Autor: Álvaro Cepeda Neri Sección: Conjeturas 24 September 2010

La información del reportero Gustavo Castillo García (La Jornada, 19 de septiembre de 2010), respecto de que la PGR permanece indiferente, cómplice, debe decirse, de los delincuentes que lo mismo son funcionarios que agreden y privan de sus vidas a periodistas, que los propios delincuentes que, en su mayoría, son sicarios del narcotráfico. Y qué decir de los ministerios públicos de las 31 entidades (la Procuraduría defeña ha consignado uno o dos casos), quienes lo mismo que la federal archivan las denuncias y dejan en la impunidad tales homicidios. Y no solamente los casos de periodistas son marginados de las investigaciones, pues es sabido que igual pasa con los cientos de miles de asesinatos que ocurren en el país.

Se quiere privar de información a la opinión pública. Y por eso se mata, amenaza y agrede a quienes ejercen el periodismo. Y si los delincuentes lo hacen levantando, secuestrando y, finalmente, asesinándolos, también debe decirse que los funcionarios del calderonismo han estado insistiendo en que la prensa y los medios de comunicación no informen sobre los baños de sangre del combate al narcotráfico, para que los mexicanos dejemos de enterarnos de lo que pasa en esa guerra, donde militares, policías y narcos se disputan el control de territorios. Pero los reporteros y editores, en su mayoría, insisten en cumplir con su deber de informar y opinar para que la nación conozca esa barbarie que no ha podido parar, como delito federal, el calderonismo y los demás funcionarios del país que reciben sobornos o están amenazados.

El reportero Luis Carlos Santiago fue asesinado a balazos, y el reportero gráfico Carlos Sánchez está herido de gravedad. Eran espiados y, al estacionar el automóvil en el que viajaban, fueron víctimas de quienes, delincuentes o no, ya hicieron de los periodistas de El Diario parte de los miles de homicidios que pasan diariamente en ese municipio. Y como en los demás homicidios, no hay investigaciones. Los mexicanos ya sobrevivimos en el país de la “ley de la selva”.

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