ESTE TEMBLOR YA VA A PARAR. El recital dio comienzo con una de esas canciones que parecen haber nacido para hacer historia: “¡Todos a los botes!”, el tema que abre el último disco de Solari, y que oído en la noche salteña hizo vibrar a las 40 mil almas presentes, “¡No tengan miedo!”, cantaba el Indio, convirtiendo al Estadio Padre Martearena en un magma de cuerpos ardientes, vapores, luces de bengala y banderas, “¡Les pido que recen!”, pedía el sacerdote. Plegarias: la «misa» estaba en marcha… “Levanten la mano los que viajaron 1700 kilómetros para llegar acá”, ordenó el Indio. Y las manos se alzaron, victoriosas.

“No es Dios todo lo que reluce” fue la segunda canción de la noche, siguiendo el mismo orden del álbum-presentación, y cautivando a un público que demostró saberse bien la letra: “La luz que los ciegos ven”, coreaban, “La luz que los locos ven”, decían.

Y así llegó el turno de “Martinis y Tafiroles”, del segundo disco de Solari, Porco Rex, confirmando la vitalidad de una canción que gana terreno en la lista de tramas de la banda… “Gracias por venir de tan lejos”, agradecía el Indio, una y otra vez. Las banderas flameaban, el humo arreciaba; todos cantando, saltando, bailando, como bombas pequeñitas. … Y así llegaba el final del Primer Acto.

ME VOY A COMER TU DOLOR. El set ricotero abrió con una pieza de antología: “El infierno está encantador esta noche”, del primer disco de Los Redondos, Gulp, dando rienda suelta a la fiebre del Viejo Patricio... En la misma senda fue “Un ángel para tu soledad”, de Lobo Suelto, Cordero atado, activando el pulso emotivo de una canción que excede los límites de su propia leyenda… Y también lo fue “Héroe del whisky”, del álbum ¡Bang, Bang, Estás liquidado!, esta vez sin dedicatoria al amigo Enrique Symns.

Todos contentos… La noche estaba en pañales.

CUANDO EL BILLETE HACE QUE BAILA. En lo que fuera presentado como el set tumbero del concierto, “Pabellón séptimo” y “Torito es muerto” lucieron la poesía carcelaria del Indio, seca y vibrante, orillera, en la mejor tradición de aquellos antiguos relatos de malandras y bandoleros caídos en desgracia. “La ultima teca fue para el fierro / Para las balas ya no te alcanzó”, canta Solari, “La fortuna ya se aparta de vos / Y al club del arpa te asociás”, advierte al Torito de su último disco.

… Aplausos…

Prueba determinante de la buena impresión que ha causado en el público el disco estrenado, es la irrupción de “Vino Mariani” en la noche de Salta: el coro de feligreses resulta atronador: “El culo que valés es tu secreto una vez más”, dicen, cantan; mientras arriba en el escenario relumbran las guitarras de Baltasar Comotto y Gaspar Benegas, en un duelo de cuerdas que saca chispas en la genealogía del rock hecho en Argentina. Más aplausos…

Y hablando de rock, (y de la patria rockera), el décimo eslabón del concierto está reservado a “Mariposa Pontiac – Rock del país”, del formidable disco Luzbelito, de los tiempos de Patricio Rey. Esta gema ricotera parece haberse erigido en estandarte, en nave insignia del Indio para estas nuevas andanzas por las rutas argentinas. Y el público, satisfecho: ¡verlos felices no es nada!

MARINES DE LOS MANDARINES. Poco propenso al discurseo panfletario y la bajada de línea importunada, Solari esta vez se tomó un par de minutos para homenajear a las víctimas de la última dictadura militar que desangró a la Argentina: “Una noche de estas, pero hace 35 años –dijo el Indio–, una dictadura militar desplegó una nube de oscuridad. Muchos chicos no conocen esto y no está mal que acentuemos la memoria para que eso no vuelva a suceder nunca más”. Y entonces sonaron los acordes de “Queso ruso”, otro himno de Los Redondos de la intensa era de La Mosca y la sopa, despertando así el primer gran estallido de la noche: Es que esta canción (hasta ahora) nunca había sido interpretada por la banda del Indio en su aventura solista.

“Hay que saltar / Hay que saltar / El que no salta / Es militar”, tronaban las gargantas. En el cemento y el césped…

A 48 horas de conmemorarse un nuevo 24 de marzo Solari apeló a la Memoria, la Verdad y la Justicia en sintonía con un tiempo político en donde ya no queda lugar para teorías maniqueas o escapismos de ocasión: O se está con los asesinos o se está con las víctimas de sus crímenes. Lo demás, son puras macanas… Y así remató su postura ideológica con “El tesoro de los inocentes”, una bella canción que da título al primer disco del Indio: En las pantallas del show se suceden imágenes de pueblos sometidos, acribillados, bombardeados. Postales de un mundo duro. Donde vivir (sólo) cuesta vida. Mientras el duelo de “magos” de Baltasar y Gaspar vuelve a hacer historia. Hay que saltar… Hay que saltar…

SU BOCA OLIA COMO UN CENICERO. En la vasta galería de personajes paridos por la pluma de Solari algunos destacan por peso propio: Tomasito y Pituca son dos claros ejemplos de la áspera retórica del Indio. Así, “¿Tomasito podés oírme? ¿Tomasito podés verme?” y “El arte del buen comer” se transcurren para el total deleite de su ironía y su sarcasmo. ¡Demoledor!

… Un párrafo aparte merece la perlita ricotera de la noche: “El regreso de Mao”, temazo inédito de la época subterránea de Los Redondos, en los albores de los ’80, cuando en bares y sótanos de La Plata (y aledaños) apenas reunían a un puñado de trasnochados y amigos devotos. La canción está inspirada en Abimael Guzmán, líder del grupo guerrillero Sendero Luminoso, partidario y émulo de Mao Tsé Tung en tierras peruanas. “Se adelantó el regreso de Mao / El hijo de Mao, el Mao blanco / Confunde las palabras soldado y bandido / China significa Reino del Medio / Sendero Luminoso, laca cristalina / Que adelantó el regreso de Mao”. Dice la canción… Y los veteranos de viejas batallas dejan escapar un lagrimón. “Con la granada ¡ay! entre las tetas / Mi amor se arrastra y se espina allá arriba”. Canta Solari. En Salta… ¡… Cómo no sentirse así…!

PENSANDO EN VOS, SIEMPRE. Promediando el show la banda desgrana los acordes de una canción que se perfila con épica propia: “To beef or not to beef”, también del primer álbum solista del Indio, confirmando lo bien que ésta armoniza en recitales de estirpe masiva. Todos la saben. Todos la cantan. Todos la lloran… Y es (por esto, además) uno de los versos más mentados en banderas y pancartas: Pensando en «él» siempre. “Black Russian” es la quinta y última canción estreno de la noche. Y parece también tener destino de estadio. “Te quiero tanto / Que me hace daño”, suda Solari, “Tu mirada ve los misterios prohibidos / Contempla en las sombras con piedad / Me hace muchas veces invisible / Y toma mi mano y me obliga a reír”. Dulce, tierna canción de amor, de esas a las que nos tiene acostumbrado el Indio desde “Motorpsico” o “Esa estrella era mi lujo”. El amperímetro del concierto se dispara cuando llega “¿Por qué será que Dios no me quiere?”, otro contundente rock’n’roll del celebrado Porco Rex. Y aquí (¡sí!) se lucen a pleno Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: las guitarras de los Reyes Magos, los bronces de Sergio Colombo y Ervin Stutz, con Pablo Sabaraglia en las chapas, Hernán Aramberri y Martín Carrizo en sendas baterías, el bajo de Marcelo Torres, los coros de Deborah Dixon, múltiples mixturas, en una amalgama arrolladora para «mover el culito» hasta el cansancio, como suele arengar el Indio Solari a sus huestes.

MALDICIÓN, ESTE DIA HERMOSO. Doblando el último codo el recital entra en otro set ricotero de alto voltaje, apenas interpuesto el vibrante “Pedía siempre temas en la radio”, track apertura del antes citado álbum solista de Solari… Entonces embiste el aluvión patricio con “El lobo caído” y “¡Cruz Diablo!”, para rematar el episodio a toda orquesta: “Vamos las bandas”, de la escudería Patricio Rey «Modelo 1987», uno de esos poemas de Solari (veinte años) adelantado a su época; y el gran regalo (¡regalón!) de la noche: “Maldición va a ser un día hermoso”, canción nunca antes cifrada en vivo por Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado… ¡Un verdadero lujo para los ricoteros de paladar negro! Un gusto de esos que no se olvidan… Aunque Salta, la linda, parece saber bastante de esto: Ya en el concierto de 2009 el Indio regaló una memorable (y hasta la fecha, única) versión de “Todo un palo”. … El Estadio Martearena es un zumbido: ¡el Indio está dando misa!

Sin llegar a sus habituales alusiones al licuado de decadrón, Solari sí ruega varias veces que lo “ayuden con la gola”. “Esto del humito es muy lindo pero a la garganta la destroza”, comenta, risueño, y vuelve a agradecer el “esfuerzo” de sus seguidores y sus tantos kilómetros recorridos. … El bramido de la multitud ensordece hasta al más ducho…

ONDEANDO LUZCA EL SOL O NO. La recta final del concierto se va de la mano de “Juguetes perdidos”, también del disco Luzbelito de Los Redondos, y, a esta cota, –se impone decirlo–, la obra superior, estelar de un artista lleno de altas cumbres: cantada y palpitada por todas las generaciones, por todas las procedencias, esta canción (ya) se sienta a la mesa de las «Grandes Obras» de la música popular argentina. Ocupando (allí) un lugar de privilegio… ¡Y el humo que todo lo cubre!

… Vuela en el penúltimo vuelo “Flight 956”, también de Porco Rex… Y ya todos conocemos el final de esta película velada en blanca noche: “Ji Ji Ji”… La última escena, la fiesta ricotera, el pogo más grande del mundo, el excitante delirio de 40 mil fieles apandilladas en un amasijo de sudor y diablura. Toda una humanidad de ojos ciegos, bien abiertos, corriendo a la deriva. Y el saludo final. Y los fuegos artificiales. Y el anuncio en las pantallas del próximo destino: JUNIN, sábado 28 de mayo.

Ya exorcizados, en las tribunas brota espontáneo el canto de guerra: “Tomála voooo’ / Daméla’a míiii / Nos vamo’ todo’ para Junín”.

Y allí estaremos. Entre canciones y tormentas.