por Eduardo Bueno León; jle2[email protected]

1-11-2010

Lo más desagradable de ese conflicto (1979-81), fue la violencia contra Ramiro Prialé, Luis Alberto Sánchez y Andrés Townsend. Allí comenzó la destrucción de la auténtica fraternidad aprista, que siempre fue revolucionaria, solidaria, de respeto y apoyo.

Esa fraternidad que este escriba - al igual que Julio Garrido - vivieron en momentos difíciles. Por ejemplo cuando mi padre que era miembro de la Junta Directiva del Colegio de Abogados de Lima, fue sentenciado a un año de prisión por oponerse a los contratos petroleros con el Japón, al igual que Ugarte del Pino, Mario Suárez, Carranza Piedra.

Todos entraron en clandestinidad (1974), salvo Mario Suárez que fue encarcelado en Lurigancho, el apoyo a los abogados fue organizado por la Jefatura del partido. El propio Víctor Raúl comenzó a coordinar con el Gobierno venezolano para dar asilo a los abogados, situación que llevó al régimen militar a conceder una amnistía.

Personalmente, siendo adolescente, acompañaba a mi madre a la jefatura del Partido donde Haya de la Torre, flanqueado de Jorge Idiáquez, le daba directivas, preparando la salida al exilio a través de la frontera, y donde Armando, a veces de mal humor, intervenía siempre para matizar. Una de esas reuniones mi madre - que a veces era explosiva- se enfrentó a Armando, con respeto pero con mucha firmeza. Haya escuchaba y pedía paciencia.

La fraternidad, en última instancia, sellaba las discrepancias. La fraternidad era la cultura política del aprismo histórico. Era la proyección del carisma mítico-sacrificial del aprismo de la resistencia, de la lucha antidictatorial y antioligárquica.

Si comparamos los contratos petroleros impugnados por la Junta Directiva de abogados de Lima con la actual legislación a favor de las "inversiones", respetando las diferencias de espacio-tiempo, lo cierto es que la lucha de los abogados fue heroica y quizás la última lucha por un concepto de Estado Nacional donde los recursos naturales sirvieran para el desarrollo "desde dentro" y se proyectara a las futuras generaciones el usufructo de esa riqueza.

Actualmente, la ley permite la extracción y exportación en condiciones que los abogados apristas de esa época no se hubiesen imaginado. Las riquezas no renovables del Perú al servicio de la acumulación transnacional global.

Lo que tenemos actualmente no es fraternidad, lo que existe es una vil falsificación donde fraternidad es igual a complicidad con la corrupción y la claudicación. Eso se confirma con la amplia ruta que nace con la prescripción, pasa por la vladivídeos de Mantilla-Montesinos y se prolonga en los petroaudios. Se nos dijo "hay que ser fraternos, no ser ingratos, lo hicieron por el Partido, lealtad, etc". Pura retórica para encubrir actos de delincuencia organizada.

Sucede lo mismo con la llamada disciplina, que históricamente, siempre fue formativa, basada en la legitimidad jerárquica de Haya de la Torre y la generación fundadora. Por ello, Haya lanzó lo de la crítica, autocrítica y mutuo crítica, que coincidió en los años sesenta con la metodología de la revolución cultural china, fenómeno que impresionó a Haya, al igual que mayo del 68 francés y los movimientos sociales norteamericanos.

La disciplina era resultado del consenso luego de las decisiones democráticas, y luego que los compañeros entendieran la necesidad de disciplinarse para hacer eficaces las decisiones. La disciplina no consistía en "si no estás de acuerdo, toma tus cosas y lárgate" (versión Alan, Jorge, Mulder), la disciplina no consistía en llamar "infiltrados" a los compañeros que no transigen con directivas autoritarias que no son consultadas (versión dictador Mulder), la disciplina no consiste en tomar de la teoría del fascismo el concepto de "decisión colectiva" e instrumentación jerárquica (versión dictador Mulder anunciada recientemente en una reunión aprista en EEUU).

La disciplina histórica del aprismo se basaba en la legitimidad democrática de las decisiones. Y, sobre todo, en la autoridad moral de la generación fundadora y los revolucionarios que tradicionalmente dirigieron la Secretaría de Disciplina, como Alfredo Tello y Carlos Alberto Eyzaguirre.

Ahora la disciplina bajo el alanismo es un mecanismo de control y represión, de cancelación de derechos atropellando incluso los derechos ciudadanos consagrados en la Constitución histórica del Perú (para no referirnos al documento de 1993 impuesto por el fujimorismo y consolidado por el alanismo). ¿Cuál es la autoridad moral de los actuales dirigentes encargados de disciplina y ética? Sus miembros están involucrados en el lobbysmo de don Bieto Químper, como es el caso de Genaro Vélez presidente impuesto de un fantasmagórico Tribunal de Etica del PAP que se encarga de sancionar a los compañeros dirigentes de base, pero no toca a los peces gordos.

¿Cuál es la autoridad de quienes hablan de disciplina como Mulder? Un dictador que elegido por dos años y se quedó seis, y quiso reelegirse con el apoyo de García con el único propósito de dividir y confrontar a todos los grupos. Al final fue expulsado en el último congreso por una rebelión de delegados hartos de sus fechorías y totalitarismo patológico.

Bajo el alanismo la fraternidad y la disciplina quedaron destruidas y deslegitimadas. Su reconstrucción es tarea de titanes, pero sin alanismo. Por eso, cunde la fragmentación y los compañeros se dispersan en épocas electorales si no se les toma en cuenta. Antes la fraternidad y la disciplina unificaban, integraban y consolidaban, ahora bajo el alanismo, dividen, ponen en marcha fuerzas centrífugas, pervierten valores y manipulan a los compañeros con problemas de identidad existencial (fuera del logo APRA se sienten huérfanos o creen que no son nada).

Regresaremos al tema.