la capacidad de destrozar los más meticulosos planes que mafias organizadas enhebran para seguir estafando al Perú.

¿Qué canal televisivo se ofrece para prestar un set, mañana mismo, y pasar la discusión en vivo o sin ediciones? ¿negarán su concurso las radioemisoras y lo propio diarios y revistas cuyo saldo es discutible por no decir oprobioso?

Por un lado los de Cambio Radical y sus gonfaloneros, por el otro, quienes han hecho de esta denuncia señal y símbolo de una pelea en toda trinchera y con el liderazgo indiscutible de Guillermo Olivera Díaz y todos aquellos que deseen sumarse al esfuerzo para consumar la hazaña de derrotar en la cancha a la corrupción.

Cambio Radical, o lo que así se ha convenido en llamar, tiene una respuesta pendiente. E inexcusable.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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